Natalia: Edy ¿Qué somos?

2327 Words
Natalia —Te quiero solo para mi ¿escuchaste?—Dijo Edy. — ¿De qué va ese comentario? —Ahora lo sabes. No quiero que nadie más te toque. Me gusta la exclusividad. Nat dudó. El comentario le parecía muy posesivo. —Explícate Edy, te refieres a que tú y yo… —Sí. — ¿Si que Edy? Habla claro… no soy amante de nadie, ni me gusta el plan de amigos con derechos. Hemos echado unos polvos de poca madre, ¿pero de qué va esta relación? —Me gustas Nat. No quiero que salgas con nadie más. —Di las cosas por su nombre entonces. — ¿De qué hablas? —Sí, que somos  ¿novios, amigos, amantes? Yo no quiero una relación de acostones Edy. Yo busco una relación seria y comprometida. Edy guardó silencio. Él no tenía claro lo que quería, solo deseaba estar con ella, se molestó mucho cuando vio a Gus salir tras ella del café, el sábado por la mañana. No vio el beso, pero supo que algo había pasado por la actitud de Nat. Él había ido a buscar a Gus, para platicar con él y le ayudara a tomar una decisión. Él era un rebelde sin causa. No tenía novia, varias amigas ocasionales, ligaba una chica diferente casi todos los días, era todo un casanova. —Nat yo… —Cuando lo tengas claro vuelve Edy. No voy a ser tu amante, que te quede claro. Pero tampoco quiero tener solo sexo contigo. Me gustas mucho, pero no voy a rebajarme a ser tu mujer ocasional. —Nat, no digas eso, ven conmigo. Vamos y te explico. — ¿No puede ser aquí? —Por favor…—le suplicó. Se levantó y comenzó a vestirse. En silencio incómodo Edy la observaba. No sabía que decir. Podía ser un patán, pero con ella era distinto. No era la clase de chicas fáciles con las que se aventuraba normalmente. Con Nat había una conexión especial. Él se acercó de nuevo y le dio un beso. Al salir de casa se toparon con Loly, quien venía acompañada. A Nat no le extrañó, así de loca era su amiga. Liberal. De pronto, vio entrar a Gus. Cuando se vieron Nat se puso muy nerviosa. —Hola Nat— le saludó efusivo. Como si jamás la hubiera besado. Esa indiferencia le dolió ¿Pero que le estaba pasando? —¿Qué tal la boda? ¿Tu vestido bien? —De maravilla Gus. Gracias, ah y gracias ayer por el aventón y el desayuno ¿eh?— Lo dijo para molestar a Loly, misma que se volvió al escuchar desayuno—. Vámonos Edy. Diviértanse chicos. Loly se quedó desconcertada, no era de relaciones largas, pero no le agradaba que Gus hubiera tomado tanta confianza con su amiga. Gus la miró y esta le respondió: —A desayunar ¿qué estas planeando un trío sin consultarme? ¿O el trío es con  Edy? — ¿Estás molesta? Nat es mi amiga, como tú. Digo independientemente de que haya habido sexo entre nosotros, nos conocemos desde hace tiempo ¿no? Somos amigos, o ¿estás celosa? — ¿Te gustaría que fuera y besara a Edy cuando estás conmigo? —No lo había pensado… pensé que entre nosotros solo habría sexo. El día que quiera una relación seria ya no habrá nada entre nosotros. Porque tú sólo deseas mi cuerpo ¿no dijiste eso ayer antes de irme? Loly lo observó pensativa, tenía razón.  Pero estaba celosa. Gustavo le gustaba desde hacía tiempo y por primera vez se había encaprichado con alguien. ¿Será que por fin alguien le atraparía el corazón? —Mejor  vete. — ¿Qué pasa? ¿Te molestó lo que dije? Solo estoy repitiendo lo que tú crees que debe quedarme claro.  Sin compromisos. Sabes, eres egoísta… seguramente estás acostumbrada a que tus amigos te pidan algo más… y conmigo no es el caso. Adiós Loly. Se dio la vuelta y se marchó. Loly enfurecida se encerró en su cuarto y se puso a llorar. Por primera vez le había dolido correr a un hombre de su vida. Gus era un buen chico, y le había dejado roto el corazón sin darse cuenta. Ella era la culpable, su frialdad ante el tema amor. Todos creían que tenía corazón de piedra. Como solía suceder, ya le habían roto el corazón una vez, y no deseaba repetirlo. Así que lo mejor sería no volver a Gus, jamás, ya que podría enamorarse como tonta. Gus salió hecho una furia. Ver a Edy con Natalia otra vez no le había gustado. Su amigo era cabronazo con las mujeres, pero Nat le interesaba al igual que a él. Era su mejor amigo así que le dolía aún más. No sabía qué hacer. Seguramente pasarían juntos la noche y eso calaba. Si ellos formalizaban su relación él ya no tendría ninguna oportunidad. Nat, iba tras Edy en su Harley Davidson clásica. Todo un rebelde sin causa. Edy tomó la panorámica y la llevó a un mirador con una vista increíble de la ciudad. Se bajaron de la moto y la tomó de la mano. —Ven— Llegaronn a la explanada y de su mochila, de un descampado para pic nics,  sacó un mantel, una caja con quesos, pan, dos copas y una botella de tinto. — ¿En serio hiciste esto por mí?— Asintió con la cabeza. Estiró el mantel y lo puso en el pasto. La luna estaba enorme, iluminando la noche. Y aquella vista era espectacular. Se sentaron, comieron, platicaron hasta que el tema difícil llegó. —Sí… me gustas, no sé lo que quiero, pero si sé que quiero estar contigo, solo contigo… — ¿Quieres algo más? —Sí, ¿probamos? Novios, pareja, lo que quieras. Pero quiero que estés solo conmigo. —Edy… no lo sé, tu eres un chico de mundo, viajas, haces de tu vida lo que quieres. Si deseas estar conmigo, tendrás que hacer sacrificios. Pasar tiempo conmigo, venir a ver a mis padres los fines de semana. Yo no quiero un novio para ver qué pasa. Es todo o nada. Si estás dispuesto a eso lo intentamos. — ¿Y cuál es el problema? —Soy celosa… — ¿Te he dado motivos para estarlo? —No. —Sin embargo tú,  ayer te fuiste con Gus. — ¿Y? Se ofreció a llevarme… es tu amigo. —Yo también soy celoso y no quiero compartirte con nadie. Nat respiró. La actitud de Edy tan posesiva no le gustaba. —Llévame a casa. — ¿Por qué? —Llévame a casa por favor—se levantó, y se fue al estacionamiento. Había varios coches. Edy desconcertado maldijo, recogió las cosas, las guardó en la mochila y se marchó tras ella. En silencio subieron a la moto y se marcharon. Al llegar a casa, se bajó para acompañarla a la puerta. —No te molestes Edy. Adiós. — ¿Qué pasa Nat? ¿Te puedo llamar mañana? —Mejor no. Deja las cosas como están. No sé si quiero tener algo serio contigo. — ¿Por qué? Creí que… — ¿Qué me lanzaría a tus brazos porque eres guapo e irresistible? No Edy, no soy esa clase de chica. Buenas noches. Edy esperó a que entrara al edificio y se marchó. Al entrar en el vestíbulo se encontraba Gus sentado al borde de la escalera. Al verla sonrió y la llamó: —Nat. — ¿Gus? ¿Qué haces aquí? —Necesitaba verte, estar seguro que no te irías con Edy. Estoy ¿cómo decirlo? —se acercó a ella y esta retrocedió. — ¿Qué ocurre? ¿Loly te bateó? —Sí, pero no se trata de ella, se trata de ti y de mí. —j***r Gus, ¿Qué mierda es esta? Ustedes dos son un par de cabrones mujeriegos con muy mala fama. ¿Qué quieres que espere de Edy o de ti? Vete al diablo tú también… Se dio la vuelta y llamó al elevador. Gus se paró junto a ella y le dijo: —Me gustas. —Eso ya lo sé, pero no puedo hacer nada por ti. — ¿Entonces por qué me besaste? —Gus, no insistas. No quiero nada contigo, ni con Edy, ni con nadie. Ahora vete por favor. — ¿Puedo verte mañana? Por favor, te invito a desayunar otra vez. —No. —Piénsalo, te espero mañana a las nueve en el mismo lugar. Si no llegas lo entenderé. Déjame explicarte y si quieres no volveré a molestarte… ¿sí? —No lo sé… mañana vemos. — ¿Irás? —No lo sé. Vete. No quiero problemas con Loly, si ve que aún estás aquí. Nat aturdida por la situación de la encrucijada amorosa en la que se encontraba, no pudo dormir. Cerca de la media noche se levantó a la cocina. Se hizo un vaso de leche caliente con miel de abeja para ver si así podía dormir. — ¿No puedes dormir? —No. —¿Qué te pasa? ¿Todo bien con Edy? —No lo sé. Me gusta, pero vamos, tú sabes que es un cabrón, lo conocemos de hace tiempo y bueno conocerlo es un decir, solo lo hemos visto en sus tours en los bares. —Sí, te entiendo. ¿Pero no te parece mucha casualidad que siempre coinciden en el mismo bar? — Tal vez, ¿y tú? —Me puse celosa. Nat tragó saliva. — ¿Por qué? —No lo sé, sentí que Gus te estaba tirando la onda ¿no? —Pues sí, creo que siempre ha habido algo de tonteo con él… pero tú no tienes nada serio con Gus ¿o sí? —Pues no, pero Nat… ah no sé… me gusta… no sé qué me pasa. No pude dejar de pensar en él, todo el fin de semana. — ¿En serio? —Sí pero, lo mandé al diablo. Si me busca mañana ya veré. ¿Desayunamos mañana? —No sé, eh, tengo que ir a ver unos asuntos de Jon… Nat se sentía fatal. ¿Debía ir al desayuno? Su conciencia le decía que no y su corazón que sí. Estaba confundida. Sabía que estaba jugando con fuego. A la mañana siguiente, se levantó temprano y se marchó para no levantar sospechas. Caminó un rato y al fin tomó un taxi y se dirigió al restaurante. Se sintió como una boba cuando entró y no había nadie. “Imbécil, no vino”. Eran las 9:10. — ¿Mesa para usted o espera a alguien?—dijo la hostess. —No, creo que me equivoqué. —Molesta se dio la vuelta y se topó con Gus. —Llegaste...—sin saber qué responder se ruborizó. —Mesa para dos por favor. La llevó de la mano, se sentaron y ella se mantenía en silencio. Gus la observaba. No tenía idea de que hacer, pero allí estaba. Era una señal. Ella nerviosa, el tema de tensión por ese encuentro secreto. Él tampoco deseaba que Eddy se enterara. Cuando recordó que Edy también frecuentaba ese lugar. —Mejor vamos a otro lado. — ¿Por qué? —Porque Eddy puede llegar en cualquier momento. Salieron de ahí. Corrieron un par de cuadras, como si realmente Eddy los estuviera persiguiendo, cuando pararon comenzaron a reír. — ¿Qué hago aquí Gus? —No lo sé. Él se acercó, le quitó los mechones de la cara, y cuando se pasó la agitación, la besó de nuevo. Ella respondió a aquel beso. No pudo resistirse. Se abrazaron. El silencio decía tanto, él le besó la cabeza y le dijo: —Me importas, no debí dejar que Eddy se acercara a ti. Fui un tonto. —Esto no está bien Gus. — ¿Por qué no? —No está bien. Tú y Loly… Edy y yo. No. Él es tu amigo del alma. No podemos hacerle esto, y Loly… — ¿Quieres dejar de pensar en ellos? —No puedo, Edy me pidió ayer que fuéramos novios. — ¿Le dijiste que si? —Ya no sé qué le dije. Tomamos vino, discutimos, le dije que no me buscara, pero sé que llegará a verme en cualquier momento y… — ¿Y? Nat, acabas de responder a mi beso. ¿De qué se trata? — ¡Estoy confundida Gus! Las cosas por lo general no pasan así. Conoces a un chico te corteja y si te gusta es tu novio. Esta historia es totalmente distinta. Los dos me gustan, los dos me coquetean, es muy bizarro ¿no lo entiendes? — ¿Te gusta Edy? Natalia guardó silencio. —Bien, mejor me voy… —Gus… —Me quedó claro Nat. No volveré a molestarte. — Se dio la media vuelta y se marchó. Nat sin saber qué hacer, suspiró y pensó que decir, pero solo pudo pronunciar: —Adiós. Caminó un rato por el centro de la ciudad. Se sentía fatal. ¿Qué iba hacer? Los dos le gustaban. Pasó casi toda la semana, sin tener noticias de ellos, el fin de semana se marchó como siempre con Jon a visitar a sus padres. Al volver después de un intrépido fin de semana con sus primos, con quienes solían hacer deportes extremos, estaba agotada, le dolía el brazo de un esfuerzo al hacer rapel en el cerro del chivo. Jon se quedó a dormir esa noche en su departamento. Y buscando en su cajonera, encontró una playera que no era de él. —Nat… —Mande… — ¿A qué lavandería llevaste mi ropa? Está playera no es mía. Nat entró a su recámara y observó la playera de Edy. Sonrió y Jon se dio cuenta que era de ella. —Es mía. —Te queda enorme. Ella sonrió y le dijo: —La uso de pijama metiche.  
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD