CAPÍTULO 8
Cuando era niña, miraba el cielo, creía que encontraría paz en el, pero siempre, pensaba en lo mismo…
Baje del coche de Hades rápidamente caminando por los pasillos aturdida, nerviosa, con el corazón hecho un puto nudo.
Podía sentir sus pasos siguiéndome, pero eso no lo tomé en cuenta, presione los botones una y otra vez del elevador, las manos de Hades me sujetaron del rostro.
—¿Que pasa Taylor?
Cuando Nelly habló con Drake le dijo que el Cáncer estaba siendo agresivo, desplace la mirada aún aturdida.
—Está es la razón por la que volví—, dije en un hilo de voz.
Las puertas se abrieron, me introduje presionando el piso que había dicho mi hermana, era doloroso pensarlo.
Hades no entendía nada, de igual modo yo no tenía intenciones de explicarle, tampoco creí que me terminaría por insistir en decirme que no podía dejar que me fuera en ese estado sola.
Las puertas del elevador se abrieron y camine velozmente a la sala de espera con la mayor rapidez que los tacones me dieron oportunidad.
Drake se giró al escuchar el soñar de los zapatos chocando con el suelo, ahí, apoyado en sus rodillas noté como las cosas iban mal, su mirada lo decía todo.
Se levanto para abrazarme, pasando su mano por mi cabello, consolándome.
—Lo siento, Tay—. Se disculpó.
—¿Cómo está ella?—, pregunté directamente, separándome de él—. ¿Les ha dicho algo el doctor?
—Sus pulmones se han llenado de líquido. Ha empeorado Tay—, confesó Nelly, di un paso hacia atrás. Quería que fuera mentira…—. Metástasis, el cancer se ha propagado.
Sentí las manos de Hades en mis hombros, me sentí completamente pequeña…
—Mejorará, ¿No?—, Alenté, ellos se miraron entre sí—. La abuela mejorará…
—Le dan un par de meses quizá, Taylor.
***
Mire hacia el estacionamiento, recargada en la pared fría y el maquillaje corrido, el sonido de las sirenas de la ambulancia me aturdían—demasiado—y los sentimientos dentro de mí se sentían fatídicos.
—¿Miranda lo sabe?—, preguntó Hades, le miré de reojo.
—No. No tienes que quedarte aquí, me iré con Nelly—, añadí para resoplar—. Deberías de estar en aquella cena.
—¿Desde cuando tu abuela tiene cancer?
—Yo me enteré este año, hace unos días y supongo que tampoco quise procesar la noticia—. Sonreí sin gracia—. La abuela quería que siguiera mis sueños, así que les pidió a mis hermanos no decirme que ella había enfermado.
Su mirada se desplazó, con culpa.
—No tienes que quedarte, no quiero tu lastima—, limpie las lagrimas de mis ojos—. Vete.
—Eres una bruta—. Se saco el saco y me sujeto del rostro—. Podré sentir tantas cosas por ti, pero lastima, no—. Finalizó.
Me colocó el saco en los hombros mirándome a los ojos, con seriedad.
—¿Entonces qué haces aquí?—, pregunté, sujetando el saco.
Me negaría a usarlo, pero el vestido era muy transparente se la parte de arriba.
—Una noche. Puedo no odiarte una noche, cuando lo que necesitas es a alguien—, me dijo acariciando mi mejilla—. Así que… ¿Estas bien?
Negué con los ojos llorosos, podía recordar cómo es que había perdido a mamá por dicha enfermedad, era demasiado.
Sorprendentemente para mí, me abrazo y no pude evitar llorar, las lagrimas desbordaron mis ojos…
—Perdí tantos años por irme a Los Ángeles por miedo a ese secreto, a ese rumor—, alargue en un susurro—. Pude haber estado con la abuela.
—Tay, mírame—, Sus manos me sujetaron del rostro—. Tu no sabrías del Cáncer, no puedes ir culpándote por no haber estado, es algo que no queda en ti.
Pero, ¿Que sentido tenía? Si con el paso del tiempo la vida se sentía un poco más extraña, inocencia interrumpida. Con lo del Cáncer de mamá, el como papá se fue de casa con aquella noticia, cada paso, todo se sentía extraño.
—Eres ma…
—Es la primera vez que los miro sin que parezca que se quieren sacar los ojos—, se burló James, desplace la mirada encontrándolo ahí, con su traje perfectamente arreglado—. ¿Cómo sigue la Sra. Smith Tay?—. Cuestionó.
Hades me soltó con un suspiro pesado dando un paso hacia atrás.
—Estas en todas partes, ¿No?—, resoplo con molestia Hades—. Debías de quedarte en el evento.
—Lo habría hecho. Pero Tay necesita a alguien que esté con ella—, le dijo tranquilamente—. Lindo gesto que te tragaras el odio para venir hacia acá, considerando lo horrible que piensas que es pasar tiempo con ella.
—Regresaré adentro—, dije en un hilo de voz.
No quería escuchar como ambos parecía que se tiraban veneno de manera disfrazada, no era el momento, no era el momento de ver cómo es que ellos se odiaban y querían hacerlo notar.
Entendía que ambos querían con Miranda, pero me parecía completamente reprobable que el modo en el que ellos quisieran hacerse notar quien era el mejor fuera en el estacionamiento de urgencias del hospital donde se encontraba mi abuela.
Apenas miré en dirección de Drake me di cuenta que esto era mucho más allá de lo que yo creía, era curioso pero el tiempo no se detendría ya, ellos habrían tomado sus decisiones, me sentía pequeña…
No sabía en qué momento se habría venido hacia abajo, pero ahora no había absolutamente nada que lo hiciera sentir en paz.
—¿Estas bien?—. Indagó Drake, colocándose frente a mí, con un vaso de café—. ¿Quieres?
—Estaré bien. Y no, gracias—. Añadí lo último—. No quería abandonarlos, lo siento.
—Sabes, me arrepiento de lo que te dije—, confesó después de unos segundos—. No eres igual a papá.
—¿Te ha buscado…?