Annika
- Annika, esto es una terrible idea. - dice Patrick.
- ¿Por qué? - pregunto mientras conduzco.
- ¡Acabas de subir a un completo desconocido a tú auto! - grita alarmado como un lunático. - ¡Podría ser un lunático! Tú eres una celebridad, ¿Y si es de esos que persiguen a los famosos? ¿Y si se tiró encima de tú auto a propósito? Te pedirá dinero o peor, ¡Podría demandarte!
- Sabes, es tan extraño y a la vez tan molesto verte así de alterado. Creí que eras calmado.
- ¿Cómo es que no estás perdiendo la cabeza? ¡Atropellamos a alguien!
- No lo atropellamos, yo lo atropelle. Y tan solo le di con el frente del auto.
- ¿¡Y si se muere dentro de tú auto!? ¿¡Sabes cómo se vería en la prensa!? ¡Van a bajar las ventas! ¡Todos perderán sus trabajos! ¡Acabo de comprar un sofá en 12 cuotas!
- Patrick, si cierras la boca yo te regalo el sofá. Y él, quien quiera que sea, está bien.
- Aaron... - responde agonizante el hombre, que está sentado en la parte de atrás.
Patrick lanza un gritito como de niña.
- Patrick, no estoy alterada, pero vas a conseguirlo si sigues gritando. Te despediré y no te contrataran ni en una fábrica de botones. Has silencio. - mientras sigo conduciendo, miro por el retrovisor al hombre que está atrás. - Oye, no te mueras, ¿sí? Iremos al hospital y...
- No, no, no. - niega. - Hospital no.
- Genial, es un criminal buscado por la policía. - sigue diciendo Patrick con pánico.
Orillo el auto a un costado, deteniéndome.
- Baja. - le digo. - No puedo darme el lujo de despedirte en esta época del año.
- Annika.
- Que bajes Patrick, sabes que soy capaz de todos modos.
Se baja del auto con pánico en su mirada. Cuando cierra la puerta, sigo conduciendo.
- Oye, por favor, no me lleves a un hospital. Estoy bien.
- ¿Te busca la policía o algo de eso?
- No. - dice agonizante. - La verdad es mucho más sencilla y vergonzosa. - lanza un leve suspiro. - No tengo seguro.
- ¿Eso es todo?
- Si. - dice desde atrás.
- No te preocupes, yo pagaré por todo, es lo de menos luego de atropellarte. Solo aguanta.
Una vez que me detengo, luego de llegar al hospital, lo ayudo a bajar del auto y entramos. En la recepción nos dan un formulario y nos dicen que nos sentemos hasta que algún doctor de emergencias se desocupe.
Él tiene sus ojos cerrados y su cabeza hacia atrás, apoyada en la pared. Tiene su cabello castaño oscuro bastante revuelto, ya que lo tiene largo, también tiene una barba que le cubre el rostro. Su aspecto es bastante desprolijo, aun así, no deja de ser un hombre guapo. No sé si es porque aún está algo atontado por el choque, pero parece amable. Otro hombre cualquiera le hubiera gritado y puteado pese a que tuviera la cabeza abierta. Y con razón, fui muy descuidada.
- Llenaré el formulario. - le informo. - ¿Nombre y apellido?
- Aaron Herrera.
Apellido latino. Combinación fuerte.
- ¿Edad?
- 35 años.
Dos años menos que yo.
- ¿Ocupación?
- Cocinero.
- ¿Dónde trabajas? Puedo llamar e informar tú situación.
- No es necesario, en serio.
- Podrían despedirte.
- Ya lo hicieron. Hoy mismo.
Yo creía que hoy tuve un día malo porque me enteré que mi hermana se casa. Ese es un día malo, que te despidan y encima que te atropellen.
- Seguro que en el hospital informaran a la policía, tú tranquilo que yo les explicaré que fue mi culpa. Mi abogado luego se contactará contigo para discutir el tema de la compensación y para que no me demandas. Pídele lo que quieras, accederé.
- No necesitas decirle a la policía.
- ¿Qué? - pregunto con sorpresa.
Abre sus ojos y me mira. - Enserio, no es necesario que se involucre la policía.
- ¿Acaso a ti te buscan?
- No. - dice y lanza una risa. Lo que logra sorprenderme. - Tuve un mal día y no me siento con ánimos de involucrar a alguien más, no es como si va a cambiar en algo. Nadie resulto herido... al menos no de gravedad.
- ¿No quieres demandarme? - no puedo evitar preguntar.
- No. Solo me basta con recuperar mi bicicleta.
La cuál deje tirada en el medio de la calle.
- Señor, venga acompáñeme. - dice un enfermero, acercándose. - Un doctor lo examinara.
Él se para y camina hacía el enfermero. También me paro y voy detrás.
No puedo dejarlo solo, es mi responsabilidad.
Entramos en una sala, que está dividida de las demás por una cortina. Aaron se acuesta en una camilla, mientras una doctora lo examina. El enfermero se acerca a mí y yo le extiendo la planilla. La toma y la lee.
- ¿Qué sucedió? - me pregunta.
- Eh... tuvo un accidente con su bicicleta. - le respondo. Él anota.
- ¿Qué relación tiene con el señor Herrera?
- Yo... - no me salen las palabras de la boca.
- Mi novia. - responde Aaron por mí.
- Bien, iré a les preparen la factura. - responde el muchacho y se aleja.
Novia.
En eso suena mi celular. Atiendo sin fijarme en la pantalla quien es, lo cual me arrepiento al segundo de oír su voz.
- Hija querida. - oigo su voz al otro lado.
Me alejo hacia una esquina. - Mamá, ahora no es un buen momento. - le respondo en voz baja. - Luego te llamo.
- Detente Annika. - dice seria. - Tú hermana hace una semana que envío las invitaciones y tú ni has confirmado, ni la has llamado para felicitarla.
- Como si ella llamará para alguno de mis desfiles.
- No es lo mismo. - dice. Claro que no lo es para ti.
- Mira mamá, no voy a poder asistir. Esa semana es el desfile. Intenté mover la fecha, pero me ha sido imposible. Ya tengo todo confirmado.
- Que estupendo, porque la boda se ha adelantado.
Carajo, me cago en la...
- Pero... - comienzo a decir.
- No. No tienes excusa. - sigue diciendo. - La boda será en Mónaco.
- ¿Qué? ¿Por qué? - pregunto.
- Greg, el hermano de Cameron, compite dentro de una semana en El Gran Premio de Mónaco y como todos vamos a ir a verlo, se les ocurrió adelantarlo y hacerlo allí. Ay hija, será un evento único, estupendo. Vendrá mucha gente importante, será la boda del año.
- Si, ya lo creo... - digo en un susurro.
- ¿Por qué eres así Annika? Por qué no puedes estar feliz por tú hermana, se está por casar con un hombre increíble, en una de las ciudades más lujosas del mundo. Deberías ver su vestido, es de ensueño. Tú tienes esa actitud, porque eres bastante cínica y dices que quieres estar sola, y con ese carácter...
Mientras mi madre me sigue criticando, mi mirada se posa en Aaron, quien ahora se encuentra sentado, mientras la doctora le habla. Sonríe.
No está para nada mal. Con un buen traje, un corte decente y sin esa barba desarreglada es mucho mejor que cualquiera que he conocido con más dinero. Para ser uno de los millones de cocineros que hay en Nueva York, y encima desempleado, no está tan mal y también...
Detengo mis pensamientos.
- Mamá. - la interrumpo. - De hecho, iré con alguien.
- ¿¡Qué?! - exclama muy sorprendida. Puedo imaginar su rostro y eso me da algo de satisfacción. - ¿Con quién? ¿Con ese asistente tuyo? Es solo familia o cercanos Annika.
- No. Iré con Aaron, mi... prometido.
- ¿¡Qué!? - vuelve a exclamar, con aún más sorpresa. Lo que pagaría por ver su rostro. - ¿Cuándo ha pasado eso? ¿De dónde lo conoces? ¿Hace cuánto? ¿Qué hace?
- Mamá, estoy trabajando y me he perdido con tantas preguntas.
- Annika, quiero respuestas, ¿Cómo es que...?
- Lo conocí hace... un año. Se me propuso hace un mes y luego de pensarlo bastante, le dije que sí.
- ¿Aaron qué? ¿Qué hace?
Hablando de roma. Se baja de la camilla y camina hacia mí.
- Es dueño de un restaurante en Manhattan. - digo rápido. - Mamá, justo vino por mi para almorzar juntos. Te hablo luego, pero confirma para los dos. - y antes de que me siga hablando, corto la llamada en el momento en el él se detiene frente a mí. - ¿Y bien? - le pregunto. Mi corazón late con rapidez de la adrenalina del engaño. Nunca he mentido.
- Solo unos raspones, estaré bien.
- Podemos pasar por una farmacia y te comparé lo que quieras.
- No, está bien enserio. Ya me ha dado algo para las jaquecas. - me muestra la cajita que tiene en su mano.
- Deja que te lleve a tú casa.
- Eso si no te lo voy a negar. - dice con una leve sonrisa.
- Oye, ¿tienes pareja?
Abre sus ojos ampliamente y me mira algo anonadado. - ¿No? - responde en un hilo de voz.
- Genial. Dijiste que estabas sin trabajo, ¿buscas otro?
- Eh... claro, pero... ¿Qué tiene que ver con...?
- Necesito que por un fin de semana te hagas pasar por mi prometido en la boda de mi hermana. - digo.
Queda serio unos segundos, pero comienza a reír.
- Eso ha sido divertido. - dice. - Gracias por hacerme reír, lo necesitaba.
Lo observo con fastidio. - ¿Sabes quién soy?
- No, de hecho, no, no nos hemos presentado. - dice. Me extiende su mano. - Aaron Herrera.
Sin salir de mi asombro, tomo su mano y se la estrecho.
- Annika Virago.
- Pese a las circunstancias, un placer.
En serio no sabe quién soy. Aunque, ¿por qué me sorprende? Viendo cómo se viste no creo que este al día con las tendencias o de que haya oído sobre una de las mejores diseñadoras de Estados Unidos, la cual tiene una empresa que fundo ella misma desde cero, que inició con prendas de ropa y ahora tiene una línea de maquillaje y perfumes. Y que en tres años logró expandir su marca hacia Europa y Asía.
- Si... - digo tratando de ocular mi irritación. No puedo evitarlo, mi ego es muy grande. - Como sea. Mi oferta iba en serio, yo no soy de las que hacen bromas. - Él tenía una sonrisa, pero cambia a observarme en shock, con sorpresa. - Necesito a alguien que se haga pasar por mi prometido ¿Quieres el trabajo, o no?