Paulina: Esperanzas

1433 Words
Paulina Entran a la casa de piedra, y se topan de nuevo con Alberto, quien parece estar pendiente en todo momento de los pasos de su sobrino y Paula. —Hola, ¿Cómo les fue? –dice amablemente. —Bien gracias— responde Pauli con una sonrisa— Alberto, Alex me dijo que eres abogado y quisiera hacerte una consulta.     Alberto se sorprende, mira a Alejandro y éste le sonríe. Se comunican con la mirada. Pauli no nota aquella reacción, se siente apoyada por Alejandro en todo momento. —Claro— dice Alberto— si deseas pasamos al despacho. ¿Nos acompañas?—se dirige a Alex. Pauli cuenta la historia a Alberto, quien muestra interés en el caso. Al parecer es un tema engorroso, pero con un poco de suerte se resuelve sin problema. Más, si Pauli se casa con su sobrino. —…mi padre tiene sus ahorros, pero dudo mucho que sean suficientes para resolver el asunto del rancho, y si lo hace temo que luego no tenga dinero para trabajarlo y sacarlo adelante. El negocio fuerte es el ganado, la fábrica de quesos va bien, sin embargo, sus toros de lidia son un pasatiempo que le generan muchos gastos, no le da para mucho. No es una ganadería popular todavía… es un tema nuevo realmente. —Ya veo— dice Alberto. Pues primero que nada debería hablar con tu padre. Seguro el tiene mas información de la situación legal ¿Sabes si ha visto un abogado? —No… estoy segura que no. Confiaba un poco en la tía, pero este licenciado que se ganó su confianza en los últimos años ha conseguido mucho poder sobre la fortuna. —¿No hay testamento? —Creemos que lo hay o lo había, pero el abogado dice que no. —Si es extraño. ¿Dónde está tu padre? —Ahora están en Guadalajara. Mi tía tiene unos años viviendo allá. Pero parte de su patrimonio está en la gran ciudad  y en Los Ángeles. El rancho en San Miguel y otras propiedades en San Luis. —¿Hay más herederos? —Solo nosotros. A mi padre no le interesa nada más que el rancho. Se lo dejó mi abuelo, pero nunca hubo escrituras. La heredera universal fue mi tía Francisca. El testamento original dice que a falta de ella mi padre y su descendencia son los herederos universales, pero el abogado dice que los manejos de la tía han sido malos y no hay nada. Hay que vender el rancho y las propiedades para pagar sus deudas, lo que me parece absurdo. La tía no es jugadora, ni mal gastadora, en fin, es lo que sé, y sin un testamento o sesión absoluta de los derechos, no sé que procede. —Todo lo contrario a mi testamento…—dijo Alejandro. Pauli lo observó y Alex sonrió con un ligero gesto de sarcasmo. Alberto tranquilizó a Pau. —Creo que lo principal es que pueda hablar con tu padre y si es en persona mucho mejor. Los juicios testamentarios son muy largos, pueden pasar años, pero si son los únicos herederos, puede ser mucho más fácil. ¿Me podrías conseguir los datos del abogado de tu tía? Tengo un amigo en Guadalajara que puede ir a ver  a tu padre y platicar del asunto. Con gusto los asesoramos Pauli. —Seguro, puedo conseguirlo. —Bien, pero primero necesitamos el consentimiento de tu padre para proceder. —Gracias Alberto. —Para servirte. Alex le guiña el ojo a su tío. Se acerca a Pauli, la invita a la terraza a tomar algo para refrescarse. —Vayan, a las 3 llega Jackie para irnos a comer…—y se marcha. —¿Jackie?— pregunta Pau extrañada. —Sí, es su novia… así como lo ves de agrio. —¿Por qué no te cae bien? Alex ríe… —¿Quién? ¿Alberto o Jackie? —Alberto… —Claro que me cae bien, pero me gusta hacerle difícil la vida. Sentados en la terraza, los dos mirando hacia el horizonte y tomando una cerveza. —Tengo una deuda muy grande en el rancho—dice Alex rompiendo el silencio. —¿Sí?— Pau extrañada lo observa— ¿Qué no eres un príncipe encantado estúpidamente rico? —Después de los 28… faltan tres años. El rancho está mal, no me alcanza con mi fideicomiso, mi papá no contempló en sus planes que la crisis nos podría afectar. El dinero que nos da el banco para trabajar el rancho no es suficiente, hay 50 familias que dependen de la productividad de los viñedos y los caballos. Si hoy cobrara la totalidad de mi herencia, puedo salvar todo. —Tendrías que casarte ¿no dices que hay una lista de chicas esperando esa oportunidad? Alex la mira, pone un mechón de su fleco tras la oreja y le dice: —No deseo llegar al extremo de casarme por necesidad, y si lo hago, quiero que sea porque valdrá la pena el intento, no para resolver un problema a mi vida y conseguir otro. —¿Entonces? Alex tragó saliva, pero consideró que era el momento de hacerle una propuesta a Pauli. La propuesta más importante de su vida. —Cásate conmigo. —Claro que no—. Respondió de inmediato tranquilamente. —Por favor… estoy dispuesto a hacerte feliz, hacer lo que quieras para que consigas todo lo que deseas en la vida. —Alejandro, estás loco, aún no definimos nuestra relación y deseas casarte conmigo… ¿por eso tanta insistencia en venir a conocer tu casa y tu rancho? Olvídalo. No. Si quieres, llévame a tomar un autobús y me marcho. No me casaré, busca a alguien más. —No me casaré con nadie más. Te lo pido a ti y si no quieres, seguiremos siendo novios y te lo pediré todos los días hasta que un día me digas que sí. Pau lo  mira sorprendida. Este chico es terco y perseverante. —¿Nunca aceptas un "no" por respuesta? —No de ti… Piénsalo… Te daré lo que necesites, viviremos donde tú quieras, haremos las cosas como tu quieras. Salvaremos el rancho, saldremos juntos adelante y podemos ayudar a tu padre también. —Es “tu moch” Alex… mejor me voy. Alex la nota decidida, ella se levanta y él la intercepta. —¿Qué quieres a cambio? En nadie más podría confiar para esto. Si quieres firmamos un convenio, un contrato, lo que sea. —Alex tenemos 5 minutos de conocernos. —Lo sé, y me encanta. Pauli desesperada por el rumbo de las cosas, se sienta de nuevo en el sillón de la terraza y se tapa la cara con las manos. No sabe que decir, ni que hacer. En el fondo sabe que esa unión podría solventar los gastos para resolver el asunto del rancho de San Miguel pero ¿casarse? No estaba en sus planes. —Dime algo. ¿Pensabas hacerle esta propuesta a Sofia? —Jamás… siempre fuiste tú quien me ha encantado. Cuando alguien te gusta, primero te haces amigo de la amiga de la chica que te gusta… —Pero la besaste, eres … —…un cabrón. Y yo no la besé, ella intentó besarme. Pero tenía que acercarme a ti. —Casi lo consigues… Alex, esto no va a funcionar. —Piénsalo. —Necesitamos conocernos Alex. —Pasaré el tiempo que consideres necesario contigo para ello. Desayunaremos, comeremos, cenaremos juntos todos los días. —No sigas Alex… mejor me voy. Alex nos sabe que más decir, necesita retenerla, Pauli se le escapa. —¿Pero seguirás siendo mi novia? Pau desconcertada se vuelve hacia él. Lo observa, sus ojos fulminando los de ella y suplicando. —Acompáñame Pau, si pierdo todo, no quiero estar solo. Volveré a empezar, contigo. —¿Qué sientes por mi Alex? —No lo sé, si no fuera porque tengo dos días de conocerte, diría que te amo.  Pauli se derrite ante tal confesión. Se acerca y lo abraza. Se mantiene entre sus brazos con los ojos cerrados, escuchando su corazón latir fuertemente. Alex tiene mucho tiempo pensando en ella. Ella tampoco desea irse, su corazón le dice que se quede y su mente le dice que se marche. ¿Qué debe hacer? Esto no puede ser real, solo en los cuentos de princesas se casan con el primer flechazo de amor, después del beso que rompe el hechizo y son felices para siempre. Pero esto es la vida real. —Lo pensaré…—le dice al fin. —Gracias princesa…                    
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