Angélica: Si se cierra una puerta, se abre una ventana

1099 Words
Angélica Hice una cita con un ginecólogo en la ciudad de León, le pedí hospedaje a mi amiga Natalia, mi madre me prestó su automóvil para viajar, pues yo había vendido el mío para irme a Canadá. A mi amiga Nat,  apenas y nos vimos para platicar, su trabajo la tenía totalmente ocupada, pues debía dejar todo listo para nuestro viaje. Ella aún no sabía nada de mi estado, no tenía idea del motivo de mi visita, pero prometió salir temprano para cenar conmigo. Viajé por la mañana, mi hermano Rodrigo quiso acompañarme, pero me negué, quería hacer eso sola. Aproveché para hacer algunas compras para el viaje, cosas de uso común. Caminé por el centro de la ciudad un rato, y me metí a comer a un lugar clásico de la ciudad. Café Allizon. Comí una ensalada deliciosa, y por supuesto un jugo de cítricos que era exquisito. No estaba segura si podía tomar café en mi estado, pero no me quise negar el antojo. A las 4:30, caminé a la clínica donde  estaba el consultorio del médico. No esperé demasiado y cual fue mi sorpresa, que el Dr. André Brounielle, era Doctora. Eso me fue un gran alivio, bastante incómoda es aquella situación. Me pidió que me pusiera una bata y salí a recostarme para el ultrasonido. La doctora me confirmó el embarazo. —Tienes 6 semanas de embarazo. Muchas felicidades, es muy pronto para saber si es niña o niño, pero todo parece normal. Está bien plantado el embrión en tu útero. No pude evitar sentir algo de emoción y nostalgia. Mi primer hijo, no lo esperaba de esta manera, me sentí tan tonta y tan feliz al mismo tiempo. Estaba tan enojada con Xavier por haberme dejado así, sin más. La doctora comprendió que la noticia no era del todo feliz. Me extendió varios folletos, para dar en adopción, ninguno del aborto, en mi país aún no era legal, y aunque lo hubiera sido, no estaba dentro de mis planes. —Gracias, este bebé no llega en el mejor momento de mi vida, su padre acaba de dejarme, y no sé como darle la noticia. Por lo que, estaré dentro de las estadísticas de las mujeres que se embarazan tomando la píldora y usando preservativo. Y solteras. —Si te sirve de consuelo, muchas mujeres somos madres solteras y hacemos bien nuestro trabajo. Así como me ves y siendo ginecóloga, me pasó lo mismo que a ti. Tengo una hija de 13 años. Su padre, un médico que andaba de paso por aquí. —¿Y él sabe que tiene una hija? —Le perdí la pista, y hace unos meses me contactó. Vendrá en un par de meses a conocerla. Angélica, cualquier cosa que necesites, no dudes en llamarme. Dirijo algunos grupos de apoyo, si te hace falta trabajo o alguna situación, apoyamos a mujeres. Atiendo emergencias a cualquier hora. Me quedé sin palabras, André era una gran mujer, y me estaba brindando todo el apoyo sin conocerme. Empatía, le llaman. LE platiqué mis planes, le interesó que que yo fuera psicóloga. —¿Crees que podrías venir a dar consulta a nuestras protegidas? No es mucho la paga, pero tal vez ese dinero extra te caiga bien. —Lo hablamos, lo haré con gusto. El tener varias opciones ingresos, me hacía muy feliz, aunque sabía que mis padres me darían lo necesario, sentir que podía con el paquete yo sola, me hacía sentir autosuficiente e importante. Al salir de allí, me dirigí al automóvil, manejé sin rumbo por un rato. Al llegar al edificio de Natalia, me estacioné en un lugar de visitas. Caminé a la puerta, la llave que me dio Natalia no abría la puerta principal. Estaba ligeramente atorada. —¿Te puedo ayudar?—Dijo un chico cargando una bolsa de gimnasio y vestido de tenista. —Gracias, está atorada. —Alguien forzó la puerta hace unos días, deben venir a revisarlo. Soy Lorenzo, ¿te acabas de mudar? No te conocía. —Soy Paulina. Estaré solo unos días con una amiga. —Natalia, del 302, me lo dijo. —¿La conoces? —Sí, soy su jefe, vivo en el 501. Pequeño que es el mundo ¿no? —Al final logró abrir la puerta y me dio el paso. Entramos al ascensor, y presionó el piso tres sin que yo se lo dijera. ME observaba de reojo, era atractivo y tenía un cuerpo muy atlético. Pero en mi situación “embarazosa”, no estaba yo para ligues y seguía con el corazón machacado. —Si estás libre uno de estos días, ¿puedo invitarte un café? — Me saca Lorenzo de mis pensamientos. —Gracias, pero no estoy ahora para vida social. Te agradezco. ¿Le dije que no? Sí, le dije que no. Estaba yo en shock. Pero no había otra respuesta. En otras circunstancias. En unos meses estaría panzona, y con las hormonas a todo lo que dan. Bajé del ascensor, y Lorenzo me sonrió y me dijo adiós con la mano. Entré al departamento de Natalia, la encontré hablando por teléfono, con Edy, no estaba segura como iba su relación, pero cada vez que le preguntaba por él, se ponía tensa. Colgó, y se acercó a saludarme. —¿Todo bien? —¿Vamos a La Antigua? —¿Aún vas a ese lugar? —Sí, pero ya no me subo a cantar, cambiaron al grupo desde hace unos meses. —¿En serio? —Así es, pero también tienen nueva administración y nuevo chef. Está delicioso. ¿Vamos? —¿Por qué no me habías dicho que tu jefe es tu vecino? —¿Conociste a Lorenzo? Es muy guapo, las chicas de la oficina mueren por él. Además es bastante agradable, aunque no tengo idea si tenga novia o algo así. Nunca lo he visto llegar con chicas a su casa. Bueno, cabe mencionar que vive con su padre, o mejor dicho, su padre vive con él. Está bastante enfermo. Tiene enfermeros cuidándolo todo el tiempo, tal vez su vida personal la tiene en otro sitio. —Me invitó a tomar un café. —Y no aceptaste. —No debo. —¿Xavier? —Terminamos, mejor dicho, se marchó sin decir adiós. Y… —¿Y? Con más razón debes salir con Lorenzo. Un clavo saca otro clavo. Entonces respiré profundo y me puse a llorar, sin parar. Natalia no sabía que decir. Ella creía que era por Xavier, la realidad era otra, mis planes habían dado un giro radical. Sería madre.
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