María miró por la ventana del autobús mientras este avanzaba por las estrechas calles de su barrio en Santiago. Después de meses de incertidumbre y de un torbellino emocional en Melbourne, estar de vuelta en Chile le provocaba una mezcla de nostalgia y ansiedad. El cielo gris de aquella tarde de primavera y el aroma a pan fresco que salía de una panadería cercana parecían transportarla a su adolescencia. Era como si el tiempo no hubiera pasado, aunque en su interior se sentía una persona completamente distinta. El trayecto hacia la casa de sus padres era una especie de ritual. Había optado por tomar el transporte público en lugar de un taxi o el auto de un familiar. Quería sentir cada esquina, cada recodo que había dejado atrás. El bus avanzaba por una avenida bordeada de árboles jacarand

