Hagámoslo

2308 Words
ASHER Regreso a Amanda con mis anteojeras imaginarias puestas. Circulamos, bebiendo nuestras bebidas, aceptando aperitivos, mientras mi corazón late con fuerza. –¿Conseguiste una habitación para esta noche? – pregunta mientras miro una bandeja de coctel de camarones que pasa. –¿Quieres camarones? – pregunto, señalando la bandeja con el pulgar. No quiero responder a su pregunta. –Hmm. Tal vez uno. Pero solo uno. Tengo una prueba mañana– Lo busco y encuentro un solo camarón. Y entre la multitud, encuentro los ojos de Mila esperando los míos. Una descarga eléctrica me recorre el cuerpo y frunzo el ceño, agarrando la comida y girándome hacia Amanda. –Aquí tienes– todavía puedo sentir la mirada de Mila sobre mí, así que le doy un beso en la parte superior de la cabeza. –Disfrútalo– Ella ríe de nuevo, mirándome con curiosidad. –Eres un tipo rico agradable y cariñoso– –Vamos. Ya deberías saber esto sobre mi– –Se algunas cosas sobre ti– dice con un guiño antes de darle un delicado mordisco al camarón gigante. Estoy un rato con Amanda, haciendo una pausa para juguetear con los adolescentes antes de que comiencen su presentación a los invitados. los chicos están preparando un proyecto a lo largo plazo para el que quieren financiación específica: un proyecto de escultura inspirado en las ciencias, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas que combinaría metalistería y arte. La pieza terminada se exhibe en el vestíbulo de Hamilton Wealth. Los chicos con los que trabajamos son los más geniales. Un whisky se convierte en dos. Para cuando termino el segundo, una calidez me recorre el cuerpo. Y esta vez, cuando capto la mirada de Mila al otro lado de la sala, no siento la necesidad de ignorarla. No, necesito confrontarla. Charla con Weston y Dominic, con un aspecto tan despreocupado y tan hermosa como siempre. Una parte de mi sabe que esto es lo que pudiera haber tenido si hubiéramos terminado juntos: captar su atención desde el otro lado de la sala en reuniones de clase alta, unirme a la conversación con ella y, mis hermanos. Abrazarla, desaparecer en una habitación en el piso superior una vez que terminamos de cenar y beber- El solo hecho de pensar en la vida que habíamos perdido todavía me revuelve el estómago. Mila llena mi cabeza y me vuelve loco. Había logrado reducir los recuerdos a un zumbido sordo a lo largo de los años, esta orbita llena de animosidad, sigue siendo demasiada. Ocho años deberían haber sido tiempo suficiente para seguir adelante. El hecho de que no lo haya hecho me hace sentir ridículo. ¿es esto lo que sienten las almas gemelas como algo casi parecido a una enfermedad mental? –¿Qué estás mirando? – Amanda escudriña la habitación, intentando seguir mi mirada. –¿Hm? – apenas la oigo por encima de la estridente fiesta de mis pensamientos. –Dime que ha llegado la celebridad. Dios mio, ¿Quién es? – Su voz suena como un zumbido irritante, el tipo de ruido que aplastaría como una mosca si pudiera, ahora que Mila está al alcance de la mano. Si así se sienten las alamas gemelas, entonces necesito prepararme para una vida de locura. Porque, aunque Mila se dirige al divorcio, mi sentido de la justicia no me permite dejar de lado este rencor que guardo. Puedo guardar rencor más tiempo del que un cadáver cubierto de ceniza se aferra a la cerámica en Pompeya. Guardaré este rencor hasta que los científicos examinen mis restos dentro de mil años. Mila no merece la reconciliación. No la obtendrá de mí, por mucho que afirme apoyar nuestros esfuerzos. Y como mi corazón y mi cerebro no se hablan últimamente, necesito apartarla físicamente de mi vista. excepto que no puedo dejar de mirarla fijamente. –Asher, ¿me estás escuchando siquiera? – –Te estoy escuchando, Mila– Las cejas de Amanda se juntan, notando mi desliz antes que yo. –¿Mila? ¿Quién demonios es Mila? – –Amanda. Eso es lo que dije– trago saliva con fuerza, bajando la mirada a Amanda con una breve mirada. –Amanda. Debes haber oído mal– Su mirada de reojo me dice que no se lo cree del todo, pero las cosas estan bien por ahora. –Tengo que ir a hablar con alguien rápidamente– le digo. –Vuelvo en un rato– –De acuerdo. Iré a socializar– Me mira con los ojos entrecerrados y se pone de puntillas para darme un beso en los labios. Me pongo rígido, sin saber cómo responder. No solemos besarnos en público. De hecho, rara vez mostramos afecto, salvo alguna que otra palmada en el trasero. Todo lo demás está reservado para el dormitorio. Pero tal vez mi coqueteo inducido por Mila había abierto accidentalmente esa puerta. Cruzo la habitación. Mila se ríe con la mano apretada contra su boca. Weston esta absorto en la narración cuando llego, y espero cortésmente hasta que termina de contarle sobre la vez que accidentalmente ofendió al rey de Marruecos. Weston me da una palmada en el hombro cuando termino de contar la historia. –¿No fue horrible? – –Fue horrible– estoy de acuerdo, con mi mirada fija en Mila. Ella endereza la espalda, reprimiendo una sonrisa. –Me preguntaba si podría mostrarte algunos de los proyectos en curso en los que trabaja nuestra organización benéfica– Sus ojos se iluminan, como si creyera que es la rama de olivo que yo presento. Poco sabe ella. –Me encantaría. Gracias, Asher– –Él es el mejor preparado para presentar estos proyectos que nadie– dice Dominic. Les ofrezco a mis hermanos una sonrisa forzada y muevo la cabeza para que Mila me siga. Recorremos el salón abarrotado, dirigiéndonos a la zona infantil donde se habían realizado las presentaciones. –¿Así que realmente apareciste a pesar de que nuestra oferta fue rechazada? – pregunto una vez que estamos frente a la exhibición que presenta el proyecto inspirado en STEM. –Por supuesto. El trato no está muerto– Da un sorbo a su vino blanco. –A mí me parece bastante muerto. Hay opciones. Si buscas lo suficiente– La miro, cruzando los brazos. No confió en las opciones de Cargill. –¿Qué quieres que diga? Estoy trabajando contigo– –Parece que estás fingiendo– la forma en que mi corazón late contra mis costillas y todo mi cuerpo se calienta advirtiéndome que deberíamos trasladar esta conversación a un lugar mas discreto. Una puerta arqueada conduce a un pasillo de servicio detrás de nosotros, y asiento hacia él. –Vamos a hablar en privado– Sonríe con suficiencia. –Te encanta hablar en privado, ¿verdad? – –No quiero que mis invitados sepan que tengo algo que ver contigo– Su fría sonrisa burlona parpadea, haciéndome saber que mi pulla había dado en el blanco. Cuando me dirijo al pasillo, ella me sigue. Y entonces nos acomodamos en la alcoba tenuemente iluminada justo al lado del pasillo de servicio principal. Los sonidos de la fiesta se atenúan hasta convertirse en un zumbido indistinto. La música suena más como una pista de audio que un grupo en vivo. Mila me mira, su mirada verde espuma de mar me roba las palabras. –De acuerdo. Déjame oírlo– Me hace un gesto. –Dámelo, Asher– Pero no puedo dárselo. Al menos, no lo que ella espera. Estar tan cerca de ella, con esta cantidad de whisky corriendo por mis venas, solo me recuerda el hecho de que estamos solos. Se está divorciando. Y no ha pasado un día en que no la desee. Niego con la cabeza, mirando hacia otro lado. –Te dije que te alejaras de nosotros– –¡Oooh! He estado esperando esto– se ríe, dándome un golpe en el pecho con el dedo índice de la mano sosteniendo su copa de vino. –Me invitaste. ¿Recuerdas? – –Yo no. Lo hizo Weston– –Si, bueno, la invitación estaba firmada por los hermanos Hamilton, lo que estoy bastante segura de que te incluye a ti– –No te pongas insolente– le advierto. –Sabes cuales son las reglas, y aún así apareciste– Ella ríe entre dientes con voz ronca. –Insolente, ¿eh? Solo te estoy devolviendo lo que estas repartiendo– Bajo la barbilla. Ella y yo siempre habíamos tenido un talento especial para las idas y venidas. Odio que eso no haya cambiado. Tengo que morderme la lengua para evitar ir más lejos. –¿Recuerdas el acuerdo? – –No hubo ningún acuerdo– replica. –Solo exigencias de un enfurecido Asher– No puedo apartar la mirada de su puchero rojo mientras habla. cada detalle de ella es completamente comestible. Hasta los pendientes de perla y el esmalte n***o en las uñas de los pies que se ve a través de sus zapatos de punta abierta. Lleva el mismo colgante de diamantes alrededor del cuello que le había visto usar en las otras pocas ocasiones. Me muero por descubrir todos los pequeños detalles: de donde viene el colgante, si el vestido n***o que lleva es tan sedoso como parece, para explorar las caídas y curvas del terreno debajo. Aprieto los puños. Mantén el rumbo, Asher. –El acuerdo fue– espeto, –que nos consiguieras el edificio y te mantuvieras alejada de nosotros– –¿Y si conseguir el edificio implica que no me aleje? – me desafía, con la mirada traviesa iluminando su mirada color espuma de mar. –No tengo tiempo para tus tecnicismos– gruño. Doy pasos hacia ella sin darme cuenta. Sus hombros chocan contra la pared del nicho y, de repente, de alguna manera, nuestros rostros estan a escasos centímetros de distancia. –Has lo que te digo u olvídate de todo el asunto– –Dije que trabajaría contigo, y eso voy a hacer. Tu eres quién quiere el edificio. Así que tú también tienes que seguir mis reglas, Asher– Presiono la palma de mi mano contra la pared junto a su cabeza. mi determinación flanquea rápidamente. Su cercanía es una pendiente vertiginosa. Un paso en falso y seré un desastre en el fondo. Pero los labios de Mila estan tan cerca. Y no hay nada que desee más que una última probada de ella. –Respeta nuestro territorio– digo apretando los dientes. –¿Cómo tu respetas el mío? – Su voz sale como un susurro ronco. –¿Tenerme contra la pared? – Sus palabras sacuden algo dentro de mí. Mi ritmo cardíaco se ha disparado y mi polla se tensa contra la cremallera de mis pantalones de traje. Me aparto de ella, respirando profundamente el aire fresco. Mierda. eso estuvo cerca. me dirijo a la fiesta, con la intención de perderla o irme inmediatamente. Pero su voz atraviesa el aire. –¡Asher! ¡Espera! – Hago una pausa, sin volverme hacia ella. –Tengo una idea. Para conseguirte el edificio– Aprieto los puños y miro la fiesta. –¿Qué es? – Sus tacones se acercan a mí. –No mentía cuando dije que creía en tu visión. Incluso después de la visita completamente improductiva que decías ofrecerme– –Solo dímelo– espeto. –Yo digo que subamos la oferta. Pero no solo tú. Aportaré lo suficiente para superar la oferta de la competencia, ya que se cuando necesitarás. Pero si hago esto, quiero tu palabra de que también puedo usar una pequeña parte del edificio para mi propio proyecto. Bajo estricta confidencialidad, por supuesto– Me vuelvo hacia ella, la idea me golpea como un soplo de aire fresco, aunque no entiendo de todo como. –¿Para qué quieres el edificio? Ya es tuyo– –No es mío– dice, mirándome a través de sus espesas y oscuras pestañas. –Es de la empresa y para lo que quiero el espacio no concuerda con la misión de Cargill– Un millón de preguntas cobraron vida dentro de mí, pero la reprimo. La curiosidad podría interpretarse como que quiero saber sobre su vida. No puedo permitirlo. –Si aumentamos la oferta en al menos tres millones, todo lo cual será mi dinero, entonces la junta tendrá que reconsiderar la venta. La votación es la semana que viene. Tenemos tiempo para presentarla– Su rostro en forma de corazón parece tan serio, tan delicado, que no puedo evitar dejarme llevar por ella. Su voz gutural me atrae a la idea como el canto de una sirena. –Te transferiré el dinero el lunes como muestra de mi compromiso, si estás de acuerdo. Incluso si esperas a que se complete la transferencia, puedes presentar tu oferta antes de la reunión de la junta– Trago saliva con dificultad, estudiando los contornos de su rostro. En las sobras ambarinas de la alcoba, parece una diosa. Tentadora, con profundidades desconocidas que me cantan, me ruegan que aprenda más. Cada centímetro de mi la anhela, por eso mi corazón sabe la mejor respuesta: no. Pero lógicamente, la oferta es sólida. Como ofrece su propio dinero, dudo que esto pueda ser un plan de algún tipo. Estaría arriesgando mucho, usando información privilegiada. Estoy seguro de que sabe cómo conseguir el trato a nuestro favor y va en contra de los deseos de su padre. Si se corre la voz, todo se derrumbaría. No solo nuestra oportunidad de conseguir el edificio, sino también su propia posición en la junta. El único problema es que, si acepto, la veré mas a menudo. Posiblemente mucho más. Abro la boca y las palabras salen volando antes de que pueda pensarlo mejor. –Hagámoslo–
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