Casarnos

1067 Words
Papá - comencé, jugando nerviosamente con el anillo que siempre llevo en el dedo - no quiero alargar más esta reunión, ya sabes cómo me siento al respecto. Mi princesa - susurró, y su voz se suavizó de una manera que solo usaba conmigo - sé que no quieres volver al pueblo donde tu corazón fue hecho trizas, lo entiendo, mi amor. - Sus ojos, llenos de una sabiduría ganada a pulso, me observaron con compasión - pero aunque confío ciegamente en Rodolfo, tanto él como yo necesitamos que te hagas cargo de tu herencia, eres una Lennox - declaró, y el orgullo infló cada palabra - Eres nuestro legado, nuestra más grande obra maestra - vi cómo su sonrisa se teñía de nostalgia - Pero ha llegado el momento de que sigas tu propio camino, yo ya me hago viejo, querida, y siempre he querido lo mejor para ti, debes regresar a la hacienda, no es solo tu derecho, es tu deber, como mi heredera - Hizo una pausa deliberada antes de añadir, mirando directamente a Matheo - Y no vas a ir sola. Jamás la dejaría sola Axel - declaró Matheo con una voz tan firme que casi vibraba en el aire - A donde ella vaya y me necesite, ahí estaré, es una promesa. Respiré hondo, sintiendo el peso de la decisión, pero también una chispa de determinación que no sentía desde hacía años. Lo haré, padre, regresaré, es momento de enfrentar mi situación, de dejar atrás lo que me ata, después de todo, soy una Lennox. - Afirmé con más seguridad de la que realmente sentía, porque aunque el solo pensar en volver al lugar donde mi corazón no solo se hizo trizas, sino que se pulverizó hasta hacer añicos mi confianza, me provocaba escalofríos, pero tengo la seguridad que con Matheo a mi lado podría lograrlo - Te amo, hija - dijo mi padre, y su voz cargada de emoción me llegó directo al alma - Y sé que esto es lo mejor para ti. - Nos miró seriamente a ambos, y por primera vez en años vi una sombra de preocupación en sus ojos - Pero tengo miedo... miedo de que cuando regreses a la hacienda, tu corazón y tus sentimientos te traicionen, allí todo te recordará lo que fuiste y lo que perdiste - suspiro con pesar - El pasado tiene una forma de resurgir cuando menos lo esperamos. Su advertencia flotó en el aire, un recordatorio silencioso de que algunas batallas, aunque creamos haberlas superado, nunca dejan de acecharnos en los rincones más oscuros de la memoria. Jamás pasará, padre - dije con una seguridad que quizás era más un deseo que una certeza - jamás podría perdonar a ese imbécil, ni olvidar lo que hizo. Tengo más experiencia que tú, hija, soy un viejo que ha vivido el doble que tú - respondió mi padre con una calma que contrastaba con mi fervor - y sé que cuando lo veas, tus sentimientos cambiarán, y por eso... ustedes dos se casarán. ¿Qué? - exclamamos al unísono, Matheo y yo, nuestras voces entrelazadas en un coro de incredulidad. Como lo escuchan - repitió papá, con una serenidad - Ustedes dos se casarán. ¿De qué hablas, padre? - pregunté, sintiendo cómo el suelo parecía ceder bajo mis pies - ¿Has perdido la razón? Axel, ¿te has tomado hoy tu medicamento para la cordura? - preguntó Matheo con una seriedad inusual, apoyando ambas manos en el escritorio mientras estudiaba el rostro de mi padre como si buscara signos de fiebre o delirio, incluso broma, mi padre no pareció ofenderse, al contrario, una sonrisa tranquila se dibujó en sus labios. Mi cordura está intacta, muchacho, más intacta que la de ustedes dos, que se niegan a ver lo que todo el mundo puede ver - dijo mi padre con una firmeza que no admitía réplica - Se casarán porque es lo mejor para ambos, para proteger la herencia familiar, para unir nuestras empresas de una vez por todas... y porque se aman, aunque ella se empeñe en nadar en un mar de negaciones. El silencio que siguió fue tan denso que podría haberse cortado con un cuchillo, Matheo y yo nos miramos, y por primera vez en ocho años, no supe qué decir. Te has vuelto loco, padre - dije, sintiendo cómo el pánico comenzaba a apretar mi garganta —. ¡Eso no sería justo para Matheo! ¡Para ninguno de los dos! Hablo muy en serio, yo me haré cargo de su empresa y de la mía de manera temporal, estaremos conectados por videollamada para tomar decisiones importantes y supervisaré sus diseños, pero ustedes estarán comprometidos, es la única forma de proteger ambos legados. - Dijo mi padre Axel, yo lo respeto mucho - intervino Matheo con seriedad, aunque una sombra de desconcierto cruzo su rostro - pero esta decisión... no creo que sea la mejor, no es justo. Podemos hablar en privado más tarde, Matheo, por favor - sugirió mi padre con un tono que era a la vez una petición y una orden. Estaré en el café, me notifica para regresar - dijo Matheo con voz tensa, y salió de la oficina sin siquiera mirarme, no lo entendía. Si Matheo estaba tan perdidamente enamorado de mí como todos aseguraban, como sus miradas, sus gestos y sus silencios elocuentes proclamaban, ¿por qué su reacción había sido de un rechazo? para él, un hombre que llevaba años amándome en secreto, la propuesta de mi padre debería haber sido un regalo caído del cielo, la oportunidad que nunca se atrevió a pedir, en cambio, había palidecido, había dicho que "no sería justo", justo... ¿para quién? ¿Para él? ¿Para mí? La amargura se mezcló con mi confusión, su salida abrupta, negándose a mirarme, fue el golpe final, no era la reacción de un hombre que ve cumplirse su mayor deseo, sino la de alguien que huye de una condena, la duda, venenosa, se instaló en mí: ¿Y si yo había leído mal todas sus señales durante todos estos años? ¿Y si el cariño que me profesaba era solo lealtad de socio y amigo, y yo, en mi necesidad de ser amada, había visto lo que quería ver? el vacío que dejó su salida era tan palpable como el dolor de su rechazo.
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