Capítulo 8

2518 Words
Por lo general, Rex es un tipo muy calmado y agradable, nadie pensaría que cada vez que da vuelta a la esquina tiene un enemigo esperándolo, o en este caso, está en la misma casa. A Gabriel no lo conozco, por lo que he escuchado, estudio en algo que tiene que ver con pintura o algo así, se ganó una beca para ir a Francia y ahí se quedó quien sabe por cuantos años. - Que yo sepa, tú no eres médico T-Rex, eres Gerente de las empresas de “Mi familia.”- Aunque estas palabras las dice con una sonrisa burlona, vienen cargadas de ira y resentimiento, Rex parece un sicópata que quiere ver correr sangre. - Tú tampoco eres médico, dudo mucho que puedas atender a mi mujer, en cambio, yo manejo las finanzas de la empresa y sé que cosas se pueden pagar y que no, por eso contraté una buena enfermera para ella y la estoy pagando con las divisas de una cuenta que tiene un uso desmesurado en gastos. – Ahora se puede ver la incomodidad de Gabriel, supongo que mi hermano hizo algo que le afecta económicamente a este hueón. Ale puede ser muy despistada y a veces no se da cuenta de lo que pasa a su alrededor, pero no es tonta y supo descifrar la extraña conversación que había entre los dos. - ¿De nuevo se están peleando? – ante las palabras de mi cuñada, Gabriel y Rex sonrieron para ella, no querían que Ale se descompensara de ninguna forma. - Claro que no, mi amor, no hay razón para pelear. – Rex tomó la mano de Ale y le beso el dorso de la mano a diferencia de Gabriel, que la abrazó y le dijo: - ¡No, Alecita! ¿Qué razón tendría para pelear con un Tiranosaurio? – Ale miró con una mezcla de ternura y suficiencia a su hermano, con una dulce voz le responde a Gabriel: - Gabito, te he dicho que no le digas así a mi marido y ten cuidado, el doctor me dijo que no debo hacer ni una presión fuerte sobre mi guatita. – Gabriel se asustó y tocó el estomagó de mi cuñada. - ¡Disculpa! No quiero que le pase nada a mi sobrinita. - No le pasará nada, es muy fuerte, ahora debo ir a la cama, el doctor me dijo que aún estoy delicada y que debo reposar, por lo menos una semana más. – De repente, Gabriel empuja a mi hermano y le abraza los hombros: - ¡Linda, yo te ayudaré! Subiremos las escaleras lentito para que no te esfuerces mucho… - Así continuó hablando este hueón, mientras mi hermano giraba los ojos con desagrado y los seguía de cerca, por alguna razón sentí que se olvidaron de Andrea y de mí, fuimos espectadores del drama de Gabriel. De pronto, siento que me toman la mano izquierda, la suavidad del roce me dio escalofríos, miré a la pequeña figura al lado mío, con su carita tierna y esa exquisita boca que la última vez me hizo gozar, mientras trataba de no prestarle atención, escuchó un murmullo que sale de ella: - ¿Todavía sigues enojado conmigo? - ¡No, no estoy enojado contigo! Es lo que quiero decirle, pero no puedo acercarme a ella, firme una hueá de contrato que odio, tuve que ser un maricón y zafarme de su agarre, sin hablar me fui derecho a las escaleras, me angustia que ella piense mal de mí, pero es más fácil ignorarla que seguir rompiéndole el corazón, apenas entré mi pieza, me encerré ahí. Me quedé sentado en el suelo, apoyándome de la puerta, por mi ventana puedo ver como el sol se oculta en el horizonte, mientras los minutos pasan, mi brazo derecho está reposando en mi rodilla, en mi puño tengo la pulsera que le compré a Andrea, algo que jamás podré darle porque tengo que olvidarla, debo dejar de hacerle daño, mi cuica hermosa, debo dejarte ir. Narra Andrea Roberto está muy distante conmigo, traté de hablar con él, pero cuando quedamos solos en el living apenas pude hacer una pregunta y se fue, me encantaría saber que está pasando por su cabeza, leerle la mente me ayudaría a entender su actitud, pero ahora no tengo tiempo para él, hace seis años que no veo al Gabito y estoy muy contenta de que haya vuelto para la casa. Subía las escaleras cuando mi cuñado bajaba, eso me dio la oportunidad de preguntar por el estado de Ale. - ¡Rex! ¿Qué te dijo el doctor sobre Ale? – Me miró algo indiferente, pero aun así, tomó aire y dijo: - Esta muy delicada, ella no puede hacer ningún tipo de fuerza o alterarse, cualquier cosa que sea un gran esfuerzo o algo que la exalté, puede provocar una intensa contracción en ella y eso la hará abortar. – puede que él diga esto sin expresión alguna, pero en su tono de voz hay una tenue preocupación, eso me angustia mucho, por alguna razón siento que todo lo que le paso a Ale fue mi culpa, pero no es así, es lo que es, un terrible accidente. - Tranquila, no te preocupes, todos cuidaremos de Ale, ella y mi futura hija estarán bien. – cuando mi cuñado tiene que acoger a la gente emana una enorme tranquilidad, es como si el tuviera el control de cada situación de esta casa y que nada malo pasará si él está presente, es rara esa sensación. - Lo sé, sé que no le pasará nada malo, pero la angustia de que pueda volver a suceder no se va con tanta facilidad. – Rex dio una agradable sonrisa. - Entiendo, estoy algo apurado, debo ir a buscar a Ricky, él quería ir a jugar a la casa de su mejor amigo. – de pronto su rostro se ve lleno de paz. – me alegro de que él pueda estar tranquilo. – de pronto el agita la cabeza, se despide de mí y baja con rapidez las escaleras, que raro que digas esas cosas ¿Qué acaso él no está tranquilo? Me apuré en ir a la pieza de Ale, me encanta que Gabito esté en la casa, se siente como antes, como cuando toda la familia estaba junta, pero todo cambio cuando mi hermano se fue, recuerdo que él discutió con mi papá: ‹‹- ¿Qué vas a hacer viejo? ¿Me vas a obligar a hacer lo que a ti se te da la regalada gana? ¡No puedes! - Gabito está muy enojado, me escondí debajo de un mueble que parece una mesa con cajones y esta se encuentra al lado de la oficina de mi papá. - ¡Gabriel! ¡Eres un mocoso malcriado! ¡Me desobedeciste! ¡Es tu obligación tomar la gerencia de la empresa! ¡Tú serás el que estará a cargo de ADS Maquinarias! ¡Serás el jefe de esta familia! – La furia de mi papá se nota en cada grito que da, pero Gabito no deja de discutir y se pone a gritar más fuerte. - ¡Viejo, yo no soy empresario! ¡Soy artista! ¡No iba a perder la oportunidad de entrar a la facultad de Artes en la Universidad de Chile! ¡He sido el mejor de la clase los dos semestres que he estado ahí! ¡Ese es mi talento! - ¡QUÉ IMPORTA CUANTO TALENTO TENGAS! ¡SER ARTISTA NO TE DA NADA EN ESTE PAÍS! – Las cosas se están saliendo de control, mi papá esta enloquecido de ira y Gabito es muy terco para cambiar de postura. - ¡¿No te importa que yo sea feliz?! ¡¿No tienes ningún poco de empatía conmigo?! - ¡¿Y tú te pusiste en mis zapatos?! ¡¿Te das cuenta el desperdicio de tiempo y dinero que he tenido en ti?! – ¿Por qué lo que hace el Gabito es malo? ¿Es incorrecto hacer lo que a uno le gusta – ¡Volverás a la faculta de Administración y negocios! Hay mucho en juego para que pienses en fantasías bohémicas y de fama instantánea, eres un Dossmar, tu responsabilidad y tu único recurso son los negocios de la familia, lo demás son pasatiempos que harás cuando tu vida este resuelta. – Una risa burlesca salió de mi hermano, mientras seguía contratacando. - ¡Viejo, eres un chiste! ¡Querías que te demostrara de lo que estoy hecho! ¡Me dijiste que confiara en ti! ¡Qué me apoyarías si demostraba que tenía capacidad y talento! ¡Incluso me ayudarías económicamente si tenía una beca para irme al extranjero! - ¡Jamás pensé que me engañarías para estudiar otra cosa! ¡Me decepcionas! esperaba más de ti. – la dura voz de mi papá hacia Gabito me apretó el corazón, no creí que fuera tan cruel con mi hermano. - Creo que eso es lo único que tenemos en común. – hubo una pausa en las palabras de mi hermano y continuo hablando con una voz firme. – Con esta actitud de mierda que tienes hacia mí, solo me haces pensar en que me odias, hasta me hace dudar que soy tu hi… - una fuerte cachetada se escuchó del otro lado de la puerta, no se cuanto tiempo pasó, pero el silencio que se formo en el ambiente fue muy tenso. - Jamás en tu vida vuelvas a pensar que no eres mi hijo ¡Jamás! – Gabito abrió la puerta asustándome, desde la entrada de la oficina mi hermano le dice con gran resentimiento a mi papá. - ¡Te odio! Gabito subió de dos en dos las escaleras, salí de mi escondite para ir a otro lado, abrí las puertas del comedor y me quedé ahí, me puse a llorar, hasta que escuché a mi mamá gritando. - ¡Gabriel! ¡Hijo! ¡No te vayas! - ¡Déjame! ¡No me quedaré aquí compartiendo techo con el viejo! ¡Prefiero dormir en la calle que con un dictador! - ¡Hijo! ¡Las cosas se pueden solucionar! – abrí la puerta del comedor y vi correr a mi mamá desesperada a la oficina de mi papá - ¡Alejandro! ¡Haz algo! ¡No dejes que el niño se vaya! Mi papá no hizo nada, Ale bajó corriendo las escaleras al escuchar tanto grito, me imagino que ella al darse cuenta de que Gabito llevaba un bolso enorme a cuestas, supo que se iba, Ale se interpuso en su camino, lo abrazó para que se quedara, pero él la apartó y se fue sin mirar atrás, yo no paraba de llorar y nadie se dio cuenta de lo mal que estaba. ›› Ese recuerdo es muy doloroso, si no fuera porque Ale le dijo que estaba embarazada, él no hubiera vuelto a poner un pie en la casa. Cuando llegué a la habitación de mi hermana, la puerta estaba entreabierta, oí su suave risa, antes ella se reía de forma explosiva, ahora, ni siquiera puede hacer eso, debe tener cuidado con provocar contracciones. iba a entrar cuando escucho la voz seria de Gabito. - Ese tal Roberto ¿se quedará mucho tiempo aquí? - Por lo que sé, se ira a Italia, Rex me dijo que quiere vivir fuera de Chile. - ¿Qué? ¡No es cierto! ¡Roberto me prometió que volvería! - No sientes que es muy raro que tu esposo trajera a la casa un extraño, ¡Ni se parecen! El pendejo ese tiene los ojos verdes Rex tiene los ojos café. - Gabito, eso no es cierto, Rex y Roberto se parecen mucho, la forma de la nariz, el color de pelo y los dos tienen el mismo color de piel, tampoco pueden falsificar un documento que se saca directamente del registro civil, fui yo quien sacó el certificado de nacimiento para matricularlo en el colegio. – casi gruñendo mi hermano le dice a Ale. - No sé, te dije desde el momento que lo vi que no confió en él, hay algo que esta escondiendo, pero no sé que es, estoy casi seguro de que te embarazó a propósito la primera vez. - ¡Gabriel! ¡Eso no es verdad! Yo ni siquiera le iba a decir que estaba embarazada, ya te explique eso un millón de veces, si Rex no me hubiera encontrado, después de que lo dejé, en este momento sería una madre soltera más en el mundo. - ¿Y cómo te encontró? No puedo entenderlo, yo te ayudé para que no te buscara, se supone que no te iba a poder encontrar nunca ¡no me cuadra! Ale, estoy seguro de que tu maridito no anda en buenos pasos y el pendejo de su hermano es de la misma estirpe, seguramente son unos criminales. – Lo que esta diciendo es terrible, no puede ser cierto. - ¡Basta, Gabriel! ¡Ay! – Al escuchar el quejido de Ale entré a la pieza sin pensar, según lo que dijo Rex esta demasiado delicada y aun puede perder al bebé - ¡Ale! ¡Tienes que estar tranquila! – Rex tiene bien equipado el velador de Ale, tiene una jarra de agua y las vitaminas que lee recomendó el médico. – Toma agua, eso te hará bien. - ¡A… Alecita! ¡Discúlpame! ¡Yo no quería…! – Tomé la mano de Ale, tratando de calmarla, pero al parecer la voz de Gabito le molesta. - ¡Gabriel! ¡Ándate! – Gabito abrió muy grande los ojos, se ve muy sorprendido. - ¡Andita! – No quiero ser mala con él, así que suavice mi voz y le dije: - Por favor, date una vuelta, solo es por un rato, por Ale. – Sus ojos se mueven confundidos, se golpeo la frente con la mano y salió de la habitación. Pasó un buen rato antes de que Ale se tranquilizara, se tocaba el vientre mientras miraba el techo, sus ojos estaban brillosos como si quisiera llorar, yo estaba en silencio sentada al lado de su cama, no sabía que hacer o decir, se me ocurrió contarle lo que pasó cuando la Panchi no pudo hacer su fiesta de piscina, así las cosas serían más amenas: - Sabes, cuando estabas en la clínica la Panchi tenía una fiesta de piscina, la Sole otra vez se…- - Estoy cansada. – Esa fueron las palabras de Ale y con una sonrisa me dice: - Mañana me cuentas lo de la Panchi. Me siento algo inquieta, no quiero dejarla sola y tengo tantas dudas sobre las cosas que dijo el Gabito, en especial de que Rex y Roberto son delincuentes. - Ale ¿Te puedo preguntar algo? – ahora una sonrisa débil gobierna su rostro y con una voz agotada me dice: - Dime. – Tengo miedo de ser tan directa, seré muy cuidadosa con mis palabras. - Tú… confías en Rex. *Guatita: Barriguita, pancita, estómago
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