DINASTÍA
Capítulo 1:
Cuando naces en el mundo nadie te dice en qué lugar será o en qué familia. No sabes si tendrás la fortuna o privilegio de nacer en una familia adinerada o el infortunio de tener una vida miserable y humilde como lo fue la de Camila. Que por no tener dinero para pagar por una consulta en el hospital sus padres fallecieron.
Camila no tenía quien se hiciera cargo de ella, que al fallecer sus padres simplemente fue llevada a una casa hogar apareciendo como huérfana, sin que nadie realmente investigara a que familia pertenecía. Camila tenía un recuerdo vago de lo que había pasado cuando ellos iban a ir de paseo. Sus padres querían que conociera a su abuelo, al padre de su padre; pero, en el transcurso un hombre que venía manejando ebrio los embistió.
Camila iba en el sillón para bebé, tan solo tenía apenas cuatro años, ella solo sintió un golpe y una luz fuerte que parpadeo frente de ellos, todo se oscureció para ella. Cuando Camila despertó estaba en una habitación donde había muchos niños, le dijeron que sus padres habían muerto en aquel trágico accidente. Estaba temerosa, necesitaba a su madre, Camila recordó que había llorado toda esa noche, necesitaba a sus padres, ella quería verlos. Pero solo le dijeron que durmiera, que no llorara porque nadie le haría caso.
Pasaron los días y lo único que la acompañaba era su osito Teddy, el cual fue un regalo de su papá para su cumpleaños. Le habían dicho que era a lo que se había aferrado cuando la trasladaron al hospital. Después cuando creció, Camila se dio cuenta que el lugar a donde la habían llevado en realidad era un orfanato. Si, de esos a donde llevaban a los niños sin padres ni parientes que se hagan cargo de ellos. No estuvo mucho tiempo, solo un par de meses después llegó un matrimonio, que cuando Camila vio aquella señora tan bella, sintió que había visto el reflejo de que era su madre quien iba a por ella.
La mujer le sonrió al mirarle…
De un día para otro, Camila ya estaba en una gran casa muy bonita y le decían que tenía una abuela a la cual debía llamarla mamá Elena, un hermano llamado John, un señor al que debía llamar padre y una madre la cual no era su madre. Esa mujer bonita a la cual ahora ya le había prestado atención y se dio cuenta que no era su mami, pero Camila supo que la llamaban Noelia Macmillian de Miller.
Su hermano la aceptó a pesar de que en gran parte le robaba la atención de su madre, debido a que Noelia siempre pasaba tiempo con ella. Le cepillaba el cabello y le daba muchos besos, la verdad que Noelia era una mujer adorable.
Su esposo Mario Miller la aceptó muy bien, aunque él siempre prefería pasar el tiempo con su hijo John, ya que él era el hijo que siempre deseó y el producto de su gran amor, quien ahora debía llamar padre. Los Miller, eran una pareja que destilaban amor y quienes los conocían, sabían que su amor el uno por el otro era verdadero. Ellos le recordaban mucho a su familia o lo poco que recordaba de ellos, ya que por los golpes y al ser pequeña los recuerdos solo eran muy vagos.
Pasado el tiempo Noelia enfermó, a pesar de tener muchísimo dinero, simplemente no había cura en el mundo para su enfermedad, de ahí Camila aprendió que por mucho dinero que pudieses tener, este mismo no compraba la felicidad. Si lo sabría ella, por todo lo que había pasado y que su vida de privilegios solo se reducía a una jaula de cristal.
Noelia, su madre adoptiva la adoraba, pero de repente llegó un joven mayor que su hermano John. Apenas y si lo recordaba, sus ojos verdes azulados la miraron, que solo fue hasta ella cuando Noelia le indicó que Camila era su muñeca.
—Mira Edward ella es el nuevo m*****o de la familia, se llama Camila y es mi muñeca. Dime—preguntó—. ¿Verdad que es adorable? —dijo, mientras le ayudaba a acomodar un pequeño moño en la cabeza.
—De verdad que es adorable—comento él, mientras le pellizcaba una de sus mejillas—. Parece manzana.
—Lo sé, pero la quiero tanto, que es mi hija del corazón—dijo Noelia en lo que John se acercaba a ella.
—¿Y yo mami? —Preguntó John—. Soy tu hijo del corazón también—inquirió él mientras se acurrucaba del otro lado donde estaba Camila.
—Por supuesto que sí —respondió—. Tú eres mi razón de existir—dijo sonriendo tras darle un beso a ambos.
—Bueno hermana, tengo que irme ya que mamá Elena ya me está esperando para llevarme al internado, solo espero que los estudios me permitan venir en vacaciones—dijo Edward dándole un beso en la mejilla, Noelia solo le dio un abrazo aquel joven y un beso en la mejilla—. Me duele mucho separarme de ti, solo que con esta enfermedad—se señaló—. No me deja viajar muy seguido.
—Te tienes que cuidar, sabes que ahora ella también te va a necesitar—hizo una pausa antes de continuar—. Y no te olvides, que yo también te necesito hermana…
El gusto de tener una madre solo le duró un par de años más a Camila. Noelia conforme pasó el tiempo, se fue apagando a pesar de irradiar muchísima luz. Tan solo un día, ella ya no despertó por más que trataron de hacerla reaccionar. Camila y John solo se abrazaron, cuando el médico les dijo que Noelia ya no estaba.
Camila recordó que solo tenía 6 años y que no entendía lo que acababa de suceder, le habían dicho que su madre ya no estaba y que no la volvería a ver. Camila recordó que a ella y a John les pusieron ropa color negra y le dieron una flor a cada uno.
John se encontraba de la mano de su padre, pero para Camila solo era el señor Miller, porque él nunca fue una figura paterna para ella. Él nunca había fungido como su padre. Una vez que su madre Noelia falleció, Mario Miller solo se centró en cuidar de John, que se lo llevó junto con él unos años, pero para Camila fue diferente, porque no sabían qué era lo que iban hacer con ella.
Algunos de los miembros de la familia, decían que la regresaran al orfanato de donde la habían sacado, otros que la llevaran a un internado donde la educaran. Mamá Elena estaba tan afectada que ni siquiera tenía voz para discutir y más cuando Emma Walton comentó de manera despectiva que Camila solo era una recogida y que debían echarla a la calle como los perros, porque ellos tenían que batallar con ella.
Pero el joven Edward Macmillan intervino, Camila lo recordaba muy bien porque solo dio un grito…
—¡Basta! —Alzó la voz—. Esa niña desde que llegó fue la luz de mi hermana. Era lo que Noelia necesitaba para ser completamente feliz, así que ella—la señalo—. No irá a ningún lado, yo apelo a que mamá Elena se haga cargo de ella. —dijo Edward, mirando aquella anciana desecha por la pérdida de su nieta.
—No me niego hijo, solo que por el momento no estoy en condiciones de hacerme cargo de una pupila. Esta pena es muy grande que no sé, si yo pueda reponerme, creo que lo mejor por el momento sería mandarla a un internado por un tiempo y pues después ya veremos. —comento la abuela triste por la pena que la embargaba.
—Pues bien, mi hermana le dio su apellido y apelo a que Mario no se desentienda de ella —comento Edward mirando a su cuñado Mario Miller, quien estaba igual desecho que la abuela, por la pérdida de su esposa.
—Cuñado, la verdad ahora solo tomaré a mi hijo y me lo llevaré conmigo pero solo él y yo, no puedo hacerme cargo de la niña, sé que tu hermana la quería, solo que yo nunca pude verla como una hija—dijo Mario dolido.
—Pues bien, como yo lo veo es que nadie se quiere hacer cargo de ella, la mandaremos a un internado, pero solo será por un tiempo en lo que pasa este trago amargo. Todos los gastos serán cubiertos por los Macmillan, de eso no hay problema. Pero Mario, mamá Elena, Rafael y Emma. Se le va a respetar la herencia que le pertenece a Camila Miller, la cual tengo conocimiento que mi hermana le dejó, así como un fideicomiso que yo mismo me haré cargo de darle para su educación.
—Pero Edward, piénsalo, Camila, ella solo es una recogida que no tiene por qué darte tanto dinero, con que solo le paguen su educación es más que suficiente —comento Emma Walton muy molesta, por la decisión que Edward estaba tomando. Aunque él solo era un adolescente, el don de mando que tenía ante la familia era imponente.
—Esa es mi decisión y espero que la respeten, no estaría tranquilo solo pensando que esa niña que mi hermana tanto quería, solo esté rodando por ahí—miro a Larry—. Por favor consigue el mejor internado del país, donde comience su educación en lo que todos se reponen a la pérdida y después de un tiempo ella pueda regresar a la familia.
—Pero hijo tú apenas eres un niño, como para cargar con esa responsabilidad, sabes bien que no puedes tomar esa decisión, piensa después de un tiempo solo va a estorbar. —comento Emma Walton tratando de que reconsiderada las opciones.
—Ya tomé mi decisión y mamá Elena espero me apoyes con su tutoría, es todo lo que te pediré en memoria de mi hermana —dijo él mirando a mamá Elena.
—Si hijo, cuenta conmigo, sé que Noelia la quiso mucho y yo también la quiero, es solo que por el momento no me siento capaz de cuidarla, pero en cuanto me recupere la cuidare, sabes que lo haré. —Hablo mamá Elena, solo levantándose para ir a su habitación.
—Bien eso es todo, ya que partiré de inmediato, yo también tengo que recuperarme de la pérdida de mi hermana y no solo eso, llevaré mis estudios en el extranjero así que esta plática queda hasta aquí. —entablo el joven, saliendo de aquella habitación para irse a la suya.
Camila recordó muy bien estar en el salón con John, estaban jugando, él con sus cartas de mago y ella con sus muñecas, cuando llegaron los hijos de los parientes lejanos de su madre ya fallecida, Alisa e Israel.
—Hola tú debes ser la recogida, me dijo mi madre que no jugara contigo. —comento Alisa, jugando con una muñeca mucho más bonita que la que traía Camila.
—Ella no es ninguna recogida, ella es mi hermanita deja de molestar —dijo John jalándola para abrazarla, Camila se abrazó a él, ya que John sólo era dos años mayor que ella.
—Dijo mamá que contigo si jugaremos, pero con ella no—. Dijo Israel acercándose a Camila para jalarla de los cabellos.
—Te dije que dejaras a mi hermana —hablo John, solo aventándolo hacia la pared y dándole un puñetazo a Israel.
En ese momento entró Emma Walton muy molesta…
—¿Qué pasa aquí?
—Bu… Bu… Mamá John me pegó, porque no queremos jugar con Camila —dijo Israel corriendo hasta llegar a su regazo.
—¡Ya viste lo que hiciste! ¡Maldita recogida! ¡¿Cómo te atreves a querer jugar con mis hijos?! —Dijo clavándole la mirada—. Lo bueno es que te enviaran a un internado y dejaremos de verte por mucho tiempo ―dijo con voz amenazante―. Hijos vámonos, no es bueno que se junten con la basura.
Al siguiente día como maldición, sólo la levantaron muy temprano para que bajara al ala principal de la mansión, donde sus maletas ya estaban listas. Ni siquiera le dijeron nada, solo que Larry, el hermano de Edward que vivía con la familia de sus padres, la llevaría a un internado en Atlanta.
La subieron a un avión, donde le abrocharon el cinturón, Camila no tenía miedo ya que su madre la había llevado de viaje con ella y John a la playa. Así que viajar de esa manera no era novedad para Camila, se acomodó en el asiento y se durmió. Cuando despertó le dijeron que ya habían llegado, donde la subieron a un carro muy grande, que en ese entonces Camila no sabía que era una limosina. La llevaron a una gran jaula de oro donde estuvo recluida por casi 9 años.
La abuela la iba a visitar con frecuencia y venía de vacaciones para pasarla junto con Camila, aunque a veces las cenas navideñas solo eran la abuela y ella. Ya que John estaba lejos junto con su padre en Australia.
Una vez la habían llevado a visitarlo, Camila estuvo con él un par de semanas hasta que le dijeron que al término del instituto y la entrada a la nueva escuela sería en Londres, fue ahí cuando regresaron casi un mes después a Boston, donde estuvieron muy felices.
Aunque John no estaba en la mansión tanto como quisiera, debido a que su padre se había vuelto a casar y John solo pensaba que, el señor Mario solo se quería deshacer de él. Mario Miller dejó de visitarlo, ni siquiera en el internado de Londres lo fue a visitar. Solo ella y mamá Elena iban a verlo, pero del joven que recordaba no sabía nada, solo que igual que ellos se encontraban en el extranjero terminando su posgrado. Mamá Elena hablaba mucho de él, que era el tío de John y hasta su propio tío de ella, aunque casi no tenía muchos recuerdos de él.
Un tío solo 10 años mayor que ella, Camila siempre pensó que los tíos debían ser mucho mayores, pero tampoco lo sabía, ya que Camila carecía de saber lo que era tener un tío o una familia, alguien que estuviera ahí.
Camila estaba por graduarse, cuando le informaron que mamá Elena estaba un poco enferma, así que le hablo a John para que le hablara a Larry y le dijera que quería ir a verla y estar con ella. Mamá Elena era la única conexión que tenía de su madre adoptiva y Camila no quería perderla, ella regresó cuando apenas tenía 22 años, ahí continuaría con sus estudios, pero estaría al pendiente de su abuela por así decirlo.
Mamá Elena mejoró mucho cuando Camila regresó, así que su abuela le dijo que regresara a sus estudios en el extranjero, pero Camila ya no quiso. Supo por John que vuestro tío había ido a visitarlo después de tanto tiempo, que si ella hubiera estado en el campus lo habría visto. Pero para esas ya estaba cursando en Nueva York su maestría en negocios internacionales y ya era momento de regresar a Boston, para iniciar hacer sus prácticas en la empresa, ya debía hacer efecto de su herencia y parte de las acciones que su madre la había dejado.
Al llegar a la mansión la recibió mamá Elena muy feliz por su regreso, creía que el estar sola por mucho tiempo le había pasado factura. Pero esta familia así era, nunca estaban reunidos ni siquiera en navidad.
Continuará…