«Que esto no fue solo sexo, al menos no para mí». Entonces, el mundo exterior decide reclamar su lugar. El sonido de mi móvil estalla en algún lugar de mi habitación, estridente y rompiendo la burbuja de cristal en la que estábamos encerrados. El timbre corta el aire como una cuchilla, recordándome que el tiempo no se detuvo, que la vida sigue fuera de estas cuatro paredes. —Creo que debería contestar —susurro, mi voz saliendo un poco ronca y baja. Me incorporo, sintiendo el aire fresco golpear mi piel húmeda. No me molesto en cubrirme; no hay nada de mi cuerpo que él no haya explorado ya con una curiosidad casi devota. Siento su mirada pegada a mi espalda, un rastro de calor que me sigue mientras camino hacia el montón de ropa descartada en el suelo. Me agacho para tomar mis vaqueros,

