Narra Roberto
¡Por la cresta! ¡La tenía! ¡Le iba dar como caja! Y como tengo el Kino acumulado, seguramente le iba a dar tan duro que ella apenas iba a poder caminar después de que terminará de culeármela, pero no ¡Andrea tenía que recordarme que firmé una mierda de contrato con Rex y que no puedo ni mirarla! Ahora ella debe creer que estoy cagao de la cabeza por tratarla así, no paró de pasarme las manos por la cara repitiéndome lo ahueonao que soy.
Me fui a dar una ducha, si hubiera un concurso de pajeros ya tendría el primer lugar, después de salir del baño me acosté en pelota, hace una calor de mierda y no me da la puta gana de vestirme. No me pude quedar dormido de una, se me pasaban los bonitos ojos de mi cuica hermosa, estaban tan cristalinos, saber que soy la causa de su tristeza me hace mierda el corazón ¿Cómo te consuelo, princesa? ¿Y si me quedo? Mis viejos no deben ni recordar como era yo, en cambio Andrea me necesita aquí, pero… Sé cuánto sacrificó para demostrar que no quería a ese maricón de mierda y estoy muy orgulloso de ella por ser tan valiente, aunque eso no demuestra cuanto siente por mí, ella todavía no le ha dicho a nadie que hay onda entre nosotros, que Rex lo sepa no significa nada, suspirar por hueás no me sirve de nada, creo que me hacen falta unas cuantas piscolas.
Después de hacer un par de llamadas, me preparé para ir a la Disco Punta Brown, llamé a un taxi y tomé mucho aire para botarlo con fuerza, esta noche quiero olvidarme de la mierda de vida que tengo. Apenas llegué al lugar vi a Martín, al Vitoco y al Braulio, ellos me apañan en todas, son mis mejores amigo:
- Buena, socio, llamaste de la nada. – me dice el Martín.
- La dura, nunca había venido a esta hueá, dicen que igual es piola. – El Vitoco hace poco cumplió dieciocho y no había podido entrar antes a una disco. – espero que sea mejor que ir al bar de Don Pepe.
- Ni parecido, compadre. – estaba feliz, voy a tomar hasta que no recuerde ni mi nombre.
- ¡La raja! Espero que haya minas bien ricas, rubias, tetonas y con el culo bien grande, ojala que sea una gringa que le guste hacer cosas cochinas.
- ¡Oye, hueón! ¡Deja de ver porno! Las minas no andan picao de la araña como voh, ahueonao. – El Martín le da un pape en la cabeza al Vitoco, eso me hizo reír. - ¿Y tú Rob? Te bajo el amor por los amigos que tenías tantas ganas de salir con nosotros.
Quería hacerle el quite a la pregunta con alguna hueá chistosa, pero el Braulio, que es el mayor del grupo me dice:
- A mí también me parece sospechosa la hueá, la última vez que decidimos venir para acá tú te tomaste hasta las molestias y te sacamos en calidad de bulto, ¿Vamos a hacer la misma hueá hoy?
Esa vez que salí con ellos estaba con el alma quebrada, celebraban el cumpleaños de Andrea y yo no soportaba el hecho de que ella estuviera con ese maricón de Zanetti, esperaba morir tomando, pero en vez de morir mi hermano me dice que vio a Andrea salir de mi pieza, se me apagó la tele en ese momento, así que, solo recuerdo hasta cuando subía las escaleras.
- No pasa na, yo solo quiero pasarlo piola. – Braulio me miró con escepticismo, quise bajar el perfil a las cosas y le dije. - ¡Tranqui, socio! Voy a estar bien ¡Vamos, entremos!
Apenas entramos a la disco, el Vitoco no pareció muy sorprendido, incluso parece que esto no era lo que esperaba ¿Qué chucha tenía en mente este hueón? La música estaba a todo volumen y las distintas luces de colores se movían en todas direcciones en la pista, de repente el Vitoco dice:
- No sé ve muy diferente a la Excalibur. – Levanté las cejas mostrándome ingenuo a sus palabras.
- Pensé que no habías entrado a ninguna disco antes.
- Nunca dije que no había entrado, tampoco es que me haya quedado. – este cabro es super blanco y cuando se pone rojo parece baliza.
- ¡Ja, ja, ja! ¡hueón, entraste a la mala y te echaron de una patá en la raja! – Martín sabe lo pendejo que es el Vitoco, por lo cual de seguro fue así.
- ¡No hueón! Solo me dejaron pasar al baño y eso. – Sabemos que hay algo más, pero no lo vamos a huear más.
En grupo fuimos al tercer nivel para comprar un par de tragos, comenzamos a hablar de autos, después de repuestos y del clásico entre los caciques y los chunchos del miércoles pasado. Lo estábamos pasando la raja, iba por mi cuarta piscola, cuando el Vitoco llega con dos minas, no me di ni cuenta en que momento se fue y como si me importara me dice:
- ¡Oye! Mira estas dos minitas, quieren ir a bailar ¿Por qué no me apañas con ellas? – me quedé a medio camino de darle un sorbo a mi copete y le dije:
- ¡No hueí, po! ¡Estoy tomado! – Este pendejo cree que yo estoy pal hueveo de él.
- ¡Aaah, culiao! ¡No seaí vaca! ¡No te cuesta ni una hueá acompañarme! – Suspiré y le pregunte:
- ¿Y por qué no le preguntaí a estos culiaos? ¡También tienen patas pa vacilar! – De repente el Martin se ríe entre dientes y me dice:
- ¡No seaí ahueonao! Tu conocí a la Pauli, me pilla con otra me echa cagando del depa. – Miré al Braulio buscando algo de ayuda, pero sin titubear me dijo:
- Yo no sé bailar. – ¡Par de maricones! No les deseo mal, pero ojala que se los culee un travesti africano.
Me quedé mirando al Vitoco con las minas que hablaban detrás de él y después mi trago, pensaba que si no me tomó el trago al tiro alguien le puede echar alguna hueá, pero si no voy con mi amigo este me va a cobrar sentimientos a futuro, así se me iba el tiempo entre mirar de un lado para otro, hasta que el Vitoco me grita.
- ¡Yapo, hueón! ¡Atina! – ¡Por la rechucha! Para no cagar tanto le dije al hueón de mi amigo que me diera dos minutos, me tomé la piscola al seco, me paré y quede medio mareado, al parecer el copete me llego de golpe a la mate, sacudí la cabeza y seguí al hueón del Vitoco, él abrazo a las dos minas por el hombro para mantenerlas muy cerca, a mí me pareció que yo estaba pintado en este cuento y más bien quería volver para pedir algo más fuerte, un whisky sería bueno.
Bajamos a la pista de baile, una de las minas que tenía un vestido bien apretado en las tetas me agarró del brazo y me alejó del Vitoco, yo miré para ver donde andaba y él ya se estaba comiendo a besos a la mina con la que estaba bailando, claro, era la mina que andaba buscando, culona, tetona y rubia, la cabra que se quedó conmigo era más bien bajita y tiene el pelo igual que Andrea… Andrea, la extraño, la quiero aquí conmigo, deseo sentir su olor, su cuerpo y quiero comérmela.
- Eres bien mino y bailas muy bien. - ¡Qué mierda! ¡La mina es ciega o qué! ¡Estoy bailando como las hueas!
Esa observación me hizo divagar, la miré y ella sonreía muy coqueta, no sé cuan curao estoy, pero la mina que veo delante de mí es Andrea, ¡es mi cuica hermosa! Con cuidado toqué su cara y ella responde a mi tacto restregando suavemente su mejilla en mi palma, se me aceleró la cuchara al ver sus ojitos lindos y su dulce boca, de verdad la extraño mucho, necesito besarla.
Moví mi mano hasta llegar a la parte de atrás de su cabeza, enredé su pelo entre mis dedos y probé su boca, estoy sediento de ella, mi princesa traviesa ¡Te necesito! Con mi mano libre la acerqué a mi cuerpo, metí mi lengua en su boca ¡Quiero más de ella! Al terminar el beso me acerqué a su oreja le dije:
- Andrea, estás tan rica, te quiero puro dar, mi reina. – en ese momento escucho que ella se pone a reír.
- Ja, ja, mi nombre no es Andrea, me llamo Emilia. – mi cerebro explotó, alejé a la mina de mí, pude ver mejor a la cabra, es más chica que mi cuica hermosa, tiene el pelo teñido de rojo y tan blanca que parece fantasma, me emputeció darme cuenta de que está pendeja no es mi mina, me di la media vuelta y me mandé a cambiar.
Subí hasta donde estaba el Braulio con el Martín, ellos estaban hablando de puras hueás, creo que el Martín estaba discutiendo por qué la Pauli siempre lo obliga a bajar la tapa del wáter, yo andaba con la mierda hirviendo, así que, solo grité:
- ¡Cabros, me voy! Si se quieren quedar es hueá suya. – mis dos amigos se quedaron mirando un rato, yo me di media vuelta para irme, pero el Martín me paró.
- ¡Oye, hueón! ¡Qué chucha te pasa! ¡Voh nos llamaste! ¡Con cuea llevamos dos horas aquí! ¡Y ya te querí ir! – hice un chasqueo con la lengua y me cabree aún más.
- Me aburrí, hueón, esta cagá de disco me tiene chato, es la misma hueá todo el rato. – Martin bota aire y le dice al Braulio:
- Compadre, vámonos, no sé que cresta le pasa a este hueón, está peor que mi polola. - ¿Me está diciendo que soy mina?
- ¡Oye, ahueonao! ¿Qué chucha te pasa conmigo? – Me importa un pico que el Martín sea mi mejor amigo, nadie me dice mina en mi cara.
Lo empujé cuando se giró a mirarme, él también hizo lo mismo, estábamos por agarrarnos a combos cuando el Braulio se pone en medio.
- ¡A ver, el par de hueones! ¡Se me calman! Nos vamos al toque. – Pensé que esta noche seria tranquila, pero no sé qué mierda pasó que todo se fue a la cresta
Salimos de la disco, estoy emputecido, pero no esperaba que alguien estuviera peor que yo, ese alguien es Braulio; él es un tipo bien tranquilo para sus cosas, tiene una paciencia de oro, aguanta a hueones bien arrogantes y sacadores de quicio, pero parece que yo me fui al chancho, porque nunca lo he visto gritar antes y no creí que sería yo quien lo llevaría a eso.
- ¡¿Qué chucha te pasa?! ¡Sabía que algo raro había en toda esta hueá! ¡¿De nuevo es la mina que te tiene como hueón?! - ¿Cómo debo contestar a eso? Es por Andrea, pero la verdad, esta vez no es su culpa, es complicado.
- No es por ella, es otra hueá. – Braulio suspiró y dijo.
- ¡Entonces! ¿Por qué te pusiste tan hueón? – No sé que onda conmigo, creo que ni yo me entiendo en este momento.
- ¡No sé! Puede ser por el viaje a Italia, puede ser por esta mina o solo es que mi hermano me saca de quicio, no sé cual de esas hueás me tiene pa la cagá. – me restregué la frente con la mano, sopesando la mierda que tengo en mi vida, el Braulio palmoteó mi hombro sin decir nada, supongo que entiende mi posición, él es un tipo de pocas palabras, pero con sus gestos hace mucho, me di vuelta y con el poco sentido común que me dejó el copete le dije a Martín:
- Perdona, socio, no quería… - Martín me para y dice:
- Tranquilo, compadre, ya la hueá hasta se me olvido.
De pronto, de la nada se escucha un grito de enojo atrás de nosotros, nos giramos para ver al Vitoco rojo de rabia.
- ¡Bien maricones que son! ¡Se van y ni avisan! – Los tres nos hicimos los hueones, pero cuando se acercó a nosotros cachamos que algo raro tenía.
- ¡Oye! ¿Qué te pasó en la cara? – le pregunté porque parecía que le dejaron marcada una mano en la mejilla.
- ¡Wua, ja, ja, ja! Apuesto a que te pasaste de lanza con la mina que bailaste y ella te sacó la cresta ¡Eres bien ahueonao! – El Vitoco se puso más rojo al escuchar las palabras del Martín.
- ¡Cállate! ¡Ustedes son los ahueonaos! ¡Se olvidaron de mí los muy maricones!
Fue tan graciosa la situación con este pendejo que lo vacilamos hasta que cada uno se fue por su camino, a pesar de todo, fue una buena noche.
Llegué pasada la medianoche, subí para acostarme, pero tenía unas ganas de ver a mi cuica hermosa, miré para todas partes, me acerque a su puerta, iba a tomar la perilla cuando escucho:
- ¿Se te perdió algo?
Glosario
* piola puede significar dos cosas: tranquilo, relajado o cállate, según la circunstancia.
*Un pape: golpe en la cabeza con la palma de la mano.
*Los Caciques son los hinchas del equipo de futbol llamado Colocolo y los Chunchos de Universidad de Chile.
*Mate: Cabeza
*se me aceleró la cuchara: se me acelero el corazón
* me mande a cambiar: me fui
*Wáter: retrete, taza de baño, etc.
*Al toque: ahora
*Me fui al chancho: me pasé
* te pasaste de lanza: pasarse de listo