Abril Mi tío Sebastián me mantuvo largo rato abrazada, para él yo representaba la única familia que le quedaba y eso también era él para mí. Quedamos de ir a almorzar todos juntos a un lujoso restaurante, pero a Milena, la secretaria de mi tío; a Sabrina, que también nos acompañaría, y a mí, no nos apetecía estar entre tanta gente empaquetada, las tres habíamos llorado bastante, así es que decidieron llevarnos a otro lugar más íntimo y familiar. ―Nicolás estaría orgulloso de ti ―me comentó mi tío mientras esperábamos el almuerzo. ―¿Porque no quise ir a un restaurante de lujo? ―Intenté bromear, ya no quería llorar más. ―No, por como estuviste hoy, esas palabras que dijiste. Ellos estarían orgullosos. Yo lo estoy. ―No me haga llorar de nuevo, ya he llorado demasiado ―pedí con los

