CAPÍTULO 9
Mire hacia el espejo, recién había regresado del gimnasio, estaba agotada y quizá, me excedí en el ejercicio el día de hoy, con muchos pensamientos comiéndome la cabeza como las termitas a la madera.
—Estas en todas las portadas de revista—, la puerta se cerró dejando ver a Miranda—. No te va a gustar.
—¿Estar en la portada de una revista?—. Me mofé quitando mi cabello del rostro—. Eso…
—No es eso, si no que apareces con Hades—. Completo dejando la revista en mis manos—. Acreditan que te has convertido en modelo por ello, por salir con él.
—Que tontería—, exclamé releyendo el título.
“Taylor Smith a vuelto a los reflectores con su antiguo compañero de títulos. Rumores.
¿Será que su nuevo salto a la fama sea gracias a un romance?”.
La revista comenzó a arrugarse a medida en que mi mano la presionaba, enojada, bastante enojada.
—Hey, no la he terminado de leer—, exclamó quitando esta de mi mano—. ¿Que hacían en el estacionamiento del hospital?
—No salgo con tu novio, puedes ir tranquila—. Dije borde saliendo de ahí.
Caminando por los pasillos enojada, buscando con la mirada a Hades, debía decirle a los demás que esto era un rumor de los baratos, que yo no salía con nadie.
—Hey—, me tomo James del brazo, a lo que le miré a los ojos—. Parece que has visto ya los titulares de la revistas.
—Ridiculeces.
—Pues con dichas ridiculeces la prensa se encuentra afuera, esperando que alguno de los dos salga—. Siguió James—. Quieren saber de que se trata.
—De un rumor—. Desplace mi mirada encontrándome con Miranda—. Creo que se ha molestado conmigo, por lo de Hades.
—Miranda vive enojada—. Señaló con burla.
Ella comenzó a caminar hacia acá, con el ceño ligeramente fruncido, tomándome del brazo. ¿Las personas no sabían hacer otra cosa?
—Sígueme—. Con coraje siguió caminando, hasta llegar a una oficina vacía—. ¿A que va todo eso?
—No se de que me estás hablando Miranda.
—Éramos amigas. Mejores amigas Taylor—, me recriminó cerrando la puerta—. Ahora me tratas como si fuera una completa desconocida.
—No lo hago.
—Después de la muerte de Katina te necesite—, me siguió reprochando, molesta—. Te fuiste y lo entendí, pero dime tu, ¿Cual es el punto de que me trates así?
—No te hice nada…
—Te has vuelto mi Dorothea—, dijo con una sonrisa nostálgica—. Y se que estaríamos ahí a en cualquier cosa si la otra necesita, pero no quiero que el tiempo nos consuma.
—Miranda, Taylor—. La puerta se abrió dejando ver a Hades, quien repasó en ambas, ella con los ojos llorosos y yo con el semblante serio—. Necesito que…
—Estamos teniendo una conversación—, le freno mirándole con coraje—. Necesito que nos des cinco minutos.
—No tienen cinco minutos—, dijo el, borde.
Aparte la mirada. Podía recordar todos los momentos que pasamos juntas, desde niñas, creyendo que esta ciudad nunca podría separarnos, siendo las que escribían el destino.
—Tres minutos—, cedió, cerrando la puerta.
—No tienes idea de lo mucho que te he necesitado Taylor—, me dijo enojada—, No solo tú perdiste a Katina, éramos todas.
—No quiero encariñarme contigo, más de lo que ya te quiero Miranda—, le confesé pasando mis manos por mi rostro, con cansancio—. Porque…
—Somos amigas, quieras o no—. Me dijo con enojo—. Pase los años más amargos de mi vida y te necesite.
—Lo siento—, camine hacia una de las ventanas, mirando lo alto del edificio—. Quise estar ahí.
—Se que tienes miedo, porque yo también lo tengo—, me confesó pasados unos segundos a lo que no pude evitar morder el interior de mis mejillas—. Pero no por ello te dejaré, es por tu abuela, ¿No?
—Miranda…
—Llame a Drake, después de suplicarle que me dijera que pasara lo hizo—, suspiro para sentarse en el sofá con una mueca marcada—. No quiero que el tiempo nos consuma, Taylor.
—¿Por que quieres seguir siendo mi amiga? Si he sido una mierda contigo.
—Porque… se que has pasado un par de malos días, pero al final. Se que dentro de ti, sigues siendo la misma persona.
Solté una risa sin gracia para sentarme a un lado de ella, es curioso pero creía que el destino ya se habría jugado demasiados ataques, demasiadas cosas que no podía mantener en el margen de un silencio, era mucho que pensar y a la vez absolutamente nada.
Le miré, y poder ver sus ojos con aquellas lagrimas intentando hacerme un mar de marea alta me hicieron sentir como si mi corazón se apretujara con demasiada fuerza, no podía pensar más allá de ello, más allá de todo.
No había nada dentro de mí que pudiera cambiar el pasado.
Y sabía, por mucho que lo odiara, que estos últimos meses, estos últimos años, me había traicionado a mí misma, ¿Cómo pude dejar que todo pasara tan rápido? Me traicioné como persona, por intentar poder formar parte de nuevo de una vida un poco menos jodida, pero…
Al final todo regresaría al di uno, al final no había absolutamente nada que pudiera cambiar el pasado, el futuro, ni mi vida en general.
De a poco en poco lo habría jodido absolutamente todo.
—¿Mejores amigas?—, le pregunté con una sonrisa ladina—. Preciosa, ya no tenemos cinco años…
—Pero te quiero como si aún los tuviéramos—, dijo sujetando mi mano—. Hasta el final.
—Hasta el final.