Al día siguiente, cuando Davina abrió los ojos, la suave fragancia de una rosa invadió sus sentidos. Confundida, se incorporó y vio una rosa roja descansando sobre su mesa de noche, junto a una nota cuidadosamente doblada. Su corazón latió con fuerza al reconocer la elegante caligrafía. ** «Te ves preciosa mientras duermes. ¿Sabes que pronunciaste mi nombre mientras soñabas? ¿Acaso era un sueño húmedo? Si me cuentas lo que soñaste, prometo que podemos hacerlo realidad. Debo trabajar, pero no te preocupes… te recogeré pronto. Tuyo, Lexter Rinier.» ** Un calor abrasador subió por su cuello hasta teñir sus mejillas de rojo. Su respiración se aceleró mientras releía la nota, incrédula y, al mismo tiempo, embargada por una mezcla de nerviosismo y excitación. ¿Había dicho su nombre? ¿Re

