Cuando Lexter vio a Davina tambalearse y caer en los brazos de Miguel, algo dentro de él explotó como un volcán en erupción. Su pecho se llenó de un calor abrasador, y antes de darse cuenta, ya había dado un paso adelante. Con un movimiento brusco, la tomó del brazo y la apartó de Miguel con tanta fuerza que Davina tropezó ligeramente. —¡No la toques! —rugió Lexter, sus ojos llameantes fijos en Miguel. Davina lo miró atónita, incapaz de procesar lo que estaba sucediendo. Miguel, por su parte, entrecerró los ojos, tan lleno de rabia como de desafío. —¿Qué te pasa, Rinier? —espetó Miguel, avanzando un paso hacia él—. ¿Qué crees que estás haciendo? Antes de que Lexter pudiera responder, una voz fría y cortante los interrumpió. —¿Qué sucede aquí? —Amelia apareció de repente, con los bra

