Capítulo 3

2532 Words
Narra Andrea Por alguna razón, Roberto y Rex están teniendo una dinámica muy extraña, parecen amenazas y estos raros ataques me limitan, ya que cada vez que, Roberto y yo estamos juntos, mi cuñado aparece y espanta a su hermano de mi lado ¡Y necesito conversar con él! No hemos hablado desde lo que pasó el día de la fiesta, quiero saber en qué quedaremos antes de que se vaya a Italia, pero si el esposo de Ale sigue echando a Roberto quedaré con la duda de lo que siente por mí. Este viernes fue nuestro último día de clases, muchos salieron a celebrar que se terminó el año, pero yo apenas llegué a la casa me encerré en mi pieza, me acosté boca abajo, tomé mi almohada y me puse a gritar, necesitaba desahogarme ¡Ese tonto de Roberto me ignora apropósito! quise hablar con él en el colegio y ni me miró, supongo que ya no le intereso tanto ¡Es tan injusto! Ahora que estoy perdidamente enamorada de ese guapo mecánico, él decide dejarme ¡Aaah! ¡No quiero deprimirme! Me senté en la cama y vi el calendario que esta en mi velador, el tiempo se me pasó volando, solo falta una semana para Navidad, esa idea se instaló en mi cabeza y como si dios me hubiera iluminado se me ocurrió algo ¡Debo darle algo a Roberto! Mientras estaba pensando en qué cosa le puedo regalar a este hombre para que no se olvide de mí, escucho el sonido de mi celular, no suelen llamarme ahí, reviso la pantalla y es la Panchi, debe ser algo muy privado. - Hola, Panchi… - No alcancé a decir nada. - ¡Aaann! ¡Amiga! Mi mamá me negó la piscina ¿Sabes qué significa eso? – su llanto me hizo pensar en que, si es lo que supongo, sus quejas serian algo exageradas. - ¿Tenías una fiesta? - ¡Siiii! ¿Cómo mi mamá me puede hacer algo tan cruel? – Antes, también hubiera pensado que esto era una tragedia, pero después de todo lo que pasé este año creo que, está exagerando. - No creo que sea tan cruel, tu mamá es muy tierna. - ¡Sí, es cruel! – me dijo marcando muy bien cada palabra. – ¡Le pedí permiso hace días para mi fiesta! ¡Pero la Sole llegó con sus estúpidos amigos y mi mamá me desplazó! ¡Odio a la Sole! Será mi hermana, pero es una maldita estúpida. La Panchi me había hablado de esta fiesta, me invitó, pero todavía me siento muy incómoda al estar con personas, así que, le dije que no estoy preparada para enfrentar a la gente en este momento, pero no sé qué pasó que las cosas se dieron vuelta. - Pucha, Panchi, me encantaría ayudarte, pero estoy sola ahora, mis papás fueron a un matrimonio y no vuelven hasta el sábado en la tarde, mi cuñado y mi sobrino están con Ale en el hospital y como es viernes llegan bien de tarde, así que… - - ¡Ay! ¡Andrea! ¡Puedo hacer la fiesta de piscina en tu casa! – Quedé con la boca abierta. - ¡Panchi! ¡No! Te dije que no quería exponerme públicamente. - ¡Por fa! ¡Ann! No invité a tanta gente, es el Lalo, La Cami, el Vicho, la Sofi, Los gemelos y la Isa, solo ellos irían ¡Por fi, Ann! ¡Eres mi mejor amiga! – medité mi respuesta, suspiré y pensé que la Panchi si es mi mejor amiga y ella me ha apoyado mucho esta semana, me ha traído revistas, me ha consolado e incluso me trajo cosas ricas para comer, también estoy tomando en cuenta que la gente que invitó no es del colegio, puedo intentarlo, tomé aire para soltar mi respuesta. - Bueno… - no alcance a dar mi respuesta completa, solo escuché un grito del otro lado de la línea. - ¡AAAH! ¡Gracias, amiga! ¡No vemos en un rato más! Pasó media hora y la Panchi estaba con su séquito de amigos en la entrada de mi casa, no los conozco a todos, solo al Eduardo, el pololo de la Panchi y los gemelos, que son primos de ella, se llaman Felipe y Emilio, la última vez que los vi yo tenía catorce y ellos trece, así que presumo que deben tener dieciséis, los dos son altos y delgados, su musculatura no resalta mucho, pero sus rostros son muy atractivos y joviales, cualquiera quedaría cautivada con sus coquetas sonrisas, pero yo no estoy en esa lista. Apenas entraron fueron todos a la piscina, menos la Panchi que quedó muy asombrada al verme con un pantalón corto y una blusa celeste. - ¡Ann! ¿Por qué no te has cambiado? – No sabía que decir, no tenía pensado arreglarme para nadie. - Es que… - Vamos a ver qué tipo de traje de baño tienes ¡Lalo, voy y vuelvo! – Eduardo levanta su pulgar confirmando que escuchó. Mi amiga estuvo revisando los cajones de mi closet gruñendo porque tengo pura ropa de la temporada pasada, supongo que no me siento de ánimo para ir a comprar últimamente, de repente la Panchi hace un ruido mostrando asombro ante una prenda. - ¡Ay! ¡Ann! ¡Qué sexy! No te había visto esto antes. – ¡Ay, no! ¡Ese es el bikini que compré para ese idiota de Javier! - No, es que … - traté de quitárselo, pero la Panchi se alejó y me dijo. - Póntelo, te debe quedar regio. - Panchi, no puedo, este bikini lo compré para usarlo con Javier. – Se hizo un silencio incomodo por un rato, hasta que ella me dice: - Sabes, solo es ropa, además, debes pensar que él no está aquí para mirar, puede verte cualquier otro. – en ese momento se me pasó por la cabeza a Roberto, así que, ocuparía este traje de baño esperando que cause alguna reacción en él. Fui a cambiarme, pero no noté que el bikini me quedaba bastante ajustado en el pecho, ¿Acaso mi busto creció? Recuerdo que me quedaba un poco más suelto antes, el calzón me queda bien, el color turquesa de la tela me queda bastante bien, de pronto la Panchi se pone a golpear como loca la puerta del baño y apenas abrí ella estaba muy asombrada. - ¡Ann! Te ves muy linda, completamente sexy, dejaras con la boca abierta a más de alguno. – solo me interesa dejar a uno solo de esa forma. Salimos de mi pieza y justo en ese momento Roberto venía subiendo las escaleras, de la nada me miró, levantó las cejas y abrió muchos los ojos, se quedó quieto unos segundos, hasta que agitó la cabeza y se fue a su pieza ¡Dios mío! ¡Él se ve tan guapo con su ropa deportiva! Usa una polera corta sin mangas, un pantalón corto algo ajustado, sus zapatillas y un gorro con visera ¡Me encanta! No tenía ganas de estar en el patio con toda esta gente, pero no me quedaba otra, apenas puse un pie fuera de la casa acaparé las miradas, en especial de uno de los gemelos, creo que esta no fue una buena idea. Me di cuenta de que no traje una toalla para tomar sol y nadie había sacado las sillas de playa que estaban guardadas en la bodega, por lo cual, llamé a la Anita para que hicieran el trabajo de ordenar un poco y traer mi toalla; cuando me trajeron la toalla la puse en el pasto y me tumbe en ella, el sol se siente exquisito en mi piel y con los ojos cerrados le digo a mi amiga: - ¡Panchi! ¿Me puede echar bloqueador, por favor? No quiero quemarme. – No escuché la respuesta, pero sentí como un líquido helado caía por mi espalda, inmediatamente una mano grande y callosa recorre con cuidado mi espalda, mi cabeza sintió familiar esos ásperos dedos y sin pensar mucho, solté un gemido. - ¡Ah! ¡Gracias! - De nada, bonita. – La voz que esperaba escuchar era la de Roberto, pero solo vi un rostro de finos rasgos con una sonrisa seductora. - ¡Emilio! – es uno de los gemelos, su pelo cobrizo cae hacia un lado de su sien y me dice riendo: - No soy Emilio, soy Felipe, mi hermano esta con su polola. – me senté, estar acostada boca abajo, esa posición me deja en desventaja ante cualquier cosa. - ¡Ah! Felipe, te confundí. – No sé de qué hablar, siempre encontré muy tontos a los primos de la Panchi, son muy cabros chicos para mi gusto. - No importa, siempre se equivocan, pero hay una forma en la que nos puedes reconocer. – me siento muy observada por Felipe, como la parte de arriba del bikini me queda muy ajustado siento que sus ojos están encima de mis pechos. - ¿Ah, sí? – De repente se acerca mucho a mi oreja y me susurra: - Es un secreto, pero te lo contaré a ti porque me caes bien… Yo tengo un lunar en el pómulo derecho y Emilio no. – La cercanía de Felipe me tiene incomoda, así que, me paré y le dije: - ¡Ah! ¡Qué bien! Lo voy a tener en cuenta… Tengo sed, voy a buscar agua. - ¿No quieres una cervecita? el Vicho trajo dos cajas de seis. – mientras él se apoyaba con las manos en el pasto y estiraba las piernas, yo le daba una sonrisa fingida. - No me gusta el sabor de la cerveza, prefiero el agua, eso me refresca más. - Bueno, como quieras. – me devolvió una sonrisa coqueta, mi mente solo pensaba en salir huyendo. Fui a la cocina, saqué una de mis botellas de agua mineral y traté de tranquilizarme, no quiero que otro jote como Jean Carlo me pase acosando solo por el hecho de separarme de Javier, de pronto veo a Felipe entrar ¿Por qué no espero afuera? ¿No tiene por qué seguirme? Sentí rabia y le dije sin pensar. - ¿Puedes esperarme en el patio? ¡No me gusta que me sigan! Me hace sentir acosada y no estoy en el mejor momento de mi vida para cargar con esto. – Felipe se quedó mirándome extrañado. - ¡Felipe puedes irte, por favor! De repente el suspira y dice con enojo: - No soy Felipe, soy Emilio y solo quería ir al baño ¿me dices dónde está? – Creo que mi cara debe estar roja como un tomate, me siento tan avergonzada, de reojo miré por la ventana de la cocina para darme cuenta de que Felipe seguía en el mismo lugar y en la misma posición moviendo sus pies ¡Qué tonta soy! - ¡Ah! Tienes que ir por aquí, doblas a la derecha y al fondo del pasillo hay una puerta donde está el baño. - Gracias. – Me siento tan estúpida ¡Qué vergüenza! Después de mi vergonzoso acto, salí al patio y vi la agradable sonrisa de Felipe, tiene una actitud muy tierna al comportarse de una manera torpe y graciosa, se esfuerza mucho para que le caiga bien, fue gentil al decirle al Vicho que yo no tomaba y me dio una bebida, me mostros que podía hacer la posición invertida y se lanzó al agua de formas chistosas para que me riera, la incomodidad que sentí al principio se fue con el ánimo y carisma que él desprende. Ya eran casi las seis de la tarde, aún seguía caluroso a pesar de que el sol ya no pegaba tan fuerte, ya nadie estaba en la piscina, ahora solo disfrutaban de estar echados en el pasto y bebidos hasta el tope, de repente Felipe me dice: - ¡Tu casa es bakan! - Gracias. – de la nada Felipe se pone nervioso, tomó muchas veces aire, como si me fuera a decir algo, pero no decía nada. - ¿Quieres decirme otra cosa? - Aaahm… - de pronto se pone un poco rojo y de manera ansiosa me dice: - ¡Tú me gustas! ¡Me gustas mucho hace tiempo! - Felipe… - Él se paró y entró a la casa, no me dejó responderle. - Por fin te lo dice. – habla la Panchi con satisfacción - ¿Tú sabías que le gustaba a tu primo y no me dijiste nada? - No podía decirte el secreto de Pipe, él quería decirte eso, pero yo le dije que tu no estas para nadie, en especial cuando su competencia es el mastodonte de Roberto. – Abrí tantos los ojos que sentí que se me salían. - ¡Panchi! - Ann, no soy tonta, se te nota a leguas que te gusta Roberto, pero no sé por qué no atinan. – ni yo estoy segura por que las cosas no resultan. - Es complicado, supongo que a Roberto no le gusto con la misma intensidad que me gusta él a mí. – Una carcajada de Panchi me asustó. - ¡Ja, ja, ja! Ann, debes estar muy ciega si no vez que Roberto se muere por ti, cuando fui al baño, por casualidad miré hacia el living y ahí estaba él, fingiendo que veía televisión, pero estaba tan pendiente de lo que había en el jardín que llegué a pensar que se levantaría del sillón solo para rayar cancha, supongo que cada vez que te vio muy cerca del Pipe se ponía tan nervioso que fruncía el ceño y con ansiedad movía una pierna. – Me sentí feliz por saber que Roberto todavía me quiere, pero, entonces ¿por qué no quiere estar conmigo estas pocas semanas que le quedan en Chile? Felipe volvió, pero solo se quedó quieto al lado mío, se notaba que estaba nervioso y con la cara muy roja, se ve muy lindo, pero él no es a quien quiero, tendré que romperle el corazón. - Felipe. – solo contestó haciendo un ruido. – Disculpa, eres muy lindo y todo eso, pero yo estoy enamorada de otra persona. - Sí, bueno, como sea. Las cosas se volvieron incomodas, no pasó mucho tiempo para que Felipe se parara y le dijera algo a su hermano, este habló con los demás y decidieron irse, la Panchi se quejó porque era muy temprano, recién eran las siete y media, todavía hay sol y quedaron un par de cervezas, pero a nadie le importó los reclamos de mi amiga, los acompañé hasta el portón de la casa y todos se despidieron con poco ánimo, a excepción de la Panchi que me abrazó y me dijo algo que no entendí. Volví a la casa y cerré la puerta, me apoyé en ella y solo di un suspiro ¡Por fin estoy sola! Mi momento de paz fue efímero, ya que un grueso cuerpo se puso enfrente como una pared de músculos, curiosa lo miré a los ojos. - ¿Qué quieres?
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