- Hola Paúl –lo saludo gratamente- Gracias –le digo al ver que me ofrece su mano para terminar de bajar los escalones del estacionamiento-. - Hola Fiorella, no hay que agradecer, ayudarte para mí es un placer –me responde con una espléndida sonrisa en su rostro-. Apenas empecé a bajar los escalones de la entrada que da hacía el estacionamiento, a lo lejos pude ver a Oliver dentro de su automóvil, por momentos tuve miedo de que pudiera salir del auto y hacer cualquier locura. Por fortuna nada sucedió. Me da tristeza actuar de esta manera, pero él no me ha dejado más opción. Entró a mi vida de golpe, me impuso su presencia sin preguntarme si estar con él era lo que realmente yo quería, solo hizo exigencias, muy sutiles, pero exigencias al fin y al cabo. Hemos disfrutado junto

