Mount —Cuéntamelo todo. Es una orden que pronuncio con voz cortante mientras enciendo la luz. Verla en este apartamento de mierda, temblando de miedo, aumenta la furia que me provoca ese hombre que nunca debería haberse acercado a ella otra vez. Hace horas iba perfectamente vestida con ropa de diseñador, me desafiaba como una emperatriz. Ahora tiene la cara cubierta por el pelo y los ojos, rojos por haber llorado. Y todo por culpa de ese... ¡Joder, como la haya tocado...! Amira se ríe, pero es una risa amarga. En vez de reverberar en las paredes, el sonido es absorbido por el yeso agrietado y la pintura desconchada. El ventilador del techo cruje mientras gira, y yo espero a que hable. Se abraza la cintura, y me pregunto si va a venirse abajo. —¿No lo sabías todo? —me suelta. Me saco

