SOMBRAS ENTRE LOS ARBOLES

687 Words
Kael corría entre los árboles con la velocidad de una flecha, su pelaje n***o fundiéndose con la oscuridad del bosque. Aún podía sentir el calor de la mirada de Daniela en su pecho, como si una parte de él se hubiera quedado allí, junto al río, mirando esos ojos grises que contenían siglos de amor dormido. Pero no había tiempo para sentimientos. El llamado había sido claro. La manada estaba en peligro. El aullido provenía del este, cerca del límite del bosque. Una zona que los Velkanar evitaban desde hacía años. No por miedo, sino por respeto. Era territorio muerto, tierra seca donde los árboles ya no susurraban y los animales callaban. Kael llegó al claro agrietado justo cuando los primeros miembros de la manada salían de entre los arbustos. Eran cinco, en su forma de lobo. Uno de ellos, un joven de pelaje pardo llamado Lenar, jadeaba con el costado herido. —¿Qué ocurrió? —preguntó Kael mentalmente, sin cambiar de forma. La respuesta vino como una imagen, no como palabras. Un destello oscuro, una figura que no era humana ni criatura, que se movía con una velocidad antinatural. Una sombra que no pertenecía a la luna ni al bosque. Lenar temblaba mientras se mantenía en pie. —No era uno de nosotros. Ni de los nuestros… —su voz mental era frágil, como si el recuerdo mismo lo desgarrara—. Nos observaba. No tenía olor. Solo… silencio. Kael se acercó y lo olfateó. La herida no era profunda, pero sí inusual. No había marcas de garras ni colmillos. Solo una especie de quemadura. Algo extraño había tocado a Lenar. Algo que el bosque no conocía. El resto de la manada lo miraba, esperando una decisión. —Nadie más regresa solo a esta zona —ordenó Kael mentalmente—. Y tú, Lenar, descansa. Has hecho bien en avisar. Pero en su interior, Kael sentía una alerta que no decía en voz alta. El regreso de Aruma… no había sido ignorado. Esa noche, Daniela no podía dormir. Se revolvía en la cama como si algo dentro de ella se despertara por partes. Recordaba los ojos del lobo. Su silencio. La manera en que la miró, como si hubiese esperado ese encuentro toda la vida. Y lo más extraño… el lobo le parecía más humano que muchas personas que conocía. Apretó el dije contra su pecho. Sentía que el objeto tenía vida propia. Que cuando lo sostenía, algo le hablaba desde dentro. De pronto, una sensación de frío llenó la habitación. No era físico. Era algo más profundo. Como si una sombra la atravesara sin tocarla. Se sentó, alerta. Por la ventana, el bosque se veía quieto. Demasiado quieto. Daniela sintió que algo no estaba bien. Lejos de allí, Kael caminaba solo entre los árboles. Se había separado de la manada para investigar. Algo en el aire lo inquietaba. No era solo el regreso de Aruma. Era como si otra fuerza hubiera despertado junto a ella. Y entonces lo sintió. Una ráfaga helada le atravesó el lomo. Se giró. Nada. Ni un movimiento. Pero el bosque… ya no le hablaba. No como antes. Una figura surgió de entre la niebla. No tenía rostro. No tenía forma clara. Pero Kael la reconoció. No por lo que era… sino por lo que le faltaba. Luz. —Tú no eres del bosque —gruñó, con voz apenas audible en su forma de lobo. La figura no respondió. Solo retrocedió hacia la sombra. Pero antes de desvanecerse, dejó algo caer al suelo: un pedazo de tela, oscuro, con un símbolo grabado en rojo. Era una media luna… pero rota. Kael la olfateó. No tenía olor. Y eso era lo más peligroso de todo. Daniela despertó sobresaltada. Había tenido un nuevo sueño. Un claro. Una batalla. Fuego. Y esa figura sin rostro avanzando hacia ella mientras Kael —o quien fuera aquel hombre-lobo— gritaba su nombre: ¡Aruma! El dije brillaba con intensidad. Y al mirar por la ventana, por un segundo, creyó ver unos ojos verdes observándola desde los árboles. No estaba sola. Y ya nada sería igual.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD