¿Quién Jodió a quién?
⚠️ ADVERTENCIA
Esta no es una historia de amor.
No hay príncipes.
No hay finales felices.
Solo una chica con hambre de venganza…
Y un hombre que la hizo arrodillarse con solo una mirada.
Prepárate para leer algo que no deberías desear.
Y aún así, vas a rogar por más.
🖤 PRÓLOGO
¿Quién jodió a quién?
La primera vez que lo vi, supe que no podía destruirlo.
No porque fuera más fuerte.
No porque fuera más listo.
Sino porque ya me estaba rompiendo… con solo existir.
Era imposible no notarlo.
Ethan Blackwell tenía esa presencia que hacía que el aire se detuviera cuando entraba a una habitación.
Vestía de n***o. Siempre de n***o.
Como si llevara el luto de todas las almas que alguna vez intentaron amarlo.
Tenía los ojos del color de una noche sin luna y una sonrisa que cortaba más que un puñal bien afilado.
Y aun así, lo acepté. El trato.
La oferta.
El contrato maldito que vendió lo poco que quedaba de mí.
—Haz que se enamore.
—Hazlo caer.
—Y luego… rómpelo.
Esa fue la orden.
Y yo, como una idiota hambrienta de sobrevivir, dije que sí.
Yo no era una santa.
Ya había jugado ese juego antes.
Era buena fingiendo. Mejor aún mintiendo.
Sabía mirar a los ojos y decir “te amo” sin sentir ni una punzada.
Sabía cómo tocar, cómo suspirar, cómo entregar mi cuerpo sin entregar nada más.
Pero Ethan no era como los otros.
Él no se dejaba poseer.
Te poseía a ti.
La primera vez que me tocó fue accidental. O eso creí.
Su mano rozó mi espalda baja en una sala llena de gente rica y podrida.
Y fue como si algo dentro de mí se quebrara en silencio.
Como si mi piel reconociera un idioma que nunca aprendí.
Yo lo iba a usar.
Lo iba a hacer arrodillarse.
Lo iba a mirar rogar por mí, por mis besos, por una mentira disfrazada de amor.
Pero lo que no sabía…
Es que él también tenía un plan.
Y que en su partida de ajedrez, yo era solo otra pieza.
Una que pensaba que estaba avanzando… mientras él ya me tenía perdida.
Ahora escribo esto desde el borde de su cama.
Una cama enorme, perfectamente tendida, donde aprendí a amar y a odiar en la misma noche.
Desde este infierno con sábanas de seda y demonios con trajes de diseñador.
Escribo esto desde el fondo de mi garganta, desde las lágrimas que ya no se atreven a salir.
Desde el eco de su voz diciéndome:
> —¿Creías que eras la única que sabía jugar?
Porque sí… yo fui contratada para romperlo.
Pero al final, fui yo la que terminó hecha pedazos.
Yo la que se enamoró.
Yo la que traicionó a quien menos lo merecía.
Yo la que creyó que el amor podía ganarle a la venganza.
Y si hoy me preguntas, con la voz rota y el corazón aún sangrando:
> ¿Quién jodió a quién?
Te diría que ambos.
Y que aún así…
volvería a hacerlo.
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