—¡Contesta! —Grité al ver a Héctor helado ante la pantalla de su celular.
—... Leia, no sabes todo lo aterrador que puede llegar a ser éste hombre… —Dijo con pena.
Tomó el celular una vez más, miró la pantalla, respiró hondo y deslizó hasta contestar.
Su frente comenzó a sudar una vez más, sus manos temblaban a simple vista y su voz cambiaba por completo, era cierto, Héctor moría del miedo solo por hablar con él.
—Señor. —Fue lo primero que le dijo. —No creo que sea conveniente esa entrevista.
—¡No, no! ¡Dile que sí! —Susurré haciéndole señas ante él.
Héctor alzaba sus brazos y negaba, tratando de concentrarse y no arruinarlo con Darren al celular.
—Tengo más chicos, unos que llevan años trabajando, alguno puede entrevistarlo cuando guste, señor. —Continuó diciendo.
El rostro de Héctor dejaba a simple vista su temor, sin mi, por alguna extraña razón que aún no comprendía, no habría entrevista.
—Ella es muy nueva, señor… No sabe nada de éste mundo, es novata en todos los sentidos. —Trató de explicar.
Pero en un movimiento rápido, mientras Héctor dudaba y escuchaba las palabras de Darren, me aproximé hasta tomar el celular por mis propios medios y comencé a hablar.
—Darren, soy Leia, la periodista. —Balbucé rápidamente. —Estoy dispuesta a hacer la entrevista, siempre y cuando, prometas cumplir con mi bienestar.
Así mismo, ante mis palabras, Héctor caminaba de un lado a otro con preocupación, pasando sus manos sobre su cabeza con arrepentimiento y llevando sus manos hasta su boca por última vez para morder sus uñas.
Negaba y susurraba repetidas veces que todo estaba mal, pidiendo acabar la llamada y entregarle su celular.
Pero sabía que era la única oportunidad que tenía por ahora, y yo, al igual que mi madre, no tenía temor de nada, ni nadie.
Escuché su respiración tras la llamada, un silencio profundo que hizo erizar mi piel a la lejanía y poco después, su voz ronca comenzó a llegar a mi.
—Leia. —Fue lo primero que dijo. —Solo quiero contar mi versión, mi verdad, luego de eso, el fin llegará. Me entregaré. —Susurró explicando. —Pero antes, necesito que todos sepan de mí.
—Yo lo oiré, señor Darren. Contaré su historia, contaré la verdad sin alterarla. —Confesé.
Una vez más, su respiración sobre el micro se escucharía, respirando hondo, pensando y finalmente aceptando. —No me equivoqué contigo, Leia. —Confesó. —Eres valiente y decidida.
—Puedo preguntar ¿por qué? ¿por qué yo? —Cuestioné.
—Porque mereces una oportunidad, Leia. Mereces la oportunidad de demostrar tu potencial. —Susurró. —Alguna vez alguien creyó en mí, solo así, comenzó una nueva era en mi vida.
—¿Y cómo usted sabe todo ésto? —Cuestioné confundida.
—Darren lo sabe todo, Leia. Tengo oídos y ojos en todos lados, inclusive en aquellos sitios que crees que no. Pero ahora, espero verte pronto, solo tú y yo, si no, mandaré a mis hombres a acabar con todo. —Advirtió. —Nada de policías, ni de trampas, Leia. —Repitió. —No quiero que tengas el mismo destino que tu madre… —Susurró.
—¿Mi madre? —Pregunté. —¿Qué sabes tú de mi madre? —Insistí.
—Darren todo lo sabe, Leia, todo lo ve y todo lo escucha. —Recordó. —Pronto tendrás noticias del día, la hora y el lugar. No te impacientes. —Susurró antes de acabar con aquella llamada.
Quedé en blanco, mirando la pantalla tan helada como Héctor llegó a verla horas antes. Caminó hasta mi, tomando el celular de mis manos, tomándome de los hombros y mirándome fijamente. —¿Qué acabas de hacer niña? ¿Que acabas de hacer? —Insistió con nerviosismo. —Te pusiste en riesgo, aceptaste su propuesta… ¡Estás jugando con fuego! —Advirtió.
—Él sabe algo, Héctor. Sabe algo sobre ese tiroteo, sabe algo sobre mí… Sabe sobre mi madre. —Susurré frunciendo mi frente un poco confundida. —¿Cómo puede saber tanto? —Cuestioné.
—... Leia, Darren tiene hombres por todos los rincones de la ciudad, sabe todo de todos. Mi preocupación es su fijación en ti, exclusivamente en ti… —Susurró confundido. —Ésto no huele bien, Leia. No lo hagas, no lo hagas por tu mamá.
—Es por ella por quién lo hago, Héctor. Al igual que yo, ella no hubiese perdido una oportunidad así. —Advertí.
—Lo sé, pero mírate ahora, ¿de qué sirvió que tu madre fuese así? ¿dónde está ahora? —preguntó mirándome en blanco.
—Murió haciendo lo que amaba, Héctor, defendiendo todo lo que conocía, siendo una heroína para todos… Murió con honor. —Expliqué.
—Exacto, Leia, murió. No quiero lo mismo para ti. Queda vida por vivir, eres una niña. —Insistió.
—Nada cambiará mi decisión, Héctor. Ya vendí mi alma al diablo, ahora tengo que hacerle frente de una vez por todas. No quiero servir café el resto de mis días, no vine aquí para eso. Si así te demuestro mi potencial, que así sea.
—Pones tu vida en riesgo, Leia. —Recordó.
—Corremos peligro todos los días, Héctor. Inclusive estando aquí dentro, la muerta está en todos lados.
—...Pero ésta vez eres tú quien va tras ella. —Advirtió.
—Voy tras un sueño, Héctor. —Reclamé.
—Vas tras un sueño muy arriesgado, Leia.
—Igual lo haré, Héctor. Ya no me detengas como lo has hecho todo éste tiempo. —Dije algo molesta. —Mira el lado positivo, si algo me sucede, ya no tendrás que inventar excusas cada que te pido trabajo real.
—...No sabes mis razones, Leia… Te he cuidado todo éste tiempo, es lo único que he intentado hacer. Tu madre fue mi mejor amiga, hubiese querido tenerte sana, fuera de todo peligro. —Explicó.
—Mi madre hubiese querido que siguiera mis sueños, Héctor. Fue lo que ella hizo toda su vida, seguir sus sueños sin importar lo arriesgado que fuese.