Angélica
Estaba muy emocionada al saber que mi mejor amiga Natalia vendría a Canadá. Sabía que salía con un chico, pero cuando atamos cabos no lo podía creer.
—Eddie me dijo que es la directora de EVI, la institución para la que trabajas.
—¿Me estás diciendo que tú novio es Eduardo Santorini?
—Sí
—¿Él es el chico del que tanto me has contado? Por Dios Natalia, es guapísimo. Y es tremendo, creo que debes ir con cuidado.
—Lo sé Angy, pero estoy enamorada hasta el copete.
—¿Pero no había otro chico también por ahí buscando una oportunidad? Bueno, ya me contarás cuando estés aquí. ¿Cuándo llegan?
—Eddie ya está allá. Yo llego el 26 de diciembre. Angy, estoy feliz por verte. ¿Y tú que me cuentas?
—Pues también hay por aquí alguien que me trae un poco alborotada.
Le platiqué brevemente sobre Xavier, con quien se estaba volviendo una ilusión tener actividades juntos. Ir al supermercado, palear la nieve de las puertas, salir a caminar, a veces en grupo y a veces solos. Por las mañanas nos levantábamos más temprano para tomar un café juntos y por la noche, nos quedábamos tocando la guitarra y cantando.
Era un bohemio en todo sentido. Había viajado mucho y tenía alma aventurera. No sabía que pasaría más adelante entre nosotros, pero estaba dispuesta a seguir escribiendo esa historia, porque nadie conseguía aquella descarga eléctrica en mi cuerpo cuando tocaba mis manos.
Los dos trabajaríamos juntos los siguientes seis meses, y habíamos comenzado con el pie derecho.
La noche de navidad, organizamos una reunión, una velada amena, cenamos, bebimos y llevamos a cabo algunos rituales. Cabe mencionar que dos veces me tocó besar a Glen bajo el muérdago. A Xavier pareció no causarle gracia.
No teníamos actividades hasta después de año nuevo, por lo que Nora, la directora, y la madre de Eddie, el novio de Angy mi amiga, nos invitó a esquiar a su casa en Mont Tremblant.
Algunos ya tenían planes con amistades o familiares, por lo que solo fuimos Glen, Sunny, Xavier, Alex y mi hermano Rodrigo. Luis se fue a Toronto a ver a su novia. Nora nos recibió felices, era la segunda vez que nos invitaba y en esta ocasión la acompañaba su hijo Eddie. Mi amiga Natalia aún no llegaba.
A Eddie ya lo conocía de eventos anteriores gracias a "EVI". Estuvimos juntos en varios campamentos en Vancouver y en otro par de viajes a Orlando y otro por Latinoamérica.
—Anginita— me llamaba.
— No me llames así si no quieres que te eche de cabeza con tu novia.
Nos dimos un fuerte abrazo. El enterarme que Nat era su novia y saber que el mundo era tan pequeño que ahora un buen amigo era novio de mi mejor amiga, eran de esas jugadas raras del destino.
Noto a Xavier muy serio al ver que Eddie y yo nos tratábamos con tanta familiaridad, molestaba y hacía bromas.
—Mañana voy al aeropuerto por Natalia, ¿me acompañas?
—Me encantaría, cuenta con ello.
Xavier se acerca, mientras yo me encontraba en el patio tomando un té y leyendo un rato.
—¿A que fue tu novio o algo? —escucho decir a Xavier.
—¿Qué dices?
— Vamos, es muy efusivo contigo. Eddie, el hijo de la directora.
—Claro que no, es un amigo de mucho tiempo. Mi madre y Nora se conocen desde hace años. —Asintió con la cabeza y yo niego con la cabeza sonriendo. Sí reconozco que me gustó en algún momento. Pero no pasó de un coqueteo bobo. Además, en aquel entonces yo ya vivía en León y él en la gran ciudad. El amor de lejos no me va. A además su novia es mi mejor amiga, y mañana iremos por ella al aeropuerto. ¿Quieres venir?
— Sí te apetece mi compañía, con gusto. — Y se marchó de nuevo.
Mi amiga Sunny, sabe que algo me pasa. Tengo varios días buscando pretextos para estar con Xavier y viceversa.
Me gustaba bastante. Y eso me agobiaba, mucho. Pues nuestros proyectos particulares eran opuestos. Yo deseaba poner una clínica al volver a casa. El deseaba ser catedrático en la universidad de Cambridge. Poner su consultorio y tocar la guitarra los fines de semana en el bar de su hermano, en Londres. Un hippie—yuppie—hípster.
No deseaba casarse, ni tener hijos. En pocas palabras, o era gay o un auténtico cabrón.
Y yo, una romantic girl del romanticismo más romántico del planeta romantic land. Creía en el amor, y no solo eso, en el amor eterno, casarme y hacerme viejita a lado del hombre que deseara vivir conmigo esa aventura...
De pronto volví a la realidad:
—Angi... ¡Hola! — me insiste Sunny trayéndome de vuelta a la realidad.
—Dime...
—Andas perdida ¿qué te pasa?
— Nada
—Ajá y yo me chupo el dedo. A mí me parece que hay algo a lo que le estás dando muchas vueltas.
— Claro que no.
—Ese algo empieza con X...
—¿De qué hablas?
— Te gusta Xavier y tú a él.
Sorprendida por aquella afirmación me doy cuenta que es cierto. Él está pendiente mío casi todo el tiempo. Cuando lo veo platicando con una chica. Ella se ríe. Se toca el cabello, y luego se acerca a su cuerpo. Le roza el brazo y recuesta su cabeza en su hombro. Y el imbécil de Xavier, se deja tocar por ella ¡¡¡sin ninguna objeción!!! Los celos me comen, tenemos ya dos semanas de conocernos y ninguno de los dos ha hecho el menor intento por dar el siguiente paso.
Cabe mencionar que no es propio debido a nuestra relación fraternal del voluntariado. Mi mente me dice “mantente al margen” y mi corazón palpita desbocado cada vez que él está cerca de mí.
De pronto, perdida en mi imaginación de todo lo que quisiera que suceda, siento un piquete en la cintura.
—¿Qué piensas?
—Hola Xavi, nada en especial. ¿Y tú? ¿Qué plan hay?
—¿Me acompañas a caminar? —¡Me invitó a caminar! —Claro, voy por mi abrigo.
Vuelvo, y lo encuentro recargado en la pared del vestíbulo, sonriendo con esa picardía tan característica. Salimos y caminamos a la deriva.
— ¿A qué hora nos vamos mañana por tu amiga?
— No lo sé, le preguntaré a Eddie. Pero seguramente temprano.
Llegamos a un pequeño estanque congelado, el clima estaba frío pero agradable. Yo ya estaba aclimatada a aquel invierno, pero Xavi aún no. Venía de un país con un clima tropical. Nos sentamos en una banca de madera, y me observó, luego lo noté nervioso.
—Angy... yo quiero decirte algo. No sé por dónde comenzar, pero necesito que los sepas.
No tenía idea de que era lo que pasaba por su mente, me tomó de las manos, entrelazando sus dedos entre los míos, y sonriendo me dijo:
—Tengo muchos días dándole vueltas a esto, y creo que valdrá la pena intentarlo. Me gustas mucho. Y me gustaría que esto fuera más que una amistad.
—¿Puedes ser más específico?
Entonces se lanzó a mis labios, nos besamos, un beso tierno que fue subiendo de intensidad. Me separé un momento, él abrió los ojos y me observó esperando una respuesta.
—Di las cosas por su nombre por favor, no quiero vivir una decepción si no aclaramos las cosas desde el principio.
—Vale Angy, entiendo. Eres una chica tradicional, así que lo haré de este modo: Angélica, ¿quieres ser mi novia?
Comencé a reír, mientras él seguía acariciando nervioso mis manos.
—Vale, seré tu novia, y nos besamos de nuevo, esta vez el beso fue más intenso, y nos abrazamos, los dos deseábamos algo más.