**RITA** Los invitados comenzaban a acercarse como buitres elegantes, sus felicitaciones sonando huecas y calculadas. Podía ver las miradas de envidia, curiosidad y especulación. Algunos susurraban entre ellos, otros tomaban fotos discretas. El circo había comenzado, y Sergio era el león en el centro de la pista. Manuel se acercó con esa gracia felina que había aprendido a desconfiar, esquivando grupos de invitados con la naturalidad de quien sabe que todos los caminos le pertenecen. Su sonrisa ya no me engañaba; había aprendido a leer las mentiras que se escondían detrás de esos dientes perfectos. Su mirada se posó en mí, como si quisiera leerme, como si esperara que yo reaccionara con gratitud, con sorpresa, con cualquier emoción que lo hiciera sentir superior. —¿Te gustó el anuncio?

