Cassandra Voulgaris Un martilleo sordo detrΓ‘s de mis sienes fue lo primero que me dio la bienvenida al nuevo dΓa. βAbrΓ los ojos despacio, pero la luz que se filtraba la cortina de la habitaciΓ³n hizo que volviera a cerrarlos de golpe. La boca me sabΓa a sequedad absoluta y la cabeza me pesaba como si estuviera llena de ladrillos. Retuve un gemido de dolor, apretando la cara contra la almohada mientras intentaba recordar cΓ³mo demonios habΓa llegado a la cama. βEl vino. Dios mΓo, las botellas de vino. βLos recuerdos de la noche anterior comenzaron a regresar en rΓ‘fagas desordenadas y borrosas: las risas descontroladas con Karoline en la alfombra, Min-jee hablando sobre r************* , el mareo al ponerme de pie... y luego, los brazos de Mathias. βUn escalofrΓo helado me recorriΓ³ la esp

