Alejandro
“Alex se encuentra dormido… Han pasado sólo unos días desde la muerte de su madre. Su padre desapareció unos meses antes. Encontraron los restos de un cuerpo en un río cerca de una comunidad llamada Mezquital. Su madre murió de un infarto fulminante al recibir la noticia. Pidieron rescate y jamás volvieron a comunicarse. El cuerpo fue identificado. Nunca se supo que ocurrió. Alex de 12 años de edad y Alberto, con 22 años cumplidos, tuvo que hacerse cargo de su único sobrino Alejandro. Todo lo tiene trastornado, la lectura del testamento de su padre será en unos días, era el tema de conversación de toda la ciudad. El niño con la fortuna más grande del estado. Su padre Don Alejo Bernal de Fernández, poseía una gran cantidad de propiedades por la ciudad y un enorme rancho con viñedos, el cual ahora llevará Alberto. Esa noche, Alejandro sueña con su madre, vestida de blanco se sienta en la cama:
—¿Mamá?
—Hijo, estarás bien
—¿Qué ocurre? ¿Tú?
—Vine a decirte que estamos bien. Todo se arreglará. Nada te faltará.
—Mamá… —dijo inconsolable.
—Encontrarás las respuestas y las soluciones. Por ahora dedícate a vivir, estudia, aprende en el negocio, nos echarás de menos pero siempre estaremos contigo.
—Mamá no te vayas ¿De qué hablas?
—Lo sabrás en su momento hijo. Es tu destino ser un gran hombre, noble y fuerte como tu padre, ahora eres muy joven, pero ya comprenderás.
Le dio un beso en la frente y desapareció como las hadas de los cuentos, volando hacia el cielo hasta desaparecer.”
Alex se despierta sudoroso. Ese sueño lo atormentaba desde tiempo atrás ¿A que se refería su madre y por qué ahora de nuevo, justo cuando sus problemas estaban en su clímax total. Alberto había agotado su fortuna personal para sostener el rancho. Las cuotas del fideicomiso no eran suficientes, la crisis había afectado el sector vinicultor gravemente, al grado de perder cosechas enteras en los últimos meses. Si no invertían pronto en una solución, perderían prácticamente todo. Habían pensado en vender parte de las tierras, pero no había compradores interesados por la misma razón. Aún faltaban varios años para poder cobrar la herencia, sólo un matrimonio forzoso podría salvarlos o tendrían que despedirse de sus tierras. Alex estaba dispuesto a sacrificarse, pero al mismo tiempo deseaba tener el control de las cosas.
—Alberto…
—¿Qué pasa?
—Creo que si hay una situación en la familia de Pauli que nos puede beneficiar.
—¿Qué ocurre?
—Aún no lo sé bien.
—¿A qué se dedica su padre?
—Tiene un rancho. Parece que tienen toros de lidia, vacas lecheras, una fábrica de quesos… y ganado.
—Toros de lidia. Interesante. Espero que no estén en peor situación que nosotros. ¿O quieres comprar otro rancho? No podemos con uno.—Dice con sarcasmo.
—Alberto, tranquilo. Déjame indagar. Además, es mi vida. Si voy a hacer esto, será a mi manera ¿está bien? Lo intentaré, con Paula, y si no acepta, pues hipotecamos el rancho o lo vendemos. Yo con quedarme con el negocio de los caballos, sería feliz.
—No te tomes demasiado tiempo.
Pauli baja en busca de Alex, lo encuentra en la cocina, emocionada lo saluda con un beso, está ilusionada y decidida a intentarlo.
—Hola princesa…
—Sapo encantado ¿Qué haces? pensé que desayunaríamos fuera…
—Sí, pero le pedí a Pilar que nos preparara un licuado.
—¿De qué?
—Tómatelo y no preguntes… Es nutritivo y no tiene cosas extrañas.
—Qué asco Alejandro, que tiene esta cosa. — Hace caras y gestos para molestar a Alejandro, pero el licuado estaba delicioso. Alejandro la molesta un poco y al terminarse el licuado se alistan para marcharse.
Se suben al Jeep que se encuentra en el garaje. Saliendo de la mansión, Alex toma un camino de terracería, después de varios minutos llegan a una finca, un pequeño pero hermoso casco de hacienda del siglo XIX.
—¿Te gusta?— Le dice Alex a Pau al observarla tan sorprendida…
—Me encanta… Puedo dejar de pintar retratos solo por pintar esta vista.
—Sabía que te agradaría…
Se estaciona frente a la escalinata principal y lleva a Pauli a las caballerizas.
—¡Alejandro!—Grita una joven mujer desde lejos.
—Hola Aura… —la mujer efusiva le da un abrazo cariñoso. Alex la toma del brazo y las presenta.
—Pau, ella es mi comadre, Aura, es hija de Pilar, y nos conocemos de toda la vida. Su familia a trabado con nosotros por generaciones. —Educadamente saluda a la chica, que le observa con curiosidad y eso la hace sentirse extraña.
—¡Padrino!—grita un niño corriendo, Alejandro lo carga efusivo y le dice:
—¿Cómo estás chamaco?
—Pau, este chamaco es Cristobal, mi ahijado.—Pau lo saluda también mientras Alex le da indicaciones a Aura.
—Aura, prepárame a “La pinta” y al “Terco”, vamos a ir a montar.
—Claro Alex, en un momento están listos.
Después la lleva al casco de la hacienda. Pau se daba de topes por no llevar su cámara fotográfica. El patio de aquella casona antigua de adobe, perfectamente bien cuidada y restaurada era una joya.
—¿Cómo se llama el rancho?
—”La Chichimeca” por mi abuela, ella decía que era rebelde por su sangre indígena, justamente chichimeca, que era una e***a nómada y fue difícil de que entraran al aro con la invasión de los españoles.
—Vaya, ahora se a quien se lo heredaste.
Después de mostrarle el lugar se acercan a las caballerizas de nuevo. Aura no ha simpatizado con Pauli, está celosa de que Alex tenga alguien más que no sea ella. En el fondo le hubiera gustado que Alejandro le hubiera correspondido, sin embargo, el nunca mostró interés y no precisamente por despecho se casó con Leopoldo, el hijo de Cástulo, el encargado de la hacienda desde hace años. Paula se sube a "La Pinta", una hermosa yegua blanca con manchas negras. Mientras Alex tarda un poco más en montar al "Terco".
—¡Alex!—Le grita un joven a Alex desde lejos, mientras Pau termina de subirse al caballo. Se saludan agitando la mano, no pasan más de cinco segundos cuando “La Pinta” se asusta, sale corriendo tomando por sorpresa a Pauli montada en ella. Alex inquieto sube a su caballo y va tras ellos asustado.
—¡¡Alcánzame en el Jeep!!—Le grita a Aura y sale despavorido. Nervioso observa a lo lejos a Pauli sobre la yegua, temiendo que en cualquier momento caiga al suelo.
Pauli tratando de controlar los nervios recuerda sus lecciones cuando era pequeña…
“-Keep calm...” Le gritaba su entrenador cuando era niña y tomaba clases en el club hípico durante los veranos en la capital, con su tía Francisca. Le costó mucho trabajo concentrarse y al fin lo consiguió, jala con fuerza la rienda del caballo y logra voltearle la cabeza. La yegua comenzó a dar vueltas en un descampado hasta que se cansó. Pauli estaba agotada. Alejandro la observaba impactado de la forma en que ella consiguió controlar a “La Pinta”. Cuando se detuvo totalmente el caballo, Pauli se aferró al cuello del “corcel”, acariciándolo con cariño y apretando los ojos como si no quisiera despertar de aquella pesadilla.
Alex se acercó mientras Polo tomaba las riendas de la yegua. Pauli se impulsa para bajar del caballo y se desvanece. Alejandro la sostiene y la lleva al Jeep. Furioso mira a Aura quien agacha la mirada.
—Tenemos una plática pendiente—le dice matándola con la mirada.
—Alex…—responde apenada.
—Llévense los caballos—le grita a Polo, después dirigiéndose a su amiga Aura le comenta en voz baja — esta no te la perdono— y se marcha.
Sube al vehículo, observa a Pauli quien lo mira aun decaída.
—Estoy bien.
—Pau, pudiste haberte matado…—se deja llevar y la abraza muy fuerte.
—Lo sé, pero estoy bien, pude controlarlo.
—Eso me da mucho gusto, sentí mucha impotencia, deseaba ayudarte y por más que corría no lograba alcanzarlos.
—¿Qué fue lo que pasó?
—Algo que no debe volver a suceder… lo pincharon a propósito.
—¿Quién?
Alex respiró profundo, no sabía si debía contarle a Paula todo o poco a poco se fuera enterando de las cosas.