Volver a tenerla en mis brazos fue la sensación más gratificante que un hombre pueda sentir. Con un simple beso Fiorella supo llenar esos espacios donde el vacío y el frío eran arrasadores. Me sentí como un niño. Si bien sabía que la extrañaba, no había medido la magnitud de mi necesidad por ella. Apenas sentí sus labios sobre los míos, me entró una desesperación que solo me empujaba a seguir probando más y más de ella, de sus labios, de la calidez que se siente juntar sus labios con los míos, de lo sublime que puede ser el recibir todo el calor de sus labios y la invasión de su lengua dentro de la mía. El placer es indescriptible. Amo a esa pequeña de una manera irracional. Hubiera querido llevarla conmigo al salir de allí, pero como era de esperarlo, volvió a poner la barrera que inter

