No supe ni qué decirle, no me lo hubiese imaginado jamás. Quería hacerle un millón de preguntas. Pero Nicholas no estaba en condiciones de responder a ni una de ellas. Así que, solo lo abracé mientras él se derrumbaba en mis brazos. Juro que yo lo había visto vulnerable ante mí, pero no lo sé. Esto era diferente. Esto me rompía el corazón. Y si a mí me lo rompía, no quería imaginar a él. A él, creo, que lo estaba destruyendo. No sé cuánto tiempo estuvo llorando, solo sé que fue muchísimo tiempo. Cuando paró sus hipidos no lo dejaban hablar y sus ojos, esos hermosos ojos que me encantaban, estaba tan rojos que daban miedo. Lo llené de besos para consolarlo, pero él estaba tan triste que ni me miraba. Se quedó dormido en mis brazos, así como estaba vestido, de traje y con zapatos. Un rat

