**RITA** El local de al lado del taller de Sergio era un hervidero de actividad controlada. Desde la acera podíamos escuchar el sonido de martillos, taladros y lo que parecía ser Patricia dando instrucciones precisas en un tono que no admitía discusión. Era como escuchar a un general coordinando una batalla, pero en lugar de soldados, tenía obreros, electricistas y diseñadores. —Dios mío —exclamó Sergio—, ¿tu amiga siempre parece estar supervisando la edificación del canal de Panamá? —Patricia, no hace nada a medias —le expliqué mientras empujaba la puerta—. Cuando se obsesiona con algo, se convierte en una fuerza de la naturaleza. Yo solo trato de mantenerme fuera de su camino y financiar sus visiones. Al entrar, nos recibió un espectáculo que me quitó el aliento. En apenas una semana

