Capítulo 1: El mismísimo diablo.

1171 Words
Podía decirse que había enfocado mi vida entera en un solo propósito, luego de que, admiré toda mi vida el mundo televisivo, decidí irme por la rama del periodismo. Estudiando y luchando hasta sacar el valioso título universitario. Luego de que, una mala relación en la juventud me robara todo tipo de esperanza en el amor y en los hombres, no hice más que hacer a un lado ese mundo y enfocarme nada más en lo que sería el trabajo por el resto de mis días. Probablemente podía decirse que era una obsesión, pasando horas ante el espejo simulando entrevistas, mirando la tv durante horas y volviendo loca a mi madre desde muy jóven. Había crecido con ella, siendo la periodista más reconocida en la zona, terminando por morir en manos de la delincuencia, siendo asesinada en una entrevista en medio de un balacero. Ella era capaz de hacer todo aquello que el mundo entero temía, dando la verdad y los hechos sin alterarlos, y arriesgando no solo su carrera, si no su vida entera. Mi madre había amado su carrera sobre todas las cosas, había sido justa y admirable desde que tenía uso de razón, y no hice más que seguir sus pasos hasta el día de hoy. Sentía que todo aquello no solo me acercaba a una imagen de ella que no existía, si no, me hacía sentir que desde lejos me miraba con orgullo. Había sido mi heroína a seguir, tal y como probablemente lo hubiese querido desde siempre. Entonces, cuando el empleo en la televisora más nueva de la zona llegó, no tuve más opciones que aceptar. No era el sitio que quería, siquiera el más lujoso, pero era tenía la oportunidad que había querido, comenzaría desde abajo y una vez más, seguiría los pasos de mi madre hasta convertirme en la reportera más conocida de la ciudad. Para Julio, llevaba dos meses trabajando en la plataforma, y por desgracia, nadie me tomaba en cuenta. Los sueños se venían abajo, y cada que le pedía a mi jefe ser tomada en cuenta, me recordaba la fase de prueba eterna en la que él me había dejado. Servía café para los hombres cada mañana y recogía el desorden cuando todos se iban. Estaba cansada, frustrada y bastante decepcionada. Pero entonces, creyendo que la oportunidad de mi vida había llegado, la tormenta negra se acercaría con todo aquello. Una entrevista que había sido pedida exclusivamente para mí. Héctor, quien era mi jefe, tenía el temor de siquiera comentarlo, terminando por decir que todo aquello era demasiado arriesgado para una novata, y que en mi lugar, iría Karla, una peliroja de piernas largas y abdomen plano que llevaba años saliendo en primera plana. Pero aquella entrevista, fuese quien fuese, se había rehusado a ese cambio. Una vez más, Héctor vino a mi, respiraba hondo, sudaba su frente y sus manos temblaban con desconfianza. Probablemente era la primera vez que le veía de aquel modo, se notaba a leguas el temor que tenía, y sabía que no era hacía mi. —Ésto es muy arriesgado, Leia. —Fue lo primero que dijo. —Én éste trabajo nos exponemos todos los días, pero lo que éste tipo pide… Es jugar con la muerte. —¿Pero qué dices, Héctor? Llevo meses esperando la oportunidad, meses pidiendo hacer más que servir el café, por Dios, dime qué sucede. ¿No confías en mí? —Cuestioné exhausta. Él negó pasando una fina toalla blanca por su frente. —Ese no es mi temor, Leia. Sé que eres una gran periodista, haces un trabajo limpio e increíble como alguna vez lo hizo tu madre, pero esto, no sabes lo que puede significar. —¿Quién quiere una entrevista privada, Héctor? ¿Por qué tanto temor? —Cuestioné. —Se trata de Darren. —Soltó sin pensar. —No sé quién es Darren. —Solté confundida. —Sí sabes quién es Darren, Leia. —Dijo respirando hondo. —Es quien organizó la balacera en la que tú madre falleció. —Soltó en un hilo de voz. Lo miré en blanco, dejando de mover mi pierna izquierda y comenzando a sudar tanto como él lo hacía. Aquella oportunidad probablemente la había esperado toda mi vida, y quisiera o no, iba a tener frente a frente al hombre más buscado del país, teniendo no solo la oportunidad de entender lo que pasaba por su mente, si no, saber la verdad tras aquel día en el que perdí a mi madre. —Lo haré. —Dije sin pensar. —No Leia, no lo harás. Es demasiado arriesgado. —Explicó poniéndose de pie hasta caminar de un lado a otro.—No has salido al campo, no tienes experiencia, no sabes defenderte. —Continuó diciendo. —Igual lo haré, Héctor. —Dije yendo tras él. —¿Sabes cuántas preguntas tengo? ¿Sabes todo lo que quisiera saber? —Pregunté. —Ésta oportunidad es lo que todos quieren, y la tendré yo. No hay mejor manera de ser reconocida en el mundo entero que entrevistar al hombre más temido y buscado. —Dije animadamente. Héctor, quien seguía negándose, pasó sus manos por su rostro con frustración, caminando hasta servir un poco de café para ambos, encender un cigarrillo y caminar hasta el gran ventanal tras nosotros. Miró todo a su alrededor, fumó aquel cigarrillo y guardó silencio el resto de esos minutos. —Vamos, Héctor… Imagina todo lo que eso puede significar para éste lugar. ¡Tendremos primicia! —Insistí. —Ya perdí a tu madre, Leia. Fue una increíble colega, amiga y madre… —Susurró con pena. —No perderé a nadie más en manos de la delincuencia. —Acabó por decir. —Sabes que igual lo haré. —Dije desafiante. —Contigo o sin ti, es él quien ha venido a mi. —Advertí. —... Leia… —Dijo con regaño hasta respirar hondo. —Ésto no me da buena impresión. —¡Es la oportunidad de mi vida, Héctor! ¡Déjame hacerlo! ¡Prometo estar a salvo! —Grité con emoción. —Puedo usar un micrófono, un rastreador… lo que sea. ¡Pero déjame hacerlo! —Pedí una vez más. Héctor pasó las manos por su cabeza una vez más, negó a lo bajo y respiró hondo. —Déjame pensarlo, déjame pensar el modo en el que puedas hacer ésto sin ponerte en riesgo. Hablaré con él, pondré condiciones… Algo intentaré. —Susurró.—Pero de solo pensarlo, éste hombre me pone los pelos de punta. —¿Tan aterrador es? —Cuestioné. —No cualquiera tiene una lista de muertos tan larga a tan corta edad, Leia. Sea lo que sea, es un asesino, delincuente, traficante… —Susurró. —Y éste país sólo finge intentar capturarlo, pero realmente nadie lo hace. Y antes de decir otra palabra, una llamada entrante haría a Héctor sobresaltar al mirar su pantalla. Estaba seguro era él. —¿Es él? —Pregunté. —Es el mismísimo diablo, Leia. Él mismo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD