Cassandra Voulgaris El restaurante era uno de esos lugares que respiraban lujo en cada detalle. La iluminación tenue, el murmullo bajo de las conversaciones y las velas en las mesas de madera oscura creaban una atmósfera refinada. Nos acomodaron en una mesa circular cerca de un gran ventanal con vista a los rascacielos iluminados de Fráncfort. Karoline se sentó a mi derecha, feliz mientras miraba la carta de vinos, pero Mathias ocupó el lugar justo frente a mí. Aunque intenté mantenerme serena, su presencia me resultaba profundamente incómoda. Saber que llevaba un arma oculta bajo su traje y ver la forma en que sus ojos verdes me observaban, con una fijeza que no tenía nada de inocente, hacía que mis alertas estuvieran al máximo. Mathias no miraba como un estudiante alegre; miraba com

