—Audrey, esto es importante. —Me iré por dos semanas, Alistair. —Continúa como si nada. —Y, por cierto, sabes que te pedí que hablaras con el idiota ese para que no me obligara a viajar. Sí, recuerdo su pedido sobre el director de la película que se encuentra rodando ahora mismo. —No es mi proyecto, Audrey —respondo, sintiendo que la paciencia se me agota—. No voy a meterme en el trabajo de otro director, te lo dije. —Bien, entonces lo que sea que tengas que decir puede esperar a mi regreso —dice, restándole importancia con un gesto de la mano. —Audrey... —No, Alistair. Por favor. Debo estar en la pista de abordaje en una hora y, con el tráfico de esta maldita ciudad a esta hora, apenas voy a llegar. La tomó del brazo con firmeza y la obligó a apartarse del torbellino de su asistent

