Vino sola.

1906 Words
ASHER –Hey, Asher, ¿estás listo? – La voz de Dominic llega a mi habitación, donde he pasado demasiado tiempo obsesionado con que gemelos elegir para nuestro evento de recaudación de fondos de etiqueta que comienza en una hora. Normalmente opto por los de plata de ley con la H estilizada de nuestro logo, pero esta noche quiero algo diferente. Me repito a mí mismo que no es porque Mila pueda estar presente. –Ayúdame a elegir mis gemelos– grito. Zero se mueve junto a mi tocador, ligeramente molesto porque mi voz fuerte lo ha despertado. El gemido de Dominic se escucha a través de la puerta, pero aparece un momento después. –Pasas más tiempo preparándote que nadie que haya conocido– –Oh, por favor– pongo los ojos en blanco. Esta tan preocupado por su apariencia como el resto de nosotros, solo que es más tranquilo. –Tu barbero viene la pent-house todos los días, así que ni se te ocurra– El cabello largo y rubio oscuro de Dominic requiere más mantenimiento que mi simple corte de pelo, así que no tiene espacio para hablar. –Cada dos días– corrige con una sonrisa burlona, acercándose a la amplia superficie de mi tocador. –¿Y ahora cuales son las opciones? – señala con la barbilla a mi perro dormitando. –Oh, hola, Zero– Hago un gesto hacia la placa con espejo que contiene todos los gemelos que he comprado. Hay gemelos de lapislázuli de Gucci, tachuelas de los Yankees de Nueva York, plata de ley anudada, así como cinco estilos diferentes de gemelos Hamilton. Dominic apenas mira mi colección durante unos segundos antes de agarrar un par de osos de plata. –Toma, usa estos– los extiende en la palma de su mano. –A los niños les encantaran. Los adultos pensaran que te refieres al mercado bajista actual. Y ambos sabemos que, en realidad, era el animal favorito de Jessy la última vez que la vimos– Asiento, tomándolos. –Siempre hay que darle un significado ¿no? – –Todo lo que hago– Me dedica una cálida sonrisa. El hombre vive y respira significado. Apenas caga por la mañana sin dedicárselo a alguien en el mundo. Me observa mientras me pongo los gemelos. –¿Te sientes bien por esta noche? –Por supuesto que me siento bien– miento. He estado ansioso de vez en cuando desde que Weston envío la invitación al campamento de Cargill. Se porque lo hizo, incluso la había firmado. Pero eso no significa que no me aterrorice que Mila aparezca. –¿Por qué no me sentiré bien? – Dominic inspecciona sus propios gemelos. –No hay razón– –Estoy bien– –De acuerdo– Dominic se mete las manos en los bolsillos, fingiendo una sonrisa casual. –Ya terminé de ser tu mujer– –Gracias. Tú y Weston son realmente malos en el registro de exprometidas, ¿lo sabes? – le doy una palmada en el hombro, tomándome un momento para mirarlo de arriba abajo. –Vaya, Dominic. Te arreglaste bien. ¿piensas regresar a casa con una chica guapa esta noche? – Se ríe, empujándome el hombro. Odia que use el acento sureño exagerado. Aunque cuando nos emborrachamos lo suficiente, el acento sale de todas formas. –No tengo ninguna chica en el radar– –Ninguna en el mío tampoco–. Si hubiera un detector de mentiras en algún lugar, esa afirmación habría recibido una fuerte respuesta. Porque siempre ha habido solo una chica. –Aunque invité a Amanda– Dominic asiente. –Es agradable– –Si. Agradable– me rio. Nuestros rollos no tienen nada que ver con su personalidad. Dominic lo sabe. Lo que Amanda tiene de sobra es el poder embriagador de provocar cero emociones. No es alguien con quien sueñe todas las noches, a diferencia de otra morena en la que quiero dejar de pensar. –Vamos a darle caña a esta recaudación de fondos– Salimos de mi habitación, ambos deseándole a Zero una siesta agradable. No lo torturare con la fiesta, lo que solo lo pondría nervioso. Nuestros caros zapatos de vestir resuenan suavemente conta el suelo de baldosas. Weston espera en el vestíbulo, mirando su teléfono. –Aquí estan, chicas– dice, guardando su teléfono en el bolsillo. –¿Listos ya? – –Si, papa– le sonrió, apreciando su traje n***o y su corbata. Todos vestimos del mismo diseñador, Gucci, pero con versiones ligeramente diferentes. Las solapas de mi traje, por ejemplo, tienen un sutil cuadro n***o mate que solo se puede ver cuando la luz da en el punto justo. Un pequeño detalle, pero que me encanto. Mis hermanos y yo tomamos el ascensor privado hasta la planta baja. Nuestra camioneta, con Harry al volante nos espera en la acera, con las luces de emergencia encendidas. Cargamos y nos dirigimos hacia el centro de la ciudad. la recaudación de fondos es una de las dos que realizamos anualmente para nuestra organización benéfica. Todo lo que recaudamos se destina a los niños. Pero necesitamos más espacio. Mas capacidad para ayudar. Por eso el nuevo edificio es tan importante. No creo ni por un segundo que la recaudación de fondos convencerá a nadie en la tierra Cargill. si es que aparecen. Después de todo, la propia Mila había prometido que no habría ningún problema con la votación. Y aquí estamos. Llegamos a Manhattan Manor y encontramos la fiesta en pleno apogeo. Un cuarteto de cuerda ya había comenzado su lista de canciones, respaldado por enormes ventanales con vistas al distrito de los teatros. Enormes explosiones de ramos de flores frescas bordean la entrada, con centros de mesa a juego en medio de cada mesa en el lugar. A lo largo de una pared de ladrillos a la vista, las obras de arte de nuestros estudiantes destacados estan en exhibición prominente. Inmediatamente después de entrar, Alan nos hace señas para que nos detengamos. –¡Los hombres del momento! – su sonrisa es enorme. Su propio traje de Gucci, que la compañía había pagado como gasto de trabajo, brilla con un morado oscuro bajo la tenue iluminación. Lo que Alan quiere, Alan lo consigue. –Las cosas están progresando de maravilla– levanta su copa de vino. –He probado personalmente todos los aperitivos y estan para morirse– –¿Cuál es el mejor? – pregunta Dominic. –Las bolas de curry– dice Alan efusivamente. ­ –Tienes que probarlas– Mientras Dominic y Alan charlan sobre la comida y nos abrimos paso hacia el centro de la velada, observo a la multitud. Veo muchas caras conocidas, muchos saludos y asentimientos mientras mi mirada se posa en cada nuevo asistente. Pero cada vez que mi mirada se posa en uno de nuestros niños, me duelen las mejillas de lo mucho que sonrió. Eso es lo que nos hace diferentes. Lo que al “resto de ellos” no les gusta de nosotros. Invitamos a los niños a las veladas. Les mostramos este trocito de vida. Los ayudamos de todas las maneras posibles. Pero no veo a Mila. No puedo decir si estoy aliviado o decepcionado. –Hola, semental– una suave voz en mi oído hace que mis músculos se tensen. Una mano se desliza hasta mi trasero, y solo por el apretón pude saber que es Amanda. –Hola– le ofrezco mi mejilla para que la bese, apenas capaz de mirarla. Como mi eterna compañera, asiste a todas nuestras galas. Pero mierda, no la quiero aquí. –¿Me traes un Pinot? – pregunta, con sus característicos labios hinchados formando un puchero. –Dame un minuto– digo, rodeándola con el brazo por la cintura. Pero el toque intimo es más performativo que cualquier otra cosa. Es elegante y delgada y, dependiendo de cuando eran los eventos de pasarela, a veces vivía solo del alcohol y apio. No puedo entender por qué quiero que vuelva en el Uber en el que vino. –Tengo que ir a ver como están los niños– –Eres un chico rico tan agradable– dice con una risita. –Lo intento– me separo de ella. Weston y Dominic estan absortos en una conversación con otros asistentes. Alan ha desaparecido. Me dirijo a la zona infantil, donde nuestro coordinador de eventos se encuentra supervisando la experiencia infantil. Son principalmente adolescentes, aunque tambien han venido algunos participantes que recientemente habían cumplido la edad límite nuestro programa, Adoptando el Futuro ayuda a los niños a sobresalir en la escuela, sin importar el nivel, y los prepara para el futuro a través de programas de aprendizaje, subvencione únicas y oportunidades de vivienda asequible. Hago la ronda, saludando a todos y preguntando que piensan. Saben quién soy yo, pero solo como sería un padrino famoso y desatento. Una de las chicas incluso me pidió un autógrafo, que con gusto le doy. Por casualidad, levanto la vista en medio de una conversación con un chico mayor llamado Derek sobre sus planes de dedicarse al trabajo social. No sé qué me hace girarme hacia el guardarropa, pero allí esta. Mila. Deslizándose una chaqueta bolero-dorada por los hombros para revelar el vestido n***o de tiras debajo de esta. El tiempo se detiene y se estremece. Al otro lado del suelo de caoba, bañada por la luz natural y la música de violín, Mila es lo único que puedo ver o en lo que puedo concentrarme. Su brillante cabello oscuro se ha liberado del moño que llevaba la última vez que la vi. Cae en cascada sobre sus hombros de forma suave, intencional y sus ondas perfectamente dispuestas. Es impresionante, el tipo de belleza que puede hacerme encoger el estómago incluso cuando estoy decidido a odiarla. Incluso después de ocho años de evitarla. Peor aún, por lo que parece, vino sola. Debió haber escuchado mis pensamientos, sentido mi atención, porque se gira para mirarme, revelando sus ojos ahumados y sus labios perfectos. Su mirada verde se fija en la mía, y quedamos suspendidos allí, paralizados por la conexión, flotando en el espacio mientras el mundo entero a nuestro alrededor salta y se desvanece en la oscuridad. Ni siquiera puedo decir cuánto tiempo estamos parados aquí. ¿dos segundos? ¿Una hora? Sea lo que sea, es demasiado. Aparto mi atención de ella y la centro de nuevo en Derek. Hablamos de sus posibles caminos, intercambiando ideas y le expreso mi confianza en que tendrá éxito. Luego llega el momento de ir al bar. Amanda quiere su Pinot, pero ahora yo necesito un poco de whisky. Me dirijo a la barra con espejos, dejando que las imágenes y los sonidos de la recaudación de fondos me calen hondo. El lugar está lleno de energía, vibrando con conversaciones y tintineo de copas. Todo tipo de asistentes se mezclan bajo los techos abovedados: inversores ángeles, peces gordos, directores ejecutivos de todo tipo de negocios que puedas imaginar. Y aunque Conrad Cargill y su círculo íntimo nos odian, mucha gente no. Son las personas con las que contamos para eventos como estos. Sin embargo, cada latido de mi corazón quiere que busque a Mila. Me obligo a concentrarme en la tarea en cuestión. Pedir whisky y vino. Charlar casualmente con quien este a mi lado. No mirar a mi alrededor. No buscar a Mila.
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