Muchas presas

1174 Words
—¿Listo? —le pregunto a Carlo mientras intento pasar junto a él en el vestíbulo de nuestra casa. Él pone los ojos en blanco, exasperado, lo que me saca una sonrisa divertida. Bajamos las escaleras en silencio, pero mi buen humor se esfuma al ver dos coches esperándonos afuera. La seguridad de papá, siempre omnipresente. Carlo me lanza una mirada de disculpa mientras caminamos hacia ellos, pero yo niego con la cabeza. Uno de los guardias abre mi puerta, y entro sin decir una palabra. Estoy contando los días para dejar esta vida atrás. Apenas quedan unos meses para mi graduación, y en cuanto cruce el escenario con mi título en la mano, me voy de Los Ángeles. No hay ninguna razón para quedarme. Carlo sube al coche y, mientras cierra la puerta, murmura un “lo siento”. Desearía estar enojada con él, pero no puedo. No es su culpa. Nuestro padre no es exactamente un hombre fácil de tratar. Ha dirigido Los Ángeles durante más de dos décadas, desde la muerte de mi abuelo, y no permite que nadie olvide quién está al mando. Para él, todo se reduce a poder, control y perfección. Nuestra familia ha dominado esta ciudad por más de cincuenta años, y aunque papá nunca ha compartido los detalles exactos de cómo construyó su fortuna, no hace falta ser un genio para entenderlo: drogas, armas y quién sabe qué más. Es una de las razones principales por las que quiero irme. —Sé que odias estas cenas, pero gracias por venir, —dice Carlo de repente, interrumpiendo mis pensamientos. —Te va a costar, —le advierto con una mirada seria. Carlo arquea una ceja. —¿Me va a gustar esto? Me inclino un poco para que los guardias en el asiento delantero no puedan escucharme. —Jason quiere que pase el fin de semana en la casa de playa de sus padres. Le dije que podía quedarme una noche, porque tú hiciste planes para nosotros. —¿Y qué esperas que haga al respecto? —pregunta, mirándome de reojo. —Cúbreme. Necesito que lo manejes. Carlo suspira, visiblemente incómodo. —No sé si puedo. —Pues descúbrelo. Lo necesito, —insisto. —¿Por qué no le dices quién eres realmente? A estas alturas debe haberlo sospechado. —Si lo ha hecho, no lo ha dicho. Y sabes perfectamente lo que pasa cuando la gente escucha nuestro apellido. —Desvío la mirada hacia la ventana. Carlo se encoge de hombros. —¿Ni siquiera sabe tu apellido? —No. Uso el de mamá en la escuela. —Eso es... un poco jodido, Victoria. —No pedí estar en esta familia, —digo con dureza mientras nos acercamos al restaurante favorito de papá. Carlo resopla con incredulidad. —¿En serio? —No lo elegí, Carlo, —replico mientras un guardia nos abre la puerta del coche. Bajo rápidamente y empiezo a caminar hacia la entrada. Al entrar, veo a papá al fondo del restaurante, sentado a su mesa habitual. Tiene una botella de vino en la mano y está haciendo reír a todos con alguna anécdota. —Mi pequeña ha venido a unirse a nosotros. ¡Qué lujo! —exclama con su característico tono teatral cuando me acerco. —Hola, papá. Espero que no te importe que me una, —digo con una sonrisa educada. —Por supuesto que no. Estoy seguro de que tu hermano ya lo está haciendo, —responde con su típico tono ambiguo, ese que siempre me deja preguntándome si es un halago o un reproche. —Ven, siéntate a mi lado. Andrea, muévete. Andrea, su actual esposa, apenas reacciona. Es joven, no mucho mayor que yo, y la cuarta desde que mamá murió. Su rostro delata su incomodidad, pero no protesta. —Está bien, papá. Estoy segura de que quiere estar a tu lado, —intento mediar. —No me importa, —murmura ella casi en un susurro, claramente asustada. Me siento junto a papá mientras Andrea se desliza al otro lado de la mesa. Paso el siguiente rato escuchándolo hablar de negocios y eventos recientes, con solo un par de preguntas sobre mi vida universitaria, más la fiesta que organizara para mi cumpleños, aunque preferíria que no festejaramos nada. Los estudios es un tema delicado entre nosotros, porque quiere que los deje. Como si eso fuera una opción. Carlo, como siempre, recibe la peor parte de su indiferencia. Papá lo ignora casi toda la noche, y aunque quiero intervenir, sé que solo empeoraría las cosas. De repente, algo rompe el ambiente. Un hombre desconocido camina directamente hacia nuestra mesa. Nadie parece haberlo notado todavía, pero yo sí. Y por la expresión en su rostro, esto no va a ser nada bueno. Me mira fijamente y me pego en mi lugar. La mirada es tan intensa que siento un hormigueo por todo el cuerpo. Me encuentro presionando mis piernas juntas. Te juro que me está desnudando con los ojos. Tiene que tener al menos unos treinta y tres años. A pesar de que lleva un traje, puedo decir que tiene un cuerpo perfecto. No sé por qué, pero me lo imagino sacándome de la mesa y haciendo lo que quiere conmigo. Si fuera una mujer valiente, iría a verlo y pasaría una noche con él. Me sorprende cuando se detiene en nuestra mesa. —Buenas noches Donato, que sorpresa verte aquí—. Su voz es fría. Ya no me mira. De hecho, estoy decepcionada. ¿Qué está mal conmigo? Tengo novio. —Es difícil de creer ya que frecuento este lugar y nunca te había visto—. Por el rabillo del ojo, veo que dos de los guardias de mi padre se acercan. —Vine a ofrecer paz. Ambos podemos convivir en la misma ciudad —. Miro a Carlo tratando de entender lo que está pasando pero él niega con la cabeza. Ahora estoy realmente confundida. —No estoy interesado en darte algo que no te hayas ganado o merecido—. La voz de mi papá sube silenciando el restaurante. —Yo no empezaría algo si fuera tú—. Se vuelve para mirarme. —Hay muchos lobos en el mundo y tienes muchas presas a tu alrededor—. Su boca se mueve, pero no entiendo nada. Todo lo que sé es que su voz me está mojando. De repente mi papá se pone de pie y uno de los guardias me toma del brazo y me detiene. El hechizo con mi extraño se ha roto. —¿Qué demonios? —Yo digo. —Llévala —ordena mi papá. Empiezo a caminar, pero sin antes notar que el hombre me mira con ojos de depredador. Quiero replicar, saber que es lo que está pasando y quien es aquel hombre que puso tan alerta a mi padre, pero no me dejan decir nada y cuando menos lo espero, ya estoy arriba del auto, rumbo a casa con los pensamientos revueltos y con mil preguntas.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD