*Narra Mónica*
Cada día que pasa, lo torturo más con las fotos y de paso con el látigo, obviamente.
Tengo que conseguir que desconfíe de ella, para que así vuelva a ser mío y formemos una familia nueva.
No te quiere.
Le repetía una y otra vez cada vez que bajaba a verlo.
Lo que me preocupa, es que no come nada, ya ha bajado varios kilos, y tendré que resolverlo de alguna manera, porque tampoco quiero que muera.
*Narra Lila*
── un mes -dije mientras daba vueltas de un lado a otro, sentía las miradas de ellos puesta en mí.- ha pasado un mes y aún no sabemos nada, me voy a volver loca.
── cálmate cielo.
── ¡no! ¡no me pidas que me calme porque eso no va a pasar!
Se hizo un silencio.
Solo entonces me dí cuenta de que estoy llevando esto al extremo, le he gritado a mi padre cuando él no tiene culpa de nada.
Suspiré y me acerqué a él.
── lo siento papá, no quería gritarte, es solo que... ya no puedo más -y me derrumbé. Las lágrimas que he estado aguantando estos días no aguantaron más y salieron.-
── lo sé mi amor -me abrazó. Estuvimos un momento en silencio.- solo hace falta que ella de un paso en falso y sabremos donde está.
── pero es que -me interrumpió.-
── descansa, te has levantado muy temprano y últimamente te acuestas muy tarde, es necesario que duermas las horas suficientes por el embarazo.
── está bien -él limpió mis mejillas y besó mi frente.-
── te acompaño -dijo Madison.-
── yo también voy con ustedes chicas -dijo Alba.-
Las tres subimos a la habitación de Alex. Yo me tumbé en medio y ellas se pusieron cada una a mi lado.
── tienes que ser fuerte por mi sobrino -dijo Alba, que acarició mi barriga.-
── lo estoy intentando, pero es que ya no puedo más, esto es mucho.
── solo piensa en que en cuanto ella dé un movimiento en falso, él estará aquí otra vez -dijo Madison. Asentí. Ella besó mi frente.- ahora trata de dormir.
*Narra Madison*
Cuando Lila se durmió salimos de la habitación.
── en algún momento ella tendrá que cometer un error para que demos con ella.
── y cuando eso pase, me encargaré de hacerla sufrir por todo lo que le ha hecho a mi hermano, a Lila y a todos nosotros.
── me encanta esa mirada, pareces una loca.
── cuando se trata de mi hermano, nadie imagina lo que soy capaz de hacer por él. Si ella lo está torturando, le haré lo mismo a ella.
── cuando eso pase, déjame ayudarte, Lila es como mi hermana, y odio que ella le esté haciendo esto.
── muy bien, entonces la haremos sufrir, pero que esto quede solo entre nosotras dos, porque estoy segura de si mamá y Julio se enteran, no nos dejarán hacer nada.
── vale. A todo esto, ¿a qué te dedicas?
── llevo la empresa que tenemos fuera.
── ¿y no tienes pareja?
Ella sonrió y apartó la mira.
── ah -dije sonriendo.- con razón nunca vienes.
── pero tú ni media palabra, si mamá se entera empezará de cansina con que quiere conocerlo, y él y yo estamos bien así.
Junté mis dedos índice y pulgar, y los llevé a mi boca haciendo un movimiento como si arrastrara una cremallera, en modo de que no diré nada.
── vamos -tiró de mi mano y bajamos.-
── ¿se durmió? -preguntó Julio.-
── sí -dijimos a la vez.-
── ya me está preocupando verla así, se está desesperando, y estoy seguro de que no aguantará más -dijo él.-
── esa mujer tiene que cometer un error para que demos con ella -dijo Teresa.-
Los días fueron pasando, Lila estaba ida. Se quedaba mirando a un punto fijo sin hablar durante horas.
Nos tiene a todos preocupados.
*Narrador omnisciente*
Cada vez que Alex la veía entrar, sabía que continuaría su pesadilla.
Se ponía a negar con la cabeza, tambaleaba su cuerpo y susurraba cosas que ella no lograba entender.
Cuando ella le daba con el látigo, él se volvía ajeno a ello, era como si no le estuviese pegando. No sentía dolor alguno, su mente estaba bloqueada por tantas mentiras que ella le dijo, mentiras que él había empezado a creer.
Su piel estaba pegada a sus costillas, las cuales resaltaban debido al hambre que ha pasado todo este tiempo.
Su pelo y su barba han crecido bastante, tanto, que es casi irreconocible.
Tiene el cuerpo lleno de marcas, algunas de ellas desaparecerán, pero otras, se quedarán marcadas en su piel y en su corazón recordándole una y otra vez esta pesadilla.