Roberto no me respondió, ladeó la cabeza, me miró por medio segundo solo para actuar como un bestia, se agachó frente a mí, me agarró fuerte las piernas y me cargó al hombro como si fuera un cordero degollado, ¿Qué le pasa? ¡Odio cuando actúa así! ¡Como si se hubiera educado con monos salvajes! Podrá gustarme mucho, pero no tiene derecho a tomarme como si yo fuera un bulto que recoge del suelo, grité para que me bajara, pero al parecer no tiene ninguna intención de hacerme caso.
- ¡Roberto, bájame! Yo puedo caminar por mí misma ¡No te hagas el loco!– me dio una fuerte palmada en el trasero que me hizo gemir, me tapé la boca ya que no sonó como un gritó de dolor, más bien de gozo.
- ¡Sssh! Pueden escucharte. – Aunque no lo veía, sus palabras sonaban como si estuviera embozando una sonrisa, siento como mi cara arde.
Justo en ese momento Roberto comienza a subir las escaleras y a mí me empieza a dar pánico, el movimiento que hacía este hombre al subir cada escalón me daba vértigo ¡No quiero caerme!
- ¡AAAH! ¡Roberto, me voy a caer! – cerré los ojos para tener menos miedo, pero fue peor, porque en cada balanceo tenía que abrir los ojos para asegurarme de que no me botara
- Si dejas de moverte probablemente no tomaremos la vía rápida para llegar al primer piso. – me agarré bien a la camiseta de este loco ¿Qué cosa pasa con él? Me ha evitado por varias semanas y ahora me toma como si fuera un vikingo secuestrando a una mujer de una aldea enemiga, hay veces que no logro entender sus arrebatos.
Con cuidado él entró a su habitación, para que yo no me golpeara la cabeza, cerró la puerta con pestillo y me dejó suavemente en su cama, yo estoy super confundida con su actitud, le iba a reclamar por sus desvaríos, pero fue más rápido que yo, puso una de sus manos detrás de mi cabeza, enredo sus dedos en mi pelo y me besó como si hubiera estado esperando una vida para dármelo, su lengua juguetea con la mía, ante tal acto solo me dejé llevar, también creo que esperé una eternidad para sentir los labios de Roberto deseosos de comerme.
- ¿Por qué me haces esto? ¿Te gusta enloquecerme? – Sonreí como estúpida, saber que él aún está interesado en mí me enamora más, también me delata como tonta, ya que no controló mis actos y le muestro lo mucho que lo deseo al recorrer su fuerte pecho.
- Podría decir lo mismo ¿Qué quieres de mí? – ni siquiera sé cómo fui capaz de pronunciar esas palabras, el recorrido de besos que dejó por mi barbilla bajando por mi cuello hasta llegar al borde de mis pechos me aturdió al punto de olvidar donde estaba.
Roberto me empujó con delicadeza para que me acostara, se pone de a horcajadas encima de mí, procurando no aplastarme, después de recorrer mis curvas con sus dedos ásperos y comprobar de que estoy dispuesta a jugar con él, suspira con alivio, toma su polera desde el cuello y se la saca con rapidez, todavía no puedo creer que tenga un cuerpo tan atlético, sus abdominales se marcan y sus brazos musculosos son un deleite a la vista, sin ningún recato me incliné para tocar ese cuerpo esculpido por Dios, no puedo llegar muy lejos, que él esté como un león hambriento encima de mí, no me favorece, me tiene como su presa.
Con mucho cuidado, él abre mis piernas con las suyas, acomodándose entre ellas, su pecho queda pegado al mío, el roce de la tela y su cuerpo hace que mis pezones se endurezcan y en mi vulva puedo sentir su erección incitándome, una pícara sonrisa iluminó su cara, trato de mantener el control, pero es muy difícil cuando domina mi deseo a gusto y disgusto.
- Sabes, recuerdo cuando compraste este bikini para usarlo con ese mierda. – Me dio un beso rápido y continuo hablando. – Me alegró que ese maricón jamás en su puta vida te lo verá puesto.
- Roberto. – con mucha fuerza de voluntad decidí que tenía que dejar las cosas claras antes de que pasara algo más con Roberto, quiero saber cual va a ser nuestra relación desde ahora.
- Mi cuica hermosa, estas tan exquisita, tan suavecita y hueles tan rico. – Las manos de Roberto tomaron mis pechos con brusquedad, recorrían con ansiedad la banda del sostén para llegar al simple nudo que está en mi espalda, solo necesita un movimiento y me tendrá expuesta ante él. Instintivamente empiezo a mover las caderas mientras que él soba su m*****o en mí, pensaba dejarlo hacer lo que quisiera, pero una idea me clava la mente y no puedo prestar tanta atención a mis instintos, así que, no sé de dónde saqué algo de cordura para hablar, ya que él con los dientes toma uno de mis pezones por sobre la tela mientras que, a ciegas busca como sacarme el sostén.
- Roberto... tengo que preguntarte algo… ¡Es urgente! – entre jadeos desesperados intenté tomar su atención.
- ¿Es tan importante que no puede esperar unos veinte minutos? – Me besó para callarme y continuar con su desesperado deseo, corrí mi cara mientras apretaba sus fuertes brazos para controlar mis ganas y apartarlo de mí.
- No, no puede esperar. – Roberto continuó con su sesión de besos, esta vez parece buscar otra cosa de mí, ya que su recorrido va por mi estómago y bajando cada vez más.
- Dime lo que quieras… mientras seas mía después. – él estaba por llegar al monte de venus, cerré los ojos, él sabe cómo estimularme, pero no puedo vacilar ahora, por eso le suelto casi ronroneando por más:
- ¿Qué somos? – Parece que no tomó mucha atención a lo que dije, ya que repitió mis palabras:
- ¿Qué somos de qué? – Con los dientes tomó el borde del calzón para sacármelo, rápidamente volví a decir entre jadeos desesperados.
- ¿Qué somos? ¿Qué soy para ti? – Roberto soltó mi ropa, se levantó lentamente quedando de rodillas en la cama.
- ¿A qué te refieres? Para mí eres Andrea. – se me salió una carcajada ahogada, esa no es la respuesta que busco.
- Sí, pero debo ser más que eso para ti. – me acomodé para sentarme en la cama, quiero verlo bien a la cara.
Roberto no se veía cómodo con esta pregunta, al no tener una respuesta, me hace sentir insegura y empiezo a dudar de sus sentimientos por mí.
- Bueno, ya me preguntaste eso una vez. – ¿por qué evita la pregunta? Me pone muy ansiosa que no sea directo.
- Sí y no contestaste. – siento que mi corazón se oprime al no escuchar su respuesta.
- Andrea… – él hizo una pausa que pareció eterna, agachó la cabeza y me miró con un aire melancólico. – Nunca le hemos puesto un título a lo nuestro, la verdad es que no somos nada.
Quebró mi corazón en dos ¿Cómo qué no somos nada? A ver, a ver ¡Calma, Andrea! Es verdad, si tuviera que pensar solo un segundo cual era nuestra relación hasta ahora, solo somos amantes y ni eso, porque tampoco nos tratábamos así, ni yo tengo claro cuál es nuestra dinámica, esto me destroza el alma, pero hice de tripas corazón, aguante mis lágrimas y volví a preguntar.
- Bueno, sí, tienes razón, no somos nada ¿Pero que seremos desde ahora? Porque cuando vuelvas quiero tener clara mi posición en tu vida. – Roberto tenía la intención de decir algo, pero no fue capaz de decir ni una sola palabra, levantó la vista y parecía que buscaba una respuesta en el techo, de repente se tapa la cara con las manos tratando de ocultar su angustia, hace unos gestos moviendo bruscamente los brazos y me dice.
- Ándate. – se baja de la cama, se levanta para abrir la puerta y me mira esperando a que reaccione.
- Pe… pero ¿por qué me echas? Es tan malo que quiera algo… –me miró con esos ojos que pone Rex, fríos como tempano de hielo, me quedé tan quieta en mi lugar que mi cuerpo no respondía a mis órdenes.
- ¿Puedes irte? – no entiendo, hace unos minutos estaba loco por mí y ahora me manda a freír monos al África.
- ¿Te enojaste conmigo por lo que te pregunté? – Roberto frunció el ceño y se enojó aún más.
- ¡Por la rechucha! ¡Eres sorda o qué! ¡Ándate! ¡No quiero verte más! – con una de sus manos enfatizaba su deseo porque me fuera.
Me siento algo aturdida, me levanté de la cama de manera muy torpe, caminé fuera de su pieza como si estuviera pisando huevos, quería darme el valor de girar y encararlo, pero ni siquiera sé cómo hacer eso en este momento, apenas me hallé fuera de la habitación de Roberto, se me ocurrió como responder a su grosera actitud, él no debería estar enojado conmigo, yo debería estar molesta por su extraña forma de actuar, pero no alcancé a dar la vuelta cuando escuchó un gran portazo detrás de mí ¿Es así como van a quedar las cosas? ¿En nada?
Tengo el presentimiento de que algo está mal con el comportamiento errático de Roberto, se que él me quiere, sus besos, sus caricias, la pasión desbordada, eso no lo hace un hombre que solo quiere sexo, es mucho más que eso, hay una conexión, un acuerdo tácito, donde sabemos lo que queremos, pero… eso que no dijo fue el problema, lo que no pudo pronunciar ¿Qué cosa puede ser tan poderosa que limita por completo a Roberto? Mi cabeza me da vueltas, es mejor que me de un baño, entre el calor y los desvaríos de ese hombre, me volveré loca.