Claramente es muy difícil ponernos en los zapatos de los personajes, pero se que parte de ustedes seria esta faceta del egoísmo siendo este un caso hipotético.
Juan dejó caer la cuchara en la taza de café, el sonido resonando en la cocina silenciosa. “¿Qué? María, hemos hablado de esto. Sabes que tienes que irte. Es lo mejor para ti.”
María negó con la cabeza, su voz firme aunque sus manos temblaban ligeramente. “No, Juan. Lo mejor para mí es estar aquí, contigo. No quiero seguir sacrificando nuestra relación por mi carrera. Podemos encontrar una manera de hacer que funcione.”
La expresión de Juan se endureció, y por un momento, María vio un destello de algo oscuro en sus ojos. “María, esto no es solo sobre ti. Yo también tengo planes, metas que quiero alcanzar. No puedo estar atado a esta relación si eso significa renunciar a mis sueños.”
María sintió como si le hubieran dado un golpe en el estómago. “¿Así que es eso? ¿Prefieres tu carrera a nosotros?”
“Es más complicado que eso y lo sabes,” respondió Juan, cruzando los brazos sobre el pecho. “No es justo para ninguno de los dos. Necesitamos espacio para crecer individualmente. No quiero que te quedes solo por mí.”
“¿Y qué hay de lo que yo quiero?” replicó María, su voz quebrándose. “Siempre hemos hecho sacrificios el uno por el otro. ¿Por qué ahora no puedes hacer uno por mí?”
“Porque no quiero ser el motivo por el que renuncias a tus sueños,” dijo Juan, su tono cada vez más cortante. “No quiero ser el villano de tu historia.”
María se levantó de la mesa, las lágrimas ardiendo en sus ojos. “Tal vez ya lo eres, Juan. Tal vez al no querer que me quede, ya has decidido que tu carrera es más importante que nosotros.”
La tensión en la habitación era palpable, y por un momento, ninguno de los dos habló. Finalmente, Juan se volvió hacia la ventana, sus hombros tensos. “No quiero que esto termine así, María. Pero tampoco quiero que te quedes solo para que después me lo reproches.”
María tomó una profunda respiración, tratando de calmarse. “No te lo reprocharé. Esto es algo que quiero hacer. Quiero estar contigo, enfrentar lo que venga juntos.”
Juan cerró los ojos, apretando los puños a los costados. “María, si te quedas, solo será cuestión de tiempo antes de que uno de los dos termine resentido. No podemos obligarnos a vivir una vida que no nos hace felices.”
María se acercó a él, poniendo una mano en su brazo. “Podemos encontrar un equilibrio, Juan. No tiene que ser todo o nada.”
Juan la miró, y en sus ojos, María vio una mezcla de amor y desesperación. “No sé si podemos, María. No sé si podemos.”
La decisión de María de quedarse creó una grieta aún más profunda entre ellos. A pesar de sus intentos por salvar su relación, cada día parecía traer más distancia y conflictos. Juan seguía insistiendo en que debía irse, mientras que María luchaba por encontrar una solución que pudiera mantenerlos juntos sin sacrificar sus sueños.
El día que María debía haber partido llegó, y en lugar de estar en un avión, estaba en su apartamento, empacando sus cosas. Juan observaba en silencio, una mezcla de tristeza y frustración en su rostro. “Estás cometiendo un error, María.”
Ella levantó la mirada, con lágrimas en los ojos pero una resolución inquebrantable. “Tal vez, pero es un error que estoy dispuesta a cometer por nosotros.”
Juan no respondió, y el silencio entre ellos fue ensordecedor. Sabían que estaban en un punto de no retorno, y aunque el amor que sentían el uno por el otro seguía allí, también lo estaban las dudas y el dolor.