𝕻𝖗𝖔𝖑𝖔𝖌𝖔 💬

411 Words
Cassandra Voulgaris no tenía nombre dentro de las paredes de su propia casa. ​Para su madre era «la niña». Para su padre, «el error». Para su hermano, «la rata del sótano». Para el resto del mundo, simplemente no existía. ​Aprendió a leer a los tres años. A los cinco, corregía con lápiz rojo los balances financieros de Voulgaris Holdings mientras los contadores de su padre sudaban frío. A los diez, su hermano le rompió la muñeca de un pisotón tras ser humillado por el intelecto de una niña. Nadie la llevó al hospital. Esa noche, Cassandra aprendió a escribir con la mano izquierda y a tragar sus propios gritos en el silencio. ​Su mundo se reducía al sótano, a un costado del almacén de lejía. Sin ventanas. Sin calefacción. Un catre oxidado, un uniforme de sirvienta y las sobras de la cena eran su única realidad. Arriba, en los salones de mármol, los Voulgaris brindaban con champagne por el futuro de su heredero. Abajo, en la penumbra, Cassandra fregaba de rodillas el piso que ellos pisaban. ​De día estudiaba, porque la alcurnia griega exigía una hija presentable. De noche limpiaba, porque según su madre, «las mujeres que piensan son peligrosas, las que sirven son útiles». Y en las madrugadas, entre sombras, rescataba en secreto el imperio que su hermano destruía con cada decisión, evitando el colapso de la familia que la trataba como basura. ​A los cinco, le ataron con fuerza las cintas de las zapatillas de ballet. No para que danzara por arte, sino para adiestrar su postura el día que saliera al mercado. Dias antes de graduarse y cumplir la mayoria de edad, escuchó a su madre hablar sonbre un trato con un mafioso llamado Don Orfeo Dimitriou. Un hombre con canas, nietos y suficientes acciones en Stavros Holdings como para comprarle la vida entera. Le pusieron fecha a su condena. ​Esa noche, Cassandra entendió la regla de oro de su linaje: En esa casa, las hijas no heredan. Se liquidan al mejor postor. ​Así que, cuando la mansión cayó en un silencio sepulcral y los guardias cabecearon en la entrada, hizo lo único que le tenían estrictamente prohibido. Eligió. ​Aunque le costara la sangre. Aunque le costara la vida. ​Cassandra Voulgaris había sobrevivido dieciocho años siendo un fantasma. Esa noche, decidió que prefería arder en el infierno siendo dueña de sus propios pasos. ​Y corrió hacia la oscuridad.
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