ASHER
Una vez que dan las tres, una hora después de la hora programada para que comenzara la cita de Weston con Mila, comienzo a sentir picazón. Esperaba un mensaje de Weston, pero no llego nada. Puedo sentir en lo más profundo de mi ser que Mila todavía está en el edificio, aunque la idea me vuelve loco. Tengo que salir de mi oficina.
Me dije a mi mismo que no es porque quiero volver a verla. Me estoy engañando a mí mismo. Esa sirena traidora es hermosa, más ahora que nunca antes. Lo que significa que es aún más importante que me mantenga alejado de ella.
Incluso después de todos estos años separados, todavía hace que mi polla se erice y suplique. Nunca me había gustado el aspecto de nadie más que el de Mila Cargill.
Camino por los amplios y ventilados pasillos de nuestra suite de oficinas. Mi oficina esta escondida en una esquina, no muy diferente a la oficina de la esquina de Conrad Cargill que me había impresionado hacia tantos años. Los asistentes me saludan con la cabeza. Los empleados corretean. Todo esta animado. Activo. Productivo. Justo el tipo de cosas que te gusta ver cuando das un paseo casual por el lado del edificio de Weston.
–Oye, Asher, ¿puedes…? –
–Ahora no– levanto la mano para calmar a Alan antes de que pueda desviarme. Siempre hay algo que necesita mi atención. Ahora mismo, solo una cosa importa.
Paso por la oficina de Dominic. La puerta está cerrada, lo que significa que probablemente está inmerso en la codificación. Al acercarme a la oficina de Weston, mi ritmo cardiaco se acelera. La puerta está cerrada.
Ella ya podría estar fuera de la puerta principal. O tal vez esta solo unos metros dentro de esa oficina. Toda la razón me abandona. Soy un desastre, con las palmas sudorosas, rehén de mis propios deseos, aunque mi cerebro no está de acuerdo en absoluto con esta misión. Los minutos pasan. Camino por el pasillo hasta que me parece sospechoso. Entonces doy un giro de 180 grados y decido irme y pretender que nunca había cedido a mi curiosidad.
La puerta de Weston se abre justo en ese momento. Los bajos matices de su voz se escuchan primero, seguidos por el ronco canto de Mila. A veces su voz golpea como el suspiro de un ángel. Este momento es uno de esos.
Siento un hormigueo en la piel al girarme. Mi mirada se posa en ella. lleva su cabello oscuro y brillante recogido en un moño suelto, y se había pintado los labios carnosos de color granate. Lleva una blusa de seda de color crema y pantalones oscuros de cintura alta combinados con tacones de diseñador. Mila Cargill es el epítome de la sensualidad y la profesionalidad. Hermosa por fuera, pero con un aire chispeante y travieso interior que conozco íntimamente.
–Oh, Asher– la voz de Weston rebosa confusión. Había hecho todo lo posible por ayudarme. No se había dado cuenta de que necesitaba cortarme las piernas para evitar que me acercara a Mila mientras ella está en mi territorio. –¿Todo bien? –
Asiento, mirándolos a ambos. –Solo estaba charlando con Alan– Mi resolución se desvanece y no tengo ni idea de lo que quiero lograr. Muevo la lengua de un lado a otro sobre mis dientes inferiores mientras lucho por encontrar una dirección. –Mila, ¿puedes venir conmigo? –
Sus cejas se levantan. Mira a Weston, como si preguntara tácitamente si esto esta bien. –Oh. Claro–
Giro sobre mis talones antes de poder captar la atención de Weston y la guió. Mi ritmo cardíaco se triplica mientras me dirijo hacia mi oficina. Mila me sigue de cerca. puedo sentirlo en la forma en que el aire se tensa entre nosotros. En la forma en que cada centímetro de mi cuerpo hormiguea, expectante y vivo.
Me detengo en la puerta de mi oficina para que ella entre primero. Cierro la puerta silenciosamente detrás de mí, luchando por encontrar claridad en la neblina de mi mente.
Después de toda la mierda entre nosotros, tanta angustia, no hay muchas esperanzas de ver a través de la neblina. Se había vuelto espesa y asfixiante a través de los años. Una niebla nociva que necesita irse y mantenerse alejada. Mila revisa los detalles de mi oficina mientras yo me muerdo el labio superior.
–¿Por qué demonios crees que está bien venir a mi edificio? – le pregunto finalmente, una vez que el silencio se vuelve insoportable.
Parece sorprendida. –Tuve una reunión con Weston. Asumo que el hecho de que me invitara a tu edificio significa que estarías de acuerdo–
–Bueno, te equivocas–
Parpadea, sin mostrar ninguna emoción. –Entraste primero en mi edificio. ¿Qué tal si lo dejamos en paz? –
Cruzo los brazos, acercándome a ella. –Esa es una oferta débil si estas tratando de equilibrar las cosas–
–¿Puedo preguntar por qué llevas la cuenta? – me imita, cruzando sus brazos con una mirada que recorre mi cuerpo.
–Alguien tiene que estar vigilando a tu equipo– respondo, devorando mi oportunidad de contemplarla. Este es el único momento privado que me permitiré. De ahora en adelante, los limites se volverán a trazar.
–No puedo bajar la guardia ni un segundo cerca de ustedes–
Se irgue con una risa sin humor. –No te equivocas en eso–
La confesión me hace perder el rumbo. Su mirada se desvía, algo pétreo y desconocido se desliza por su rostro. la fragancia de su perfume de clementina casi me hace perder el control, pero logro volver al camino correcto.
–Necesito que te mantengas alejada de mi edificio–
Sus fosas nasales se dilatan y vuelve a mirarme. La rigidez se ha desvanecido: la emoción rebosada en sus rasgos, y me observo con tanta intensidad por un momento que tengo que apartar la mirada.
–Asher, ¿eres feliz? – su voz es suave, como si no hubiera querido decirlo en voz alta.
Trago saliva con dificultad y camino hacia la esquina de mi oficina. Dos paredes completas son ventanas del suelo al techo, con vistas a Manhattan desde una altura vertiginosa. Necesito perderme en el caos de la vida debajo de nosotros. Cualquier cosa que me distraiga del vórtice que he abierto sin darme cuenta.
–¿Por qué te importa? – pregunto, metiendo las manos en los bolsillos mientras tomo nota de cualquier detalle al que pueda aferrarme: la nube cumulonimbo sobre Brooklyn. La brillantes vigas de acero del rascacielos mas cercano. El brillo ocasional de la luz del sol en las aguas del Hudson.
–Tengo curiosidad. Es importante para mí–
Me río con amargura. –¿La tienes? –
–Puede que no lo creas, pero la tengo–
Frunzo el ceño ante el hermoso día. Su atención me consume, y sé que es más importante que nunca no mirarla. Mantener los limites definidos.
–Soy extremadamente feliz. Tengo todo lo que siempre he soñado. No podría pedir nada más–
Mis palabras resuenan huecamente dentro de mí, rebotando a través de las cavernas ocultas de mi corazón. Porque, por supuesto, eso no es del todo cierto. Se me había escapado un sueño. Y ella está aquí, en mi oficina.
Me aclaro la garganta, no estoy listo para mirarla. –¿Y tú qué? –
–¿Soy feliz? – hace una pausa, como si la pregunta no tuviera sentido. –Ni siquiera sé por dónde empezar–
–Oh, vamos. La princesa de Manhattan necesita una respuesta mejor que esa–
Cometo el error de girarme hacia ella. su hermoso rostro está marcado por la tristeza. Parece más vulnerable, más angustiada, de lo que nunca la había visto antes.
–No soy feliz. No he sido feliz desde el día que rompimos–
Sus palabras resuenan en la habitación. Mis oídos comienzan a zumbar. Esta reunión tiene que terminar. Porque cualquier camino que tome esta conversación no nos ayudará a ninguno de los dos. Había luchado durante años para mantenerme a flote cuando se trata de esta mujer. No se le permite entrar en mi edificio y empujar mi cabeza al fondo del océano.
Estas palabras son una fantasía. Había soñado con oírlas en mis momentos mas oscuros. Son las palabra sin las que me había obligado a vivir.
Tal vez se arrepintió de haber roto conmigo, pero aún así se había casado con Dustin. Lo que significa que nada puede tener sentido.
Miro hacia atrás, a través del complejo remolino de Brooklyn que se extiende más allá de mi ventana. –¿Te refieres a cuando rompiste conmigo? la forma en que lo dices suena como si hubiera sido muto– Me aclaro la garganta. –Y no lo fue–
–Cierto. Cuando rompí contigo– dice en voz baja.
–Bueno, tú elegiste esa vida. Tú te pusiste aquí–
–Si la elegí. Pero fue por una razón. Una en la que creía–
Aprieto y aflojo la mandíbula. ¿Cómo había quedado atrapado en mi propia oficina? Quería asustar a Mila; ahora ella me tiene prisionero del pasado que tanto deseo dejar atrás.
–Si. Porque tu familia siempre ha priorizado el exceso de riqueza y las relaciones interpersonales insulsas. Lo sé–
La miro por encima del hombro. –¿Hemos terminado aquí? –
La mirada de Mila baja al suelo y endereza la espalda. Prácticamente puedo verla reconstruir su armadura. Aunque se lo rara que es esta ventana de apertura y vulnerabilidad por alguien como ella, una parte de mi quiere borrar este encuentro de mi memoria.
No llevará a nada productivo. Tiene un anillo de bodas en el dedo. y ninguna explicación o arrepentimiento cambiará el hecho de que ella lo había elegido a él, mierda.
Respira hondo. –Lo siento por haber venido a tu edificio hoy. Pero fue bueno verte de nuevo, Asher. Me alegra que seas feliz. Te mereces esto y más–
Juguetea con un pendiente de diamantes, con aspecto de que podría añadir más. Hablo antes de que pueda hacerlo. –Quédate donde perteneces– le digo. –Y si alguna vez quieres igualar la puntuación, consígueme ese edificio y aléjate de nosotros–
La boca de Mila se convierte en una delgada línea antes de girar sobre sus talones y salir de mi oficina. Cuando la puerta se cierra silenciosamente detrás de ella, entierro mi cara entre mis manos.
–Mierda, mierda, mierda, mierda, mierda– Tiro de mi cabello, permitiendo que el breve estallido de la tempestad interior salga a la superficie. Un viento huracanado de emoción me golpea. Golpeo mi puño contra mi escritorio, luchando por reprimir los sentimientos. Contenerlos. Tragarlos todos hasta que pueda ir al maldito gimnasio, o que se vayan al carajo, o cualquier cosa.
Mila Cargill no debería tener este efecto en mi todavía. Odio que pueda hacerme vacilar, que ella pudo entrar en mi espacio y preguntarme si era jodidamente feliz. Todo lo que se necesitó fue una mirada a su desgarradora belleza para reducirme a escombros.
Camino por mi oficina por un rato, respirando profundamente e ignorando la curiosidad que surge dentro de mí. Tengo tantas preguntas después de esta pequeña interacción. ¿Cómo pudo venir a mi oficina y decirme que no es feliz desde que rompió conmigo? Eso requiere una gran cantidad de ovarios, pero no pude descifrar su objetivo final. Todo mientras llevaba su anillo de bodas.
¿había sido una visita aprobada por Dustin? ¿Está simplemente haciendo movimientos en la partida de ajedrez de Cargill? Quiero todas las respuestas, pero no quiero quererlas.
Me queda claro que necesito algo, ya sea una bebida fuerte, un saco de boxeo o la más mínima pista que pueda empezar a desentrañar la exasperante maraña de preguntas en mi cabeza. Ella es la única que puede cortarme hasta la médula, y yo estoy decidido a cauterizar la herida. De una vez por todas. Corro furioso por el pasillo hacia la oficina de Weston.
Abro la puerta sin llamar. Me mira, sin sorprenderse.
–De acuerdo. ¿De qué demonios se trató esa reunión? – Me dejo caer en la silla frente al escritorio de Weston y miro por encima de su hombro hacia el cielo azul a través de su ventana.
–Pensé que estarías aquí un poco antes– mira su reloj. –Ha pasado media hora desde que ella se fue–
–Si, bueno estoy practicando algo llamado autocontrol. Ahora, mierda, suéltalo–
Weston me mira fijamente, con una ceja crítica y todo. –¿Seguro que quieres meterte en esto? –
–No me voy a meter en nada. ¿Solo estoy pidiendo información? –
Sonríe con suficiencia. –Claro–
–Weston, solo dime. ¿Por qué estaba aquí? –
Se reclina en su asiento, juntando los dedos frente a él. –Está creando una red de seguridad para el peor de los casos para sus inversiones. Quiere ayuda para mover las cosas. Se está preparando para divorciarse de Dustin–
Me paso la palma de la mano por la frente, nada aliviado al escuchar esas palabras. No me gusta lo bien que me siento al escucharlas.
–No puedo decir que no me alegra eso– digo finalmente.
–Igualmente. Parece realmente miserable–
Aspiro. –No está contenta–
–¿Cómo lo sabes? –
–Me lo dijo– admito, mirándolo. –Quería echarla del edificio, pero en lugar de eso…hablamos. Mas o menos–
La ceja critica regresa. –No podría haberlo visto venir–
Abro las manos de par en par. –Entonces demándame–
–Estoy seguro de que el abogado de Dustin lo hará–
–Oh, no. para. Para ya, Weston Hamilton, porque estoy a punto de enojarme, y no quiero guardar rencor contra mi propio hermano por el resto de nuestras vidas–
La diversión se curva en sus labios. –¿En serio? –
–Si. Ahora repasemos las reglas. Primera: no vuelvas a mencionar ese nombre delante de mí o te daré un puñetazo o vomitaré encima, lo que ocurra primero. Segundo: sabes tan bien como cualquiera que Mila y yo hemos terminado–
Su sonrisa se ensancha. –¿Terminado, ¿eh? –
–Como el anillo único en el monte del destino. Esa relación ha sido arrojada al fuego de donde vino–. Si eso es cierto, ¿Por qué veo la palabra MENTIRA brillar detrás de mis parpados? –Además, ese asqueroso imbécil nunca tendría ninguna razón para demandarme. Le he informado a Mila que no vuelva a poner un pie en nuestra propiedad de nuevo–
–Suena bien, entonces– Weston se remueve en su asiento, luciendo de alguna manera más complacido consigo mismo que nunca. –Ella necesita mantenerse alejada por que tu no puedes–
Bajo la barbilla, reuniendo mi mejor mirada asesina. –¿Necesito repasar las reglas otra vez? –
–No, señor. Solo sé lo que veo. Estabas acechando mi oficina–
La incomodidad se agita en mi interior. Odio cuando alguno de mis hermanos tiene razón y la usan en mi contra. Pero puedo escabullirme de cualquier cosa. –Ella necesita saber cuál es su postura. Que no es en la propiedad de Hamilton–
Weston todavía parece engreído, y eso me irrita. Pero no necesita creerme ahora. Me creerá una vez que demuestre que tengo razón. El no necesita saber que desterrar a Mila de nuestro edificio es simplemente la manera de evitar que me acerque a ella.
No confió plenamente en mí mismo, así que necesito que mis hermanos confíen en mí. necesito pedir prestada su confianza para saber que realmente puedo hacerlo. Pero si Weston ya duda de mí, todos estamos en problemas.
Con lo sexy que todavía se ve Mila Cargill con una blusa de seda color crema, sumando a los rumores de divorcio en el horizonte, no hará mucha falta para iniciar la avalancha de deseo. Necesito empezar a reconstruir mis fortificaciones inmediatamente.
–Además– añado, –tengo un plan. Quiero adquirir Cargill Realty con una buena y antigua adquisición hostil–
La ceja de Weston se levanta, transmitiendo su extremo desdén. –No me digas–
–Ya he empezado a comprar acciones. Las acumularé a escondidas hasta que esté lo más cerca posible de ser accionista mayoritario. Tu solo mírame–
–Supongo que si– dice Weston, reclinándose en su silla. –Tener a Cargill Realty como marca insignia seria… intrigante–
–¿Ves? Te gusta adónde quiero llegar con esto. Pronto pondré al corriente a Dominic. Todos seremos una gran y feliz familia muy pronto. Con la parte Cargill de la familia echada a la calle, por supuesto. Porque Mila y yo hemos terminado. ¿Intentaría arruinar todo su sustento si creyera en ella? – extiendo las manos, como si esta fuera la última pieza restante del rompecabezas de la evidencia irrefutable.
–De acuerdo, hermano– concede finalmente Weston, bajando la ceja en señal de condenación.
–Te creo. Tú y Mila están completamente TERMINADOS. Llevaré a cabo todas las reuniones posteriores por teléfono o videollamada–
–Genial. Bueno, de vuelta al trabajo–
Me doy una palmada en las rodillas, listo para reanudar mi vida anterior, la que había mantenido perfectamente bien durante los últimos ocho años, sin Mila en ella, sin rastro de ella, sin mencionar a su maldita familia, nada de eso.
El trato de la construcción solo necesita cerrarse, y yo en mi alegre camino a arruinar silenciosamente el imperio de Conrad. Antes de que pueda alejarme un paso más de la silla, llaman a la puerta.
–Soy Alan– dice Alan, con la voz apagada a través de la puerta.
–¿Puedo entrar? Es urgente–
–Si, está abierto– llama Weston. Me aliso la parte delantera de los pantalones y me ajusto los puños mientras Alan entra en la oficina, con la preocupación grabada en el rostro.
–Tenemos noticias– dice Alan, mordisqueándose el labio inferior. –Y no son buenas. Han llamado del equipo de Cargill– hace una pausa, haciendo una mueca, mientras nos mira a Weston y a mí.
–Rechazaron tu oferta–