Natalia
Ferrán llegó a casa, acompañado de su insoportable novia. Giovanna Castello. Insoportable niña bien del norte del país. Le parecía poca cosa que llegaran a mi casa, Ferrán estaba apenado conmigo por su actitud y yo, honestamente, perdí toda amabilidad de ser servicial con ella. La primera noche, pasó Edy por mí, le pedí que fuera en automóvil para invitar a mis huéspedes a cenar por ahí. Pero la señorita se negó.
—Qué mujer tan insípida e insoportable.—Me dijo Edy cuando arrancó el coche.
—Ni que lo digas. Ferrán me habló maravillas de ella, pero al parecer está muy enamorado.
—Me parece que es una pareja de intereses.
—¿Qué quieres decir?
—A ambos les da estatus estar en esa relación.
—Vaya, te entiendo.
—Lo que a ella no le parece, es que Ferrán no la haya invitado a pasar la noche en un hotel de lujo. Y él se siente fatal por no poder hacerlo. Así funcionan las relaciones. Me merezco más y el hombre debe luchar por más.
—¿Así es nuestra relación?
—No lo creo, nosotros disfrutamos nuestra compañía, no tenemos que quedar bien con nadie.
Sonreí, me gustaba su forma de ver las cosas. Era un hombre trabajador, me consentía y me procuraba. Tenía pocos detalles, pero los tenía. Nos veíamos casi todos los días. A veces lo acompañaba a los bares a sus visitas de trabajo y otras quedábamos en vernos en algún lugar, por lo general en el bar de “La Antigua”.
Aquel miércoles, volví a casa y estaba Ferrán sentado en la terraza, solo, bebiendo una cerveza. Loly había huído, por lo que les había dejado su habitación a mis invitados.
Dejé algunas compras en la cocina y salí a la terraza.
—Hola, ¿todo bien?
—Siento mucho lo sucedido. Giovanna no tenía ganas de venir, la comprometí demasiado y…
—No tienes que disculparte. Sus asuntos son solo suyos y ya se resolverán.—Saqué un cigarro y lo encendí.
—¿Fumas?
—A veces. ¿Gustas?—Ferrán le dio un trago a su cerveza y tomó un cigarro.
—Dejé de fumar por ella. No salgo con mis amigos por ella. Todos los planes que hacemos son para darle gusto. A veces siento que no doy el ancho sus exigencias.
—¿Y así es el amor?
—No lo sé. Giovanna y yo andamos porque en la facultad comenzaron a molestarnos, que, si nos veíamos bien juntos, que los dos somos bonitos, y de pronto, cuando me di cuenta estaba enamorado hasta perder la conciencia y éramos la pareja del año.
No supe que decir. Ferrán era un tipo que no tenía nada que ver conmigo. Éramos polos opuestos, pero nuestra amistad había surgido así, de repente, sin aviso. Desde la boda de mi amigo Gil, Ferrán y yo manteníamos contacto por email. No eran frecuentes, pero me escribía de repente o conversábamos por el chat de h*tmail. Había surgido una amistad extraña, algo fraternal. Hasta mi amigo Gil se burlaba de mí.
—¿Y tú? No sabía que tenías novio.
—Bueno, todo comenzó el fin de semana que nos vimos en la boda de Gil. Comenzamos a salir, y apenas hace unos días formalizamos el noviazgo.
—Wow, se ve que la pasan bien.
—Así es, aunque aún es pronto para saber que pasará.
—Tienes dudas.
—No, pero uno nunca sabe.
Ferrán se levantó por una cerveza y me ofreció una. Continuamos conversando un rato más, reímos y comenzamos a recordar anécdotas de nuestra infancia. Algunas no las recordábamos pero nuestros padres insistían en repetirlas constantemente y de pronto, el reloj ya marcaba la una de la madrugada.
Me retiré a dormir, y lo escuché discutir con Giovanna. Sería un fin de semana intenso.
El jueves, me despertó mi hermano Jonás con una llamada telefónica.
—¿Qué quieres latoso?
—¿Ya llegaron tus visitas?
—Sí, por fa ven pronto. Tengo un día de locos.
Me preparé para irme a la universidad, tenía mucho trabajo aún con los stands del festival medieval. Este consistía en eventos donde todos acudían disfrazados, se vendían artesanías alusivas al tema y había cerveza, mucha cerveza.
Pasamos una larga jornada armando y pintando cosas, los alumnos de las carreras de diseño y arquitectura, éramos los encargados de ello, y por supuesto todo sumaba puntos para las calificaciones finales.
Encontré a mi amiga Paulina, caminado en los pasillos de la uni.
—¿Dónde te has metido?—Le reproché—He marcado a tu casa y al rancho de tu padre y no te localizo.
—Han pasado mil cosas — Me abrazó.— Te prometo ponerte al día de todo. ¿Cuándo nos vemos?
—¿Puedes este fin de semana?
—Tengo que ir al rancho, puedes venir si quieres.
—¿Puedo ir el domingo? ¿Y puedo ir acompañada?
—Claro, tendremos carne asada.
—Excelente.
A Edy le gustaría ir al rancho, estaba convencida de ello. Ahora solo tenía que ponerlo al tanto del plan.
Volví a casa por la tarde, Ferrán y Giovanna no estaban. ME dejaron una nota que habían salido a comer y regresarían para alistarse e irnos a la fiesta nocturna “El baile medieval”. Que no pasaba nada extraordinario mas que ir disfrazados, comer como vikingos y bebe cerveza.
Jonás y Óscar, ya estaban ahí, con sus amiguitos. Se marcharon antes, yo quedé en espera de Edy y Ferrán con su princesa.
A las 9 de la noche, Edy, llegó con su atuendo de vikingo, lo amé, se veía muy bien. Y yo, con mi traje de cazadora de dragones. La princesa con un vestido de cortesana y Ferrán con su atuendo de caballero medieval, D Artagnian.
Edy y yo la pasamos muy bien, como siempre, mis hermanos se portaron un poco odiosos con él, pero Edy se mantuvo a la altura de las circunstancias. Ferrán y Giovanna, discutieron en todo momento para no perder la costumbre.
En una de mis idas al tocador, la encontré llorando. Fue inevitable ignorarla. Me senté a su lado.
—¿Quieres hablar?
—Eres muy amiga de Ferrán, me gustaría tener las pláticas que tienen ustedes. Se ríen, se hacen bromas, tienen cierta complicidad. Nosotros estamos peleando todo el tiempo.
—¿Por qué pelean?
—Por tonterías.
—Pues si son tonterías, quizá deberías de dejar de darle importancia.
—No es tan fácil. A veces creo que ninguno de los dos somos felices en esta relación. Todo es tan forzado. Por favor no le digas nada a Ferrán.
—Es mi amigo, pero te doy mi palabra de mujer que no lo haré. No quiero meterme en lo que no me importa, pero tal vez el se esfuerza demasiado en complacerte y tu te muestras poco receptiva.
—¿Eso te dijo?
—No, yo me he dado cuenta de ello. ¿Tanto te cuesta salir con el a la terraza a conversar?
—No me invitó.
—¿Hubieras aceptado?
Giovanna se quedó pensando un rato. Su noviazgo parecía el de dos pubertos.
—Normalmente hacemos todo lo que yo sugiero. Y me molesta que a todo me diga que sí.
—Creo que esto deberías conversarlo con él. Cuando nos reencontramos, en la boda de mi amigo Gil, no habló más que de ti. Yo creo que no están en sintonía porque no se han sincerado. El teme perderte si no cede.
—¿Eso te dijo?
—No también se le nota.
Cuando salimos del baño, Ferrán y Edy también charlaban, cuando llegamos, Edy los dejó solos y nos marchamos a la pista a bailar.