Si en el principio de la historia Juan hubiese sido claro con María con respecto a tener una familia la perspectiva sería diferente, y el inicio de esta historia hubiese comenzado de esta manera…
Juan ya está en pie, preparando café en la cocina, y María aún se despereza en la cama, revisando las r************* y respondiendo a algún mensaje que quedó pendiente.
En la mente de ambos, empiezan a surgir los pensamientos sobre lo que les espera durante el día. Juan, con su café en mano, piensa en los proyectos que tiene pendientes en el trabajo, en los objetivos que se ha trazado pero que si sigue en ese trabajo no va a poder tener los recursos suficientes para formar una familia con María, en cambio si se dedica a sus sueños que están relacionados con la música y el mundo artístico quizás sus ingresos fueran buenos pero no tendría el tiempo que necesitaría. María, por su parte, se plantea que su trabajo cada vez la tiene más abrumada, la cafetería que pensó que era el trabajo de sus sueños, después de haberse certificado como barista, ahora le estaba consumiendo la vida, y los pequeños logros que la llenarían de satisfacción se alejaban cada vez más.
“Buenos días, amor,” dice Juan, entregándole a María una taza de café. Ella sonríe y lo recibe con agradecimiento.
“Buenos días,” responde María, mientras toma un sorbo y siente el calor del café despertarla por completo.
Sentados juntos en la mesa de la cocina, la conversación fluye sobre los planes del día. Hablan de sus trabajos, de las cosas que los frustraron el día anterior, y de los planes que tienen para el fin de semana juntos para olvidarse un poco de la rutina. Ellos saben que las distracciones del fin de semana los ayuda a escapar de tanta desdicha laboral, aunque para Juan además de eso, hay algo que siempre parece estar en el aire, l idea de un bebé es una tensión sutil que el está cansado de ignorar.
Juan se atreve a romper el silencio. “Maria, he estado pensando mucho en algo últimamente y siento que hemos estado posponiéndolos por mucho tiempo, podemos hablarlo...”
María lo mira, sus ojos reflejan sorpresa pero también se imaginaba con que tema venía Juan. “¿A qué te refieres?”
“Quiero que tengamos un bebé,me he dado cuenta que he estado evitando esta conversación y es muy importante para mí.”
María asiente lentamente. “Lo entiendo. Pero amor ya lo hemos hablado, tengo objetivos en mente, tú sabes que también tengo mis propios sueños y siento que un bebé en estos momentos los pondría en pausa.”
Este momento de honestidad abre una puerta. Ambos comienzan a compartir más profundamente sus deseos, sus miedos y las cosas que los harían felices. Se dan cuenta de que, aunque aman compartir su vida juntos, también es crucial que cada uno tenga su propio espacio para crecer y perseguir sus propias metas, y aunque el sueño de Juan sea formar una familia tempranamente con María sería algo en lo que ambos tendrían que estar de acuerdo, sobre todo María que es quien llevaría al bebé por 9 meses en su barriga.
“¿Por que lo ves tan complicado, te puedo ayudar con el bebé cuando ya no dependa totalmente de tu leche materna y pueda tomar de un biberón, a partir de allí puedes ir a hacer lo que quieras y yo te podría ayudar, no te parece?” pregunta Juan, sus ojos brillando con la esperanza de que María lo vera más fácil si él le ofrece apoyarla a cuidar al bebé .
“Sería lo ideal,” responde María . “Y creo que podemos hacerlo. Pero en realidad no es tan fácil como lo ves Juan, no es tener un bebé y ya. Podemos seguir esta conversación después por favor, ya la hemos tenido y no termina bien, después terminas diciendo que me entiendes pero dos meses después como que se te olvida que me entendiste.”
La conversación se prolonga durante el desayuno. Los argumentos y contrargumentos se entrelazan, cada uno tratando de hacerse entender, de encontrar un punto medio que no parece llegar. María siente la presión en sus hombros, la necesidad de complacer a Juan, de mantener la armonía en su relación, pero también lucha con su deseo de no sacrificar sus sueños y su independencia.
Juan continúa, su tono más insistente, aunque intenta mantener la calma. “Mira, María, sé que no es fácil, pero mucha gente lo hace. No serías la primera mujer en tener un hijo y continuar con su carrera. Además, yo estaré aquí para apoyarte en todo lo que necesites.”
María respira hondo, tratando de no dejar que su frustración se convierta en enojo. “Juan, entiendo lo que dices, pero la realidad es que una vez que el bebé esté aquí, mi vida cambiará por completo. Las noches sin dormir, las preocupaciones constantes, el tiempo y la energía que demanda… no es solo tener un bebé y seguir adelante como si nada.”
Juan se pasa una mano por el cabello, claramente frustrado. “Pero María, no puedo evitar sentir que estamos perdiendo tiempo. No quiero que lleguemos a una edad donde sea más difícil o incluso imposible tener hijos. Es un sueño que tengo desde hace mucho, y quiero compartirlo contigo.”
María siente un nudo en la garganta, sabiendo que la conversación está llegando a un punto crucial. “Y yo no quiero que mis sueños queden relegados a un segundo plano. Siempre he querido viajar, seguir aprendiendo, crecer profesionalmente. Un bebé cambiaría todo eso, y no estoy lista para hacerlo.”
La tensión en la cocina es palpable. Juan se queda en silencio, su expresión endureciéndose. “Parece que siempre es sobre ti, sobre tus sueños, tus planes. ¿Y mis sueños, María? ¿Dónde quedan en todo esto? No estoy pidiendo que renuncies a todo, solo quiero que consideres la posibilidad de que podemos hacerlo juntos.”
María siente que está a punto de ceder, que el peso de sus palabras y el deseo de mantener la relación la están llevando a un punto de quiebre. “Tal vez tienes razón, Juan. Tal vez podemos encontrar una manera de hacerlo funcionar. Pero necesito que entiendas que será un gran sacrificio para mí, y necesito tu apoyo total.”
Juan se acerca y toma su mano, sus ojos llenos de una mezcla de esperanza y determinación. “Lo prometo, María. Estaré contigo en cada paso del camino.”
Aunque todavía siente dudas, María asiente, tratando de convencerse de que están tomando la decisión correcta. “De acuerdo, Juan. Haremos lo posible para que funcione. Pero por favor, no olvides lo que estoy sacrificando por esto.”
Juan sonríe y la besa en la frente. “No lo olvidaré, lo prometo.”
Sin embargo, en su interior, María no puede evitar sentir que ha cedido más de lo que quería, que ha sacrificado una parte importante de sí misma para mantener la relación. Y mientras Juan se aleja para prepararse para el trabajo, ella se queda sentada en la mesa, con la taza de café fría en sus manos, pensando en lo que podría haber sido y en lo que está por venir.
María observa a Juan salir por la puerta, su corazón pesado con la decisión que ha tomado. Sabe que ha complacido a Juan, pero también sabe que la batalla interna apenas comienza. En el fondo, siente que la dinámica de su relación está cambiando, y no está segura de que sea para mejor.