Natalia: El reencuentro

1658 Words
Natalia Natalia tenía dos semanas sin ir al bar de La Antigua. El miércoles, se encontró en el centro comercial a Beto, el vocalista del grupo que siempre la invitaba a cantar. — ¡Nat! — Le llamó. Ella extrañada al girarse, no lo reconoció, la luz la cegaba. Él se acercó y la saludó de beso en la mejilla muy efusivo. —Neto ¡que milagro! Raro verte fuera del escenario. —Es cierto. ¿Por qué no has ido? Nos han preguntado por la chica que canta Lemon Tree. — ¿Sí? ¿Quién? —Tus galanes y tu club de fans. —Vamos, los jueves siempre estamos las mismas diez personas de siempre —. Rieron juntos y charlaron divertidos un rato. — ¿Irás mañana? —No creo, estoy en exámenes, tal vez el viernes. — ¡Genial! ¿Cantarás? Quiero que cantemos una rola juntos, Muriendo Lento, ¿cómo ves? —Estaría genial ¿Qué versión? — ¿Te la sabes en inglés? Podríamos darle un giro distinto. — ¡Me encantaría! — ¿Vas con Loly? —No, ella se va con su familia y vienen mi hermanos… Loly se marchó el fin de semana, y Nat, como era costumbre el último viernes de cada mes, quedaba con sus hermanos y sus amigos Jerry y Charly. Algunas veces también los acompañaban Rul y Marco. Nat, siendo la hermanita pequeña, todos la cuidaban como tal. Le cumplían caprichos y ella se dejaba consentir. Llegaron al bar, y les dieron una mesa junto a la terraza. Ahí podían fumar y ver el escenario que se encontraba en una doble altura. Para subir había unas escaleras de caracol de madera tallada. Neto al verla, le saludo desde lejos y le sonrió. Al dar las once de la noche, Nat sintió que la observaban, sabía de quién se trataba. Miró la puerta y ahí se encontraba Edy, saludando efusivamente a Emma, la hostess. Después, lo miró caminar hacia la barra principal, frente a la mesa donde se encontraba ella. Trató de ocultarse para que este no la viera. Cinco minutos después, por la espalda alguien le hizo cosquillas en la cintura. Dio un respingo y se topó con Gus. —Hola— le sonrió y la abrazó efusivo. Después saludó a Jon y a los demás educadamente. Algo nerviosa, Nat, no sabía qué decir mientras Gus con su gesto de chico carismático le sacaba plática. Nat quería que la tragara la tierra, justo cuando cruzó la mirada con Edy, que la observaba desde la barra, serio y con mirada seductora, tomó su bebida y la levantó. Nat le devolvió el gesto. Edy la llamó con el dedo pero ésta se hizo que no lo vio. Si quería estar con ella tendría que acercarse a la mesa. —Hoy, tenemos una invitada especial, algunos de ustedes ya la conocen, cantará una chica, misma que ya tiene su club de fans. Recibamos con un fuerte aplauso a ¡Nat! Emocionada abrazó a su hermano Herman, el cual sorprendido le dijo: — ¿Club de fans?— Mencionó intrigado. —Está exagerando…— Apurada se subió al escenario y comenzó la música de Lemon Tree. Edy no dejó de mirarla, ella y Neto cantaron las dos canciones de costumbre y cerraron con la canción de Muriendo Lento, la cual le quedaba como anillo al dedo, pensando en Edy. Después de los aplausos, dio las gracias levantando la mano. Le dio un beso en la mejilla a Neto y se marchó. La banda siguió con su repertorio, y mientras cantaban “Lost in love” de Air Supply, Edy divertido la interceptó en la escalera de caracol, que conectaba la pista con el escenario. —Cantaste increíble. —Hola—dijo nerviosa al sentir su cercanía. — ¿Podemos hablar?—le dijo mientras acercaba los labios a los suyos. —No, déjame pasar, no quiero verte. —Saludaste muy efusiva a Gus. —Él me fue a saludar. No confundas las cosas, ahora déjame pasar si no quieres que te empuje. Resignado la dejó bajar. —Vamos a vernos, por favor. —Que no Edy, pensé que te había quedado claro. Se dio la vuelta y se marchó. Edy la ponía con la piel de gallina, al sentir su contacto su corazón aceleraba el ritmo. Al llegar a la mesa, todos la recibieron con aplausos y abrazos. Entre ellos Gus, que ya se había integrado a la fiesta con los hermanos y amigos de Nat. Ella sorprendida charló un rato con él, mientras Edy con el ceño fruncido los observaba desde la barra. Al final, se acercó a la mesa, saludó a todos y le dijo a Nat: —Ya me voy ¿Cuándo nos vemos? —Gracias por venir a despedirte ¿eh?—Le dijo, y se acercó a darle un beso en la mejilla. Edy disimuló su molestia y terminó por marcharse. —Nos vemos mañana güey —le dijo a Gus, que actuaba como si nada. Al poco tiempo decidieron marcharse, eran casi las dos de la mañana, y todos tenían cosas que hacer temprano al día siguiente. Gus muy amable, los acompañó. Se despidió de Nat en la entrada del estacionamiento, cuando se escuchó una moto, era Edy, fuera del bar. Esperó a que Nat y sus hermanos cruzaran la avenida y se marchó. Entre risas y tonteo, los hermanos de Nat comenzaron a molestarla… —Ese Gus… le gustas ¿no? —Claro que no, es mi amigo. —Ajá, me lo creo…— dijo Jon. Entraron a casa y Nat se fue a la habitación. Mientras se ponía la pijama, escuchó una moto, se asomó por la ventana y era Edy, se miraron a los ojos sin moverse, hasta que él se puso de nuevo el casco y se marchó. A la mañana siguiente Nat se levantó temprano, necesitaba ir al centro de la ciudad a comprar un material. Su hermano Jon dormía mientras Herman se marchaba a la universidad a su taller de titulación. Nat se subió a su motoneta y se marchó. Llegó a la avenida donde estacionaba su motoneta, nerviosa caminó hasta el almacén, era muy temprano para encontrarse a Gus o a Edy, pero sabía que eran sus rumbos, aunque en el fondo, deseaba encontrarse con ellos. Al salir del almacén caminó para ir a comprar algo de desayuno, dudó si comprarlo para llevar o desayunar ahí mismo, cuando alguien la tocó por la espalda. —Hola ¿Qué haces aquí tan temprano? —Hola Edy—dijo sorprendida—. Vine a comprar unas cosas para mis trabajos finales… —Me encantan las casualidades, te invito a desayunar. —No puedo, gracias. —Anda, por favor. Vamos a mi casa, desayunamos y charlamos —puso cara de niño triste y Nat no se pudo resistir, sabía que no debía ir pero accedió. Edy la tomó de la mano y caminaron. —Perdón por la escena de ayer. — ¿Cuál de todas? —Todas, me puse muy celoso de tus amigos y Gus, que no desaprovechó un momento para estar contigo. —Edy… no empieces. Llegaron al edificio, era una torre de unos cinco pisos, un edificio antiguo pero elegante, bien conservado. Al entrar, Nat se quedó sorprendida del lugar. Estaba decorado con muy buen gusto y un toque modernista al cien por ciento. —Qué bonito lugar Edy, y que hermosa vista… ¿es tuyo el departamento? —De mi mamá, me lo renta… En realidad tenemos un trato, se lo estoy pagando. —Ah, qué bien… ¿y ella vive aquí? —No, en Canadá. Se casó con un canadiense y viven allí, viene dos veces al año y se queda una temporada aquí conmigo. Descuida, por lo pronto no está— dijo al ver la cara de circunstancia de Nat—Ven— la llevó a la cocina. — ¿Qué se te antoja? Nat se recargó en la encimera frente a la estufa, era una cocina pequeña pero acogedora. ¿Qué tendrán las cocinas? Pensó. Edy abrió la nevera y sacó algunas cosas. — ¿Hot cakes? Tengo congelados ¿se te antojan? —Sí, me parece bien… Edy se acercó a ella, notó que estaba algo cohibida, y abusando de sus encantos se acercó y la besó sin decir ni hacer nada más. Al instante los dos se volvieron locos de pasión, comenzaron a acariciarse, tocarse hasta que Edy la subió a la encimera y comenzó a desnudarla. Nat se dejó hacer, la atracción que tenía hacia él era muy grande. Era estar con él y desear tocarle todo. Edy le quitó la blusa con delicadeza, luego los zapatos y le desabrochó el pantalón. Desesperados, Nat se quitó el vaquero, hasta que quedó vestida con su sexy bra de media copa y una tanga color azul marino. Edy se desabrochó los jeans para darle libertad a su deseo, cuando la cerradura comenzó a moverse. Nat se puso roja, era el peor momento de su vida ¿quién entraba con esa libertad? ¿Qué no vivía solo? Edy grito: —No entre Lupita, deme un segundo. Nat agobiada lo miraba nerviosa, Edy tomó su ropa y se la dio. —Ve a mi cuarto, ya voy. Nat corrió como conejito asustado, eso le hizo gracia a Edy. Fue tras ella y gritó: — ¡Ya puede entrar!— Y cerró la puerta de la habitación. Nat se echó en la cama y comenzó a reír. Jamás había tenido una situación así. Edy se acercó a ella, y tonteando le dijo: —Perdón, olvidé que viene Lupita, me ayuda con la limpieza y los sábados viene por mi ropa para planchar. — ¿Tiene llave? —Sí, es de toda mi confianza… trabaja con nosotros desde que yo era chiquito, espera— salió de la habitación y volvió— ¿en que nos quedamos?
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