Natalia
La boda de Gil
Llegamos al pueblo casi a las siete de la noche. Mi padre nos regaña, la misa de la boda estaba por comenzar y aún no estábamos listos.
En lo que Jon bajaba las cosas, yo entro corriendo a casa. Llego a la que era mi habitación y ahí está mi abuelita Mita. Le sonrío y le doy un beso con cariño.
— ¿Por qué tan tarde Natashina?—Así me dice mi abuela de cariño.
—Abu, tengo que arreglarme en cinco minutos. Jon pasó muy tarde por mi.
—Ponte el vestido y ya. Eres preciosa.
Me mojé el cabello, me puse espuma para marcar los rizos, y puse un par de prendedores ocultos dejando unos mechones sueltos. Me miré en el espejo. Tenía la cara lavada, ya no tenía tiempo de maquillarme.
— ¡Rápido Nat! ¡Vamos tarde! —Me apresuraba mi padre.
Me pinto la boca, me pongo el vestido y salgo corriendo, le mando un beso a mi abuela y me marcho. Llegamos a la ceremonia, Jon y yo nos quedamos cerca de la entrada y cuando termina el ritual nos adelantamos para esperar a mis papás que estaban dentro de la iglesia. La fiesta llena de glamour y yo algo despeinada y sin maquillaje. Parecía loca, al menos eso era lo que yo creía. El tirante de mi vestido, cubría justo donde tenía la marca que me había hecho Edy, nadie notó nada.
Al llegar a la recepción, comenzaron los abrazos y los reencuentros. No hubo tiempo para más, llegaron los Ramírez, los Belgrano, los Ponce y los Delvalle. Como teníamos años sin vernos, tardamos horas en reconocernos. Mi madre saludó a su amiga Elsa, yo no los veía desde que tenía cuatro años de edad, pero los recordaba, fueron vecinos y sus hijos eran más o menos de la edad de mis hermanos y yo.
—Mira, vino Ferrán— me dijo Elsa. — ¿Te acuerdas de él? Se veían tan simpáticos de niños. Hasta se daban besitos. Yo fingí demencia y amnesia, recordaba a aquel niño rubio y flaco que no me prestaba el patín del diablo.
—Buenas noches Betty — dijo dirigiéndose a mi madre. Mi madre sorprendida al verlo exclama:
— ¿Ferrán? Que grande y guapo. Nat, cariño, saluda a Ferrán. ¡Jony! Ven a saludar a los Delvalle.
Yo rodé los ojos, poniéndolos en blanco y me volví con chulería, cuando frente a mí, me topo con el hombre más guapo del mundo. Vistiendo un traje obscuro y corbata morada. El cabello rubio, largo y lacio. ¿Hércules? Ojos café claro y un perfil griego perfecto.
—Hola—dijo serio. Yo, sin decir una palabra, extendí la mano y lo saludé de beso. Me sentí poca cosa, insegura y desarreglada a su lado.
Siguieron con los saludos y Óscar, mi otro hermano se acercó y me dio un codazo.
— ¿Qué? —le reprocho.
—Disimula un poco.
— ¿Qué cosa?
—No lo veas tanto.
Molesta, me marcho. Sigo saludando y procuro hacer como si nada pasara. Pero no podía evitar mirarlo. Después del brindis y platicar con mis "primos", así nos decíamos, aunque no lo fuéramos de sangre. Fui a saludar a los novios, Gil y Bianca. Éste al verme me dice:
—Vino Ferrán.
—Ya me lo presentaron...
—Sigue siendo odioso.
—Pero está buenísimo.
— ¡Nat! Disimula.
—Carajo qué les pasa hoy a todos. Además, voy llegando al pueblo y no alcancé a arreglarme como Dios manda. Me hubieran dicho que vendría este adonis.
—Te ves hermosa. Y que te conozca de una vez despeinada.
—Pero traigo unas ojeras...
— ¿Te fuiste de fiesta?
—Ya que no me invitaste a tu despedida.
—Íbamos puros hombres.
—Mira... — y con discreción me desacomodo el tirante que me cubre el cuello y le enseño el chupete.
—¡Nat! — Me reprocha de nuevo.
—Bueno, la pase bien sin ti, amigo. No me diste noche de despedida. Ahora soy amiga de tu esposa y conozco tus secretos.
— ¡Nat!
De nuevo le di un abrazo, Gil era un gran amigo, el mejor, conocía mis secretos y yo los suyos. Me dio otro abrazo y le dije al oído:
—Tus secretos están a salvo.
Luego saludo y felicito a Bianca, a quien también considero una gran amiga. Al volver con mis padres, pasamos al banquete. Las mesas eran cuadradas, con unos sicodélicos centros de mesa, mi amigo Gil es artista plástico, por lo que la creatividad y el juego de colores de la fiesta es bastante peculiar. Cuál fue mi sorpresa que todos ya tenían su lugar. La única silla libre, era junto al adonis, con Ferrán. Si era un poco pedante. De niños, a nadie les gustaba jugar con él, porque era bastante consentido y presumido, pero de que es guapo es guapo, lo es. De pronto pienso que quizá es gay, parecía modelo en sesión de fotografía, sin imperfecciones en el rostro, el cabello divino, las manos, solo le faltaba manicura. Fluye un poco la plática, “Estudio medicina… Me falta un año para el internado... Tengo novia y la amo con todo mi corazón… ¿bailamos?” Me invita a bailar y no puedo negarme mientras Jon me dice con los labios "disimula”, pero era inevitable, Ferrán a pesar de ser un poco insoportable es muy guapo y conmigo se portaba lindo, caballeroso y lindo. Suenan las clásicas canciones de boda, bailamos divertidos, de pronto empieza una canción muy tranquila. Pone su mano en mi cintura y yo, algo cohibida le doy la mano y pongo la otra en el hombro. El adonis baila muy bien, y comenzamos a charlar.
—Estás roja…—Me dice, mientras yo sospecho que él, estaba más que enterado que no podía quitarle los ojos de encima, al igual que muchas otras chicas. Evado la mirada y agrega: — Eres la más linda de la fiesta, que no me escuche la novia de Gil.
—Gracias — Le digo sorprendida y con una sonrisa más que tímida. El hombre es muy guapo ¿ya lo dije?, pero solo eso, no había una atracción como la que sentía con Edy... o con Gus.
Termina la canción y justo cuando pensaba pedirle que descansáramos un rato, me toma de la mano y me lleva a la mesa para hidratarnos un poco, cuando nos intercepta un fotógrafo.
—¿Me permiten tomarles una foto? Es para la sección de sociales del periódico local.
No nos da muchas opciones, y el adonis me toma por la cintura, mientras el fotógrafo nos indica que sonriéramos. Nos pregunta nuestros nombres y se marcha. En el pie de foto pusieron "Ferrán Delvalle y su hermosa acompañante", no pusieron mi nombre. Ferrán me pide que compre un ejemplar del periódico para él. Asiento con la cabeza, no me queda más opción. Luego sigue hablando de su novia, hubiera preferido que me hablara de cardiología, cirugía reconstructiva o apendicitis, pero me porto como una dama, yo odiaba los noviazgos perfectos. Deseaba con toda el alma besarlo y enviarle una foto de aquel beso a la odiosa de su novia, solo por fastidiar.
Después de que los novios, Gil y su esposa Bianca, partieran la tarta de boda, se acercan a mi mesa.
—Necesitamos un favor. —Me dice Bianca.
—Lo que necesites.
—Necesito ir al sanitario, y con este vestido, es imposible que lo logre sola.
Me levanto para ayudar a mi amiga y le digo a Gil que se quede molestando a Ferrán, junto con Jonás y Óscar, mis hermanos. Bianca no se cansa de agradecerme.
—Gracias por venir. Sabes que eres la única a quien le tengo confianza para esto. Pensé que vendrías acompañada de algún amigo.
—Ay Bianca, me conoces bastante. Soy algo huraña y la verdad es que solo atraigo a chicos complicados.
—¿Casados?
—No, me refiero a chicos que no buscan nada serio y honestamente esas relaciones abiertas, pues a mí no me van. Cuando tenga una relación con alguien que valga la pena serás de las primeras en saberlo. Tú te llevas a un gran tipo, y Gil se ganó el premio mayor contigo.
—Te adoro, ahora entiendo porqué Gil te quiere tanto. Dice que eres más hermana que sus hermanas.
—Pero si sus hermanas son adorables.
—Tal vez por eso les huye. — Reímos, le ayudo a acomodarse el vestido de nuevo y agrega:
—Mientras encuentras al chico perfecto, deberías de besar a Ferrán, su imagen de hombre insoportable es una fachada, se sabe guapo, pero es lindo.
—No, tiene novia. Jamás haría algo así.
—Gil tenía novia cuando nos conocimos, y yo también tenía novio, y míranos ahora. Iniciando esta locura juntos.
Al volver a la fiesta, encontramos a Gil tomándose fotos con mis hermanos y con Ferrán. Cuando llego, me jala para tomarse una foto conmigo y luego una con Bianca y yo en medio de los dos. Su padre era un importante constructor en la región, por lo que los medios harían una gran difusión de aquella boda. “Clase y Sociedad”, odiaba todo eso, pero en esas circunstancias era difícil escapar.
Al terminar la fiesta me entero que los Delvalle también se quedarán de huéspedes en la casa de mis padres. ¡Por Dios! Tendremos que soportar a Ferrán todo el domingo.
Al día siguiente me arreglo un poco.
El viernes por la noche tuvo a dos hombres buenísimos deseándome, el orgullo de que Ferrán fuera indiferente me molestaba. Recordé la noche con Edy y el beso de Gus. Cómo era posible que Ferrán Delvalle no me hiciera caso. Eso hería mi orgullo.
Al final Ferrán me pide mi teléfono, pues se acercaba el famoso festival del globo y el festival medieval y quería ir con su novia.
—Lleguen con Natalia, con gusto puede alojarlos—dijo mi padre. Además el departamento está muy cerca del parque donde se organiza el festival.
Pongo los ojos en blanco. Tendría que recibir al divo griego en mi departamento con todo y novia. Al final, Ferrán accede a salir a conocer San Juan, mis hermanos se hacen los occisos y me mandan sola. Cabe mencionar que, en el pueblo, todas las chicas me miran con envidia, y Ferrán es bastante agradable, podría decirse que deja esa faceta de tipo insufrible un buen rato.
Por la tarde, Jonás y yo, regresamos a León. Jon vivía en San Miguel, era maestro de música. Violinista y tenía una academia de prestigio. Yo, bajo mis cosas y Jon me dice:
—Al final Ferrán no te hizo ni pizca de caso.
—Cállate tonto. No podría andar con alguien así.
—Porque él no quiere andar contigo.— Ríe mientras yo le lanzo una envoltura de chocolate.
Yo me enojé, pero conozco a mi hermano. Sé que lo dice para molestar y lo consiguió. Bajo de la camioneta 4 x 4 negra de Jon y éste me dice:
—Ya está lista tu moto, te la traigo mañana.
—Gracias, me urge, adiós bobo.
Jon sonríe, así me demuestra su cariño.
—Cuídate bruja.
Yo me vuelvo a enojar, era el apodo que más me molestaba, le saco la lengua y azoto la puerta. Solo me falta gritarle ¡imbécil!, y la escena hubiera sido perfecta. Al final le digo adiós con la mano y sonriendo. Me acerco a la puerta del edificio mientras Jon se aleja.
—Hola—inquieta por aquella voz, me doy la vuelta. Era Edy.
— ¿Qué haces aquí?
—Quería verte.
Vaya que ese si era una sorpresa. Edy volvió.
—Soy un bruto, no te pedí tu número, pero por suerte sé dónde vives. ¿De dónde vienes?
—Fui el fin de semana con mis padres…
— ¿Y quién te trajo?
—Edy… ¿a qué viene este interrogatorio? Vengo muerta. Ayer me desvelé y…
Edy se acercó, puso las manos en mi nuca y tengo muy cerca de mi su boca.
— ¿Quién te trajo?
— ¿Estás celoso?
—Intrigado…
—Es mi hermano, y aún no se marcha. Siempre se espera a que entre a casa. Nos observa.
Nervioso se aleja. Mira alrededor y no hay nadie.
—Caíste…—sonrío.
Edy molesto por la broma no se resiste más y se acerca de nuevo, me toma por el cuello y me besa.
—Edy… ¿Qué pasa?
—Desde ayer quiero verte. Estuve aquí horas esperando que volvieras. Ni siquiera sé en qué departamento vives. Soy un patán, me fui así sin decir nada. No quiero que pienses que solo buscaba una noche loca, me gustas mucho, despeinada.
— ¿Despeinada? Qué romántico…
—Eres la despeinada más hermosa. ¿Me invitas a pasar o te invito a tomar algo?
—Bien, dejo mis cosas y nos vamos.
Al subir al ascensor nos miramos con complicidad. Por un momento creo que Edy va a besarme, pero solo me observa. Viste una camiseta negra. Trae un colgante de cuero con una cruz de plata en el cuello. Una pulsera de piel y un reloj deportivo. Y esos vaqueros ajustados.
Llegamos al piso 7, departamento 7C. Sin duda mi número de la suerte, es el siete.
Abro con calma, mientras Edy sostiene mi equipaje.
—Gracias.
Le digo rompiendo el hielo. El juego de miradas sigue. Yo comienzo a desesperarme, deseo besarlo. Deseo más, deseaba tocarlo, desnudarlo y comérmelo a besos. Este hombre me prende sobremanera.
Cierro la puerta y me dirijo a la sala. Dejo las cosas en el sofá y al volverme, me encuentro con Edy detrás mío. De inmediato se lanza a mis labios, me abraza y besa con pasión. Sin dudarlo nos metemos a mi habitación. Estábamos locos por desnudarnos y repetir.
—¿Y este chupetón?— Me dice el imbécil.
—Tú lo hiciste, no te hagas el inocente.
—Tenía que marcar mi territorio.
En segundos la ropa desaparece, y nos sumergimos en un momento de sexo desenfrenado y lleno de placer.
Juntos llegamos al clímax. Yo estoy en otra dimensión, el sexo siempre había sido algo placentero, pero con Edy, lo era todo. Sensaciones por todas mis terminaciones nerviosas. Explosivo.
Ella cierra los ojos. No quiere pensar. ¿A dónde va todo esto? ¿Qué debo esperar de Edy?
— ¿Qué sigue Edy?
—Vestirnos, quiero mostrarte algo.
Lo miro intrigada y antes de levantarse, él me ataca de nuevo y me besa.