**RITA** No, no podía ser. Era demasiada coincidencia, demasiado… perfecto. “Sergio”, dije, y mi voz sonaba extraña, incluso para mis propios oídos. “¿estás completamente seguro de que Manuel es de esos Montero? ¿Los Montero de la cadena de autos y ahora invierten en hoteles? ¿El hijo único del difunto Eduardo Montero?” —Ese mismo. —No, no es posible. Manuel es un despreocupado, no puede tener ese tipo de responsabilidades. —Eso mismo digo, hermanita. Nunca te vayas a fijar en él. Es un mujeriego muy conocido. —¿Cómo es posible que pertenezca a tan prestigiosa familia? Yo pensé que había engañado a la tonta de la hija menor. Camila, en realidad, es su hermana. Sergio me miró como si hubiera empezado a hablar en otro idioma. — Sí, ¿por qué? ¿Qué pasa, Rita? Te pusiste pálida. — Nad

