Décimo paso

1226 Words
Entre palabras y miradas, montamos la fogata, yo escuchaba atenta a las historias de Cerberos pues eran cada vez mas interesantes. Gul al igual que siempre hacia que estaba muy concentrado realizando los deberes para poder acampar debidamente, pero, prestaba atención a todo lo que contaba el perrito emocionado. —Tu luchaste con Klei en aquellas guerras y... ¿te dejo si quiera hacer el combo de ataque?— pregunto Gul interesado en el momento de la batalla que mas llamo su atención— es imposible que no fuese así, es el mayor poder para derrotar bestias ancestrales. —No, nunca— afirmo— siempre las derrote solo pues ella se encargaba de aquellos que tenían solo una gema para ayudar a su esposo y no todas eran de ayuda. —Comprendo... —¿No que no te importaba lo que tenia por contar Cerberos?— comente entre balbuceo tratando de contener la risa— te veo muy interesado. —De hecho lo estoy, eso no lo hace cualquier persona y mucho menos con un ser espiritual ya sea de rango positivo o negativo— se encogió de hombros y me miro indeciso— yo solo pude hacerlo con tu madre, el resto de mis invocadores no fue capaz de lograr un vinculo conmigo y mucho menos con mi poder. —¿Estas acaso diciendo que son pocas las personas o los invocadores que han logrado a hacer este hechizo? —En efecto eso fue lo que quiso decir— comentó cerberos sin titubeo— no todo el mundo logra realizarlo y salir ileso puesto qué es un hechizo muy fuerte para alguien de nivel muy bajo en magia. —Ya veo, así que no cualquiera puede tolerara el grado en esos casos. —El mundo de los espíritus tiene reglas muy estrictas— comento Gul sonriendo— después de todo si  nos ponemos a observar muy de cerca el mundo espiritual necesita precisamente magia para existir, se alimenta de eso y la vitalidad humana. Ustedes se comen a los humanos en cierta forma... no quiero ni pensarlo pero las cosas como son—  un escalofrió recorrió su espalda— ´¿tu comes lo mismo Cerberos? — Pues... técnicamente si, la energía es una proteína necesaria para nuestro subsistir.  — Vaya...  — Si... aunque tu comes lo mismo ¿o me equivoco? —No, yo me alimento de los miedos... en mi pasado si lo hacia y era necesario así como lo es para ti hoy en día pero llegaras a un punto en donde no sera necesario que lo hagas. —¡Oh! bueno eso es muy común de que suceda una vez te separas de tu invocador... De pronto de los arboles se escucharon las hojas moverse bruscamente, estando ya todos juntos montando la comida después de un largo viaje no es una buena señal que en medio de la noche se agiten las oscuras hojas de los arboles en el bosque, relativamente una persona normal que jamas haya visto lo mismo que han visto estos dos se harían pipí encima y posiblemente correrían hacia el pequeño rió cayendo así en la trampa de seres acuáticos que comerían su carne en un festín de ostras.  Estos seres no eran muy conocido por tener un corazón cálido de hecho fueron conocidos durante toda su vida por cazar a los seres humanos y comerlos para deleitarse con su sufrimiento. Algunos de ellos tenían el mismo pasó de todos los demás pero otros serían un rumbo diferente y permaneció en las profundidades del océano donde se encuentra su reino. Hace siglos atrás antes de que algunos humanos pensaran que todas las criaturas acuáticas eran peligrosas, contaba una historia sobre un rey humano quien era amigo de una sirena... la historia comienza así: Emen era un rey muy viejo y sabio, gobernante de un pueblo próspero lleno de buenos habitantes que tenían corazones humildes, agradecidos y amables. Cuentan los pueblerinos que el rey hizo un viaje a una ciudad muy lejana y que su barco extrañamente se hundió al arribar correctamente en aquella hermosa ciudad, como el rey no tenia idea de lo que sucedía y toda s familia estaba perfectamente feliz en el castillo ya que aunque lo extrañaban mas que a nada ellas sabían que el tenía un deber con su pueblo y que eso era nada mas que un deber al que debía corresponder. Una noche, mientras leía la carta que le envió su esposa, contándole todo lo que estaba sucediendo en el palacio pudo notar a lo lejos que un pequeña cola de pez, no tan grande de hecho pero si un poco extraña. En voz baja y sin mucha respuesta decidió nadar hasta allí, aunque su cerebro actúa tiempo y lanzo la alerta de peligro estaba claro que no sería una buena idea sobre todo porque no tenía idea de que fuese aquello que estaba allí pero algo sí sabía y era que parecía jugar con su aleta. Cerca había un bote con remos hacia los lados y sin pensarlo demasiado decidió acercarse usándolo una medida que fue haciendo lo pudo darse de cuenta que aquello no sólo tener una aleta también tenía una parte humana ¿Cómo puede algo así tener una parte humana si vienen del mar? Igualmente decidió acercarse a la orilla abandonando la idea de investigar qué era eso pero aquello que estaba lejos decidió seguirlo y él rápidamente tomó la opción de avanzar así fuese nadando hasta la orilla, ya que lo único que quería era alejarse y quitar ese sentimiento de peligro que tenía en su pecho. Cuando llegó a la orilla aquello no pudo acercarse lo suficiente como para tomarlo pero el rey se paró firme y aquella cosa tanto como él estuvieron viéndose fijamente para alrededor de 3 horas, ambos miraban de un lado a otro y trataron de mover su cuerpo para no encalambrado pero aún así no querían dar el primer paso ninguno los dos pues habían que ambas razas eran peligrosas. Hasta que 15 minutos después aquella cosa decidió dirigirle la palabra y le preguntó: —¿De dónde eres tú? Te veo de tierra así que supongo que eres un humano, para que no son bien recibidos ¿Sabías tú eso? El rey un poco intimidado por la causa de que aquella criatura habla firmemente negó con la cabeza y aún permaneciendo callado deseo de escuchar las palabras de aquella cosa que nada felizmente mientras no paraba de hablar. —¿Acaso eres mudo? En nuestro mundo hay peces así entonces no deberías preocuparte sólo hace algunos gestos o aparenta algo y te entenderé...— dijo aquella cosa sonriendo ampliamente haciendo que el rey abriera más su curiosidad a este tipo de casos. El rey al fin se animó dirigirle la palabra y con voz fuerte le respondió: —por supuesto que hablo pero lo que no entiendo es como tú lo haces siendo un pez. El "pez" con los ojos muy saltones e impresionado tras ver que aquella cosas si hablaba decidió regalarle una sonrisa y pedirle que por favor La cuchara por su historia era bastante larga tanto como para poder necesitar todo el tiempo de su vida, cosa por la cual el rey afirmó y decidió tomar asiento en la arena para escuchar su historia muy claramente.
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