Angélica
Nuestro fin de semana juntos, fue increíble. El día que nos despedimos de todos, nos marchamos a aquella cabaña. Tenía lo necesario para nosotros dos. Una tina hidromasaje para dos personas, con vista a la montaña y totalmente cerrado. Una pequeña sala con un sofá frente a la chimenea, un pequeño comedor y una cocineta totalmente equipada.
Teníamos servicio de alimento en el restaurante del club de esquí, por si no deseábamos cocinar, que era lo más práctico, sin embargo, Nora, nos obsequió un cesto con quesos, vinos, carnes frías y Xavier estaba feliz, ya que el queso manchego y el jamón serrano se veían deliciosos.
Nunca en mi vida, había pensado en pasar unos días románticos con nadie, digamos que mis parejas anteriores, no eran nada creativas y mucho menos se arriesgaban a invitarme a ningún lado. “Tus enamorados idiotas”, decía Paulina, ya que, de todos, no se hacía uno.
Xavier me miraba con admiración, me abrazaba en cada momento y me hacía sentir especial. Escuchaba mis ideas, compusimos varias canciones juntos, la música era una pasión que compartíamos y también nos gustaban los mismos géneros musicales.
Los primeros días, me dio mi espacio, entendía que yo sentía que íbamos muy rápido y poco a poco los besos y abrazos fueron subiendo de nivel.
El cuarto día, nos animamos a ir a esquiar, ninguno de los dos tenía mucha experiencia, pero juntos sería más divertido.
Antes del almuerzo, le dije que ya no deseaba seguir esquiando, además estaba comenzando a bajar la temperatura, sumergirnos en la tina de hidromasaje sonaba bien, era el plan perfecto.
Decidimos tomarnos unas fotos antes de volver, y de que las nubes taparan el sol, sin embargo, el clima comenzó a cambiar de un momento a otro. Por los altavoces comenzaron a pedir a la gente que desalojaran las pistas y volvieran a sus refugios. Se acercaba una tormenta. Por un momento me vi envuelta por una avalancha, buscando a Xavi y muriendo congelados.
Pero alcanzamos a llegar a la cabaña, nos alcanzó la tormenta un poco, estábamos empapados y congelados. Xavi sugirió que nos metiéramos a bañar con agua caliente, por algún momento, deseaba que se metiera a la regadera conmigo, pero el aún no sabía que yo estaba lista para el siguiente paso. Cuando salí del baño, me puse la bata blanca y él se quitó la playera y quedando en boxers, se paseó frente a mí, luciendo su sexy torso y su pecho velludo, me dio un beso y se metió a la ducha…
—Prepararé algo para almorzar— le dije.
—Ya está listo, sólo ayúdame a poner la mesa frente a la chimenea…—Me guiña el ojo y yo siento mis mejillas arder. Lo escucho entrar a la regadera, yo me pongo el traje de baño, y encima la bata de baño. La cabaña tiene calefacción y además está encendida la chimenea. Al salir a la cocina, encuentro un par de charolas con pan rebanado, salsa de tomate española, queso y carnes frías, una botella de vino.
Acomodé las cosas en la mesa, llevé copas, un par de cubiertos y acomodé los cojines sobre la alfombra, acerqué un par de cobijas y cuando iba a preparar la tina de hidromasaje, ya estaba lista, burbujeante.
Me quedé observando las burbujas, cuando detrás de mí sentí que Xavi se acercaba. Con sus brazos, me rodeo por la cintura. Me besó el lóbulo, y pasó de mi oreja al cuello, luego, me giró y me besó, el traía solo la bata, pero sentía su virilidad provocando mi deseo.
Me llevó a la sala, nos sentamos en el piso y sirvió el vino. Comenzamos a charlar, a comer un poco, mientras bromeábamos me daba de comer y yo a él. Brindamos y yo me sentía increíblemente bien.
Cuando acabamos con la comida, nos recostamos a ver el fuego, me recargué en su pecho, y cuando comenzaba a anochecer, sentí su cuerpo cálildo. Y me dejé llevar. Nos besamos, con ternura nos fuimos desnundando y al final, hicimos el amor, con total y absoluta entrega.
Después de ello, nos metimos a la tina de hidromasaje, vimos el paisaje, y yo estaba recargada en su pecho mientras él me acariciaba con cariño. Fue la mejor noche de mi vida, estar con él me recordaba que la vida solo se vive una vez y no hay que desaprovecharla.
Cuando la tormenta terminó, ya era de noche, estábamos acostados frente a la chimenea, aún desnudos, nos fundimos en pasión una y otra vez, como si no hubiera un mañana, como si aquello tuviera fecha de caducidad y se nos agotara el tiempo.
—Creo que me estoy enamorando de ti. Eres la mejor mujer que he conocido en mi vida, me encantas Angélica.
Fue inevitable no lanzarme a sus labios otra vez, hasta que nos quedamos dormidos. Y así fue los siguientes días, hasta que llegó la hora de volver, y en la casa de la fundación, tratamos de ser discretos, pero todos ya sabían que por las noches, el se escabullía a mi habitación y yo a la suya.
Enero fue increíble, febrero lo superó, marzo me acompañó a visitar a mis padres, abril, tuvimos el concierto de rock, mayo fue complicado, llenos de trabajo y en procesos de admisión , y en junio, todo cambió, se acercaba el final, su tiempo y mi tiempo y pronto tendríamos que enfrentar la realidad, aquella realidad que no sabíamos que incluía. El no decía nada de Cambridge, yo no decía nada de volver. Y llegó el correo, con un sobre, donde lo aceptaban con catedrático, y debía presentarse en 15 de julio. No dijo nada, yo tampoco, solo nos mirábamos y nos abrazabamos, nada fue igual, pero seguíamos juntos, el uno para el otro.
La mañana del 30 de junio, desperté, corrí a vomitar, y después de un rato, me levanté a lavarme la cara y lavarme los dientes. Xavi ya no estaba en mi cama, eso se me hizo muy extraño, nunca se iba hasta despertarme y llenarnos de besos y abrazos. Algo iba mal, sobre mi buró había una carta, que terminaba con un "... no me esperes, te extrañaré y te te seguiré amando".