Juan miró por la ventana del avión, observando cómo el paisaje bajo sus pies se transformaba en la costa chilena. El vuelo desde España había sido largo, pero estaba agradecido de tener a Valentina a su lado. Valentina y él se conocieron en Barcelona hacía casi un año. Ambos vivían en la misma residencia de estudiantes y, después de varias coincidencias en fiestas y reuniones, desarrollaron una amistad inusualmente cercana. Valentina era diferente a cualquier persona que Juan hubiera conocido. Era segura de sí misma, abierta y sin ataduras. Además, compartía con Juan una aversión a los compromisos serios. Su relación comenzó una noche después de una fiesta universitaria, cuando ambos, tras varios tragos, admitieron sentirse solos en una ciudad extranjera. Se besaron, y esa noche compartie

