Natalia
Angustiada por el descubrimiento de aquel chupetón en mi cuello, salí del baño, me vestí y me puse una blusa de cuello alto. Debía ir por mi vestido; el vestido era de cuello halter, con un poco de suerte y no se me notaría.
Escuché voces fuera de mi habitación. Era Gus que se despedía de Loly. No quería toparme con ellos pero tenía que resolver el asunto. Con una chalina negra podría remediarlo.
—Hola
Me dijo Gus efusivo mientras yo intentaba no entretenerme.
— ¿A dónde vas?— Dijo Loly.
—Por mi vestido, tengo prisa. Si viene Jon por mi dile que vuelvo pronto.
— ¿Jon?
—Sí, tenemos una boda en la noche y hay que tomar carretera.
Gus nos observaba en silencio.
— ¿A dónde vas? ¿Te llevo?
—Al centro—respondí agobiada.
—Vamos, yo también voy para allá — Gus se despidió de Loly y subimos juntos al ascensor.
—Es bonito tu departamento...— Me dijo Gus para romper el hielo.
—Gracias.
—Edy se fue temprano.
—Dijo que tenía cosas que hacer ¿es tu amigo no?
— ¿Estas enojada? Te noto algo tensa y nerviosa. Porque si Edy te hizo algo...
Se abrieron las puertas del elevador y salí primero que Gus.
—No es contigo Gus. Tengo una boda en la noche y el imbécil de tu amigo me marcó el cuello con un chupete. Tengo que buscar una chalina u otro vestido. Si Jon y mis padres lo ven, me matan. Y por supuesto mi abuela también.
Gus me miraba sorprendido por la confianza.
— ¿Le dijiste a Edy?
— ¿Y de qué serviría? Me acabo de dar cuenta.
Caminamos al bar frente al edificio. Ahí estaba el auto de Gus. Un mustang clásico color rojo. Gus observó una Harley Davidson estacionada, pero no dijo nada.
Cordialmente me abrió la puerta, encendió el estéreo y no cruzamos palabra en todo el camino.
Llegamos al centro de la ciudad, mientras le indicaba por dónde era. Llegamos al local. Tenía un letrero que decía "cerrado". Horario de 11 a 18.
— ¡Maldición!
Gus con paciencia se bajó del auto y se paró a mi lado.
—Tranquila, aún tienes tiempo ¿no? Apenas son las 9:30. Te invito a desayunar. Yo no tengo nada que hacer hasta la noche. Y vivo a unos cuantos pasos.
—Vale, gracias. Solo porque me caes bien.
Gus me sonrió, me tomó de la mano y me llevó a la puerta de un edificio cercano.
Extrañada lo observé. Sacó unas llaves y me dijo:
—Aquí vivo. Sólo me cambio de ropa y nos vamos. No tardo Nat. Estás en tu casa.
Sin ningún pudor se quitó la playera y entró al baño y escuché cuando encendió la ducha. Gus tenía un cuerpo muy marcado, era un poco más alto que Edy y tenía un torso muy sexy. Pensé en lo bien que lo había pasado Loly.
Como una tonta me quedé observando la puerta, imaginándolo ¿desnudo? ¿Qué estaba pasando? Gus se había acostado con Loly mi mejor amiga y yo con Edy. De pronto salió Gus del baño, con una toalla envuelta, el cabello alborotado y húmedo.
—No tardo preciosa, un minuto.
Él me observa, yo sentada en el sofá, nerviosa, algo insegura, pero me dijo "preciosa". Le sonrío y el me guiña un ojo.
Al salir de la habitación con una sonrisa sexy, un jersey rojo y unos vaqueros ajustados, trago saliva.
—Vamos.
Daban ganas de besarlo. El cabello húmedo, se veía irresistible.
Caminamos un poco en las calles del centro y entramos a una cafetería.
—Estás muy seria.
—Estoy ofuscada. Perdón.
— ¿Por qué estás molesta exactamente? ¿Por tu vestido? ¿Por Edy? ¿Por el chupete? ¿Por Jon?
— ¿Qué tiene que ver Jon?
—No sé. Dime tú.
Me percaté de que Gus no tenía idea de quien era Jon. No sabía si aclararlo o divertirme un poco.
—Estoy molesta por el chupete. Y Jon es...
—Tu novio.
— ¿Tú crees que le puse el cuerno a mi novio con Edy?
— ¿No?— Pregunta insistente.
—Jonás, Jon de cariño, es mi hermano.
Gus apenado me dijo:
—Que idiota soy —comenzó a reír.
—Gus, soy de mente abierta, pero no soy una golfa. Si tuviera novio ayer Edy se habría marchado con alguien más.
Seguimos conversando, mientras tomamos el desayuno. Gus es un chico interesante , le gusta viajar, leer y escribir. Jamás lo hubiera pensado. Al final nos entendíamos en la conversación, hablamos de algunos museos, de ciudades coloniales, y de sus próximas vacaciones a sudamércia.
— ¿Con quién vives?—pregunté.
—Con mis hermanos. Tengo dos. Ahora están con mi papá pasando el fin de semana.
— ¿Y tu papá donde vive?
—En la ciudad de Las Ranas, es una larga historia, mi mamá murió cuando nació mi hermano el más pequeño. Mi papá cayó en una terrible depresión, nos abandonó cuando yo estaba por cumplir 18 años. Luego se recuperó, no se lo ha perdonado. Pero yo tengo la custodia legal. Así que soy un joven padre de dos jóvenes adolescentes, de 14 y 16 años. Gracias a Francisca, una amiga de mi madre, pude sacar adelante a mis hermanos. Mi departamento, en realidad es el patrimonio que nos dejó mi madre, eso ha sido de gran ayuda. Mi papá estuvo trabajando duro para salir de su depresión y vive en la casa que era de mis abuelos. Mi abuelo tuvo una tienda de abarrotes, misma que mi padre dio a consignación y de ahí recibe una renta de la cual puede vivir más o menos bien.
—Lo siento— responde ella apenada.
—Son cosas que pasan. Desde que papá volvió, hace un par de años, ya tratado y tomando antidepresivos, ha estado más al pendiente. Pero yo aún no lo perdono. La pasamos muy mal.
Lo miré a los ojos. Noté tristeza en su mirada, sin embargo el sonrió.
—Estoy bien. No pongas esa cara. Mejor cuéntame de ti.
—Soy la pequeña, tengo dos hermanos más grandes.
—La consentida.
—Eso dice mi madre…
— ¿Y Edy?
— ¿Qué?
— ¿Vas a salir con él?
—No lo sé. Dijo que me llamaría. Dudo que lo haga. Ni siquiera me pidió mi número.
—Y tú no se lo diste.
El comentario me molestó. ¿De qué iba todo eso? Gus me miraba. Sus ojos me gritaban que me deseaba. Eso me ponía tensa. Así que le cambié la jugada.
— ¿Y qué tal Loly?
—Loly es… Loly. Me gusta pero a ella no le gustan las exclusividades. No es la primera vez que nos vemos, pero ella no quiere una relación seria ni exclusiva.
Él me miraba directamente a los ojos. ¿Qué ocurría? Yo estaba imaginando cosas con Gus, el mejor amigo de Edy.
—Debo irme.— Le dije.
—Aún tenemos diez minutos. La tienda abrirá, no te preocupes. Ves lo de tu vestido y te llevo de vuelta.
Gus se acerca, acaricia mis labios con su pulgar. Yo cierro los ojos al sentir su contacto, y él se acerca a mi boca. Yo dudo, lo deseo ¿Qué me pasa? La ninfómana era Loly. Pero Gus me atrae. Reacciono, abro los ojos. Demasiado tarde Gus se lanza a mis labios y me besa y yo no pude resistirme.
Me levanté exaltada y salí corriendo. Gus apenado por la escena pagó la cuenta y corrió tras de mi. Me encontró recargada en la pared, a la vuelta de la esquina, agitada por aquel beso repentino Gus llegó hasta mi.
—Nena ¿Qué pasa?
—No me llames nena y por favor no vuelvas a besarme. Serás cabrón. Estuve con tu amigo, tú con mi amiga. ¿Tú de qué vas? No vuelvas a...
Gus vuelve a besarme. Yo no me resistí pero saqué fuerza de voluntad y me separé y le doy una bofetada.
—Tu boca no miente. Sé que te gustó ese beso.
— Déjame en paz.
— ¡Nat!
Me dí la vuelta y caminé. Entré a la boutique de Jëzz Ameliè como alma que lleva el diablo. Mi corazón palpitaba y buscaba tranquilidad. Como era de esperar la encargada que ya me conocía, me pregunta:
—Señorita Reims ¿está bien?
— Sí, gracias. Un depravado me venía siguiendo.
—Siéntese ¿quiere agua? Está usted pálida.
Recordé el beso y volví a temblar. Edy me hizo pasar una gran noche pero Gus solo me había llevado al cielo solo con ese beso.
Cuando mi ritmo cardíaco volvió a la normalidad les pedí mi vestido. Era un modelo de dos piezas. Largo, de noche. Se casaba Gil, hijo de unos amigos de mis padres y Gil era mi mejor amigo. Eran cuatro familias que nos queríamos como hermanos. Asistirían los Delvalle, quienes se habían marchado al extranjero años atrás y desde entonces no nos veíamos. Era una boda esperada. Yo, como siempre iba sola, resignada a llevar a mi hermano Jon de pareja.
Me probé el vestido. Más suerte no pude tener. El ancho tirante alrededor de mi cuello, cubría perfecto el chupetón. Salí de la boutique y ahí estaba Gus recargado en su flamante mustang.
— ¿Me perdonas?
—No— me di la media vuelta y comencé a caminar.
—Nat... Espera, te llevo. Prometo no besarte, es que... de pronto tu boca me pareció irresistible. Pero me portaré bien. Anda perdóname.
Traté de negarme.
—Me voy en taxi gracias, no te molestes —bajé la banqueta e hice la parada.
—Nat, no me hagas esto.
—Gracias por el desayuno Gus—. Me subí al taxi y me marché.
Jonás pasó por mi pasadas las tres de la tarde. Con su prisa característica y su mal genio. Yo lo adoro, es mi hermano consentido. Mi confidente. Pero yo estaba enojada, tenía dos horas de retraso y lo ocurrido con Gus, me tenía confundida.
— ¡Apúrate Natalia!
—Llegas tarde y de malas. No voy a alcanzar a ir a peinarme.