– Amigo –dijo Ismael dirigiéndose al chico que se sostenía de Nara –. Te dije que no tomaras tanto, ya molestaste a esta chica. – Me ayudó –balbuceó el chico –. Es buena persona. – No fue ninguna molestia, no quería que se hiciera daño. Ambos chicos le sonrieron, pero más bien era una sonrisa incómoda. Aun así, ella se sintió en un sueño, le pareció irreal. – Gracias por traerlo –dijo una voz que le resultó vagamente conocida –. ¿Cómo te llamas? El chico que hacía cuatro años firmó su disco, le estrechó la mano. – Nara Morales, mucho gusto. – Rodrigo García, el gusto es mío. ¿Habría de decirles que en realidad ella los conocía? ¿Qué cuatro años atrás ella fue fanática de su música? Prefirió guardar el secreto, mucho tiempo había transcurr

