Natalia
Tonteamos un rato, hasta que retomamos nuestro encuentro pasional, Edy me besó de los pies a la cabeza, hasta, me quitó la tanga e introdujo su lengua entre mis piernas, me devoró con pasión. Así fue aquel encuentro, besos, sexo intenso y éxtasis.
Tardé unos minutos en reaccionar, asimilando aún el orgasmo que acababa de experimentar. El ego de Eduardo no estaba de más, mientras el olor a mantequilla y hot cakes me hizo reaccionar.
— ¿Dejaste algo en la estufa?
—No, le pedí a Lupita que nos hiciera el desayuno…
—¡Qué abusivo! —Le reproché— Eres un negrero explotador.
Él sonrió, estaba feliz de tenerme entre sus brazos y yo también. Tal vez estaba jugando con fuego, pero deseaba vivir aquella relación con Edy. El estaba dispuesto a tener una relación formal conmigo y eso me gustaba, en el fondo era un buen tipo.
—Nat, tenemos que hablar, he sido un imbécil, tú me gustas y quiero hacer las cosas bien. Te lo mereces.
— ¿A qué te refieres?
—Nat, quiero que seas mi novia.
—Ya hablamos de eso Edy.
—Pero míranos, estás aquí, sé que te gusta estar aquí, pero también fuiste muy clara cuando me externaste lo que espera de una relación, quiero darte eso. Quiero que me lleves con tu familia y me presentes como tu novio, hablar con tu padre sin esconderme, conocer a tus hermanos, sé que eso es importante para ti.
Yo sonreí, darme esa oportunidad era necesaria en mi vida. Edy me hacía sentir cosas y mariposas en el estómago. Gus, le atraía, sabía que quizá era mejor partido, pero su corazón se inclinaba por Edy.
—A mis hermanos ya los conoces.
—¿Sí? ¿Cuándo?
—El día de tu escenita en el bar, iba con ellos.
—¿Todos ellos son tus hermanos?
—Solo Jonás y Óscar.
—Que bueno que no les rompí la cara.
—Y en cuanto a lo de ser novios, acepto.
— ¿De verdad?—Se levantó Edy incrédulo.
— ¿Estás consciente de lo que implica?
— ¿A qué te refieres?
—Aguantar a mis celosos hermanos y su séquito de amigos protectores.
— ¿Los de ayer?
—Los mismos, y que de una vez te quede claro, los fines de semana, mientras pueda los comparto con mi familia, son intocables, eres bienvenido por supuesto.
— ¿Cuándo tendré que conocer a tus padres? — Dijo nervioso.
—Ya veremos, por lo pronto desayunemos que muero de hambre.
Yo estaba sorprendida a la par que feliz, en unas semanas Edy estaba vuelto loco por mí. Tenía una fama fatal, yo lo sabía desde antes, pero ahí estaba, dispuesta a vivir esta aventura.
Después de conversar un poco después del desayuno, en su cama, me despedí de Edy. No nos vimos hasta el domingo por la noche que volví de ver a mis padres. Después de que Jon me dejara en mi casa, Edy pasó por mí y nos marchamos a su departamento.
El lunes por la mañana, cuando Edy me llevó de vuelta a casa, nos topamos con Loly, quien nos saludó sorprendida con el teléfono inalámbrico en la mano.
—Nat, tienes una llamada— me dijo.
Sonriendo como boba a mi amiga que nos observaba sorprendida tomé el aparato para atender la llamada:
— ¿Quién es?—Pregunté.
—Un tal Ferrán—. Yo contesto mientras Edy con el ceño fruncido me observaba.
Lo saludé efusiva, sin dejar de sonreír. Edy escuchaba la conversación y seguía con su cara de pocos amigos.
—Sí, claro, sabes que puedes llegar aquí sin problema. ¿Cuándo llegan? Fantástico, cualquier cosa me llamas. El festival comienza el miércoles por la tarde, vienen Jon y Óscar. No es molestia. Buen viaje…
Al colgar, Edy me miró serio.
— ¿Quién es Ferrán?
—Un amigo que vendrá al festival, y se quedará aquí.
— ¿Cómo? —Dijo molesto.
— Pues en una cama ¿Te molesta?
—Claro, es un hombre… No quiero que se quede aquí.
—Edy, se quedará aquí, y no está sujeto a discusión. Es amigo de toda la vida, hijo de unos amigos de mis padres de toda la vida. Es como mi primo, no tienes de qué preocuparte. Mis padres le ofrecieron hospedaje, este departamento no solo es mío.
—Te quedas en mi casa.
—Olvídalo. Mis hermanos llegan el jueves… y él es mi invitado, no le haré tal grosería.— De pronto recordé que Ferrán vendría con su novia pero para molestar a Edy omití el asunto.
Edy me miró seriamente, su mirada me reprochaba que no lo comprendiera. Yo lo estaba volviendo loco, y los celos lo comían. La noche anterior al ver cómo la gente me aplaudía y me felicitaban tras el número musical, la pasó fatal, veía en su rostro que deseaba romperle la cara a todo el que me tocaba.
Al fin, respiró y decidió marcharse aguantando sus ganas de estallar.
—Está bien, ¿paso por ti en la noche?
—Sí…
— ¿A qué hora llegas?
—Después de las ocho, ¿te parece bien a las nueve?
Edy suspiró y la abrazó, acercó su boca al oído y le dijo:
—Creo que soy algo celoso… trato de ser paciente.
Le di una nalgada y agregué sonriendo:
—Que se te vaya quitando porque tengo muchos amigos… y estoy contigo. Debes confiar en mí.
—En ti sí, en ellos no.
—El león cree que todos son de su condición.
— ¡Nat! — Se molestó de nuevo —. Tú también debes confiar en mí.
Yo le sonreí y lo besé.
El lunes por la noche, Edy me pidió pasar la noche con él.
—Anda, vas a estar vuelta loca toda la semana, y creo que nos veremos poco, con tus invitados y el evento.
—Está bien, me convenciste…—reí tontamente mientras lo besaba de nuevo.
Después de cenar y justo al comienzo de un encuentro pasional, timbró el teléfono.
Edy se levantó a contestar a la sala, lo escuché charlar con alguien.
—Vale, voy para allá.
Al volver, yo me encontraba recargada en el marco de la puerta, vestida con aquella camisa entallada y unas bragas estilo “hot pants”… el cabello alborotado y sonriendo.
—Eres una tentación, pero debo salir un momento.
— ¿Qué ocurre?
—Se activó la alarma de una de las bodegas, y no hay nadie que responda para ir a apagarla.
— ¿Y quién te llamó?
—El jefe… así que ni hablar, no puedo negarme. ¿Me acompañas o me esperas? Solo voy, la desactivo, espero a la policía para que revisen, firmo el reporte y vuelvo.
— ¿Nada más? ¿Y si entró alguien?
—Para eso está la policía, pero las últimas quince veces ha sido falsa alarma.
—Bien, te espero… avísame cualquier cosa ¿sí? —le di un beso, mientras observaba a Edy vestirse con rapidez me da un beso de nuevo y sale deprisa. Tomo un cobertor y me tiro en el sofá a ver la televisión. Me estaba quedando dormida cuando timbró el teléfono. Dudé si debía contestar o no.
— ¿Bueno? — Contesté pensando que era Edy.
—Buenas noches…— Escuché la voz de una mujer— ¿se encuentra Eduardo? — Pregunta dudosa.
Agobiada y algo descolocada, pensando en la fama de picaflor de mi novio respondo con seriedad.
—No se encuentra, ¿gusta dejar algún recado?
— ¿Quién habla?
—Soy Natalia, ¿quiere dejar algún recado?—insisto tratando de ser paciente.
—Dile que llamó Nora… ¿tú eres…su novia?
—Sí, soy su novia— respondí con seguridad, pero temiendo que aquella mujer fuera alguna de sus aventuras.
—Natalia, mucho gusto, algo me comentó, pero no esperaba que contestaras la llamada. Dale mi recado a Eduardo, que me llame por favor…
—Claro, salió por algo del trabajo pero dijo que no tardaría en volver.— contesté más tranquila al escuchar a la mujer con voz amable.
— ¿No sabes quién soy verdad?
En ese momento, traté de hilar las cosas, alguna conversación con Edy, pero nada se me venía a la mente. ¿Quizá era su madre? Pero ella se presentó como Nora.
—Ni idea Nora, discúlpame.
—Soy su madre, dile a mi hijo que tiene que llamarme para que me cuente más de ti. Me hubiera gustado enterarme por él.
—Seguro lo hará.
Nerviosa por aquella llamada, no consesguí conciliar el sueño. Tuve que esperar a Edy, para poder relajarse.
Cuando éste volvió, él se percató de mi actitud, algo torpe y nerviosa. Me besó con dulzura y comenzó a custionarme.
— ¿Todo bien Nat?
— Sí, te llamó una mujer.
—Ah, mi madre. Es la única mujer que me llama—. Yo lo observo incrédula. Y le aviento un cojín a la cara.
—No te creo.
—Lunes, once de la noche, solo mi madre— y se lanza sobre mí, para continuar lo que dejamos a medias.